Gaceta Parlamentaria, año I, número 40, viernes 15 de mayo de 1998

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DEL BANCO DE MEXICO, INFORME ANUAL 1997 QUE SE RINDE AL EJECUTIVO FEDERAL Y AL CONGRESO DE LA UNION EN CUMPLIMIENTO DE LO DISPUESTO EN LA FRACCION III DEL ARTICULO 51 DE LA LEY DEL BANCO DE MEXICO

Advertencia

Las cifras correspondientes a 1997 son de carácter preliminar y están sujetas a revisiones. Conviene señalar que, aun cuando los datos presentados son congruentes a nivel de cada apartado, al compararse cifras tomadas de distintas secciones pueden aparecer discrepancias. Tales diferencias obedecen a que las cifras pertinentes han sido estimadas con base en fuentes y metodologías distintas.
 
I. INTRODUCCION

Durante 1997 la economía mexicana tuvo en su conjunto una evolución positiva, reafirmándose así las tendencias que se habían iniciado el año precedente. Esto fue posible gracias a la estrategia económica que se ha adoptado, la cual persigue, como objetivo final, alcanzar un crecimiento económico alto y sostenible, en un contexto de inflación decreciente. Sólo en tal entorno es posible conseguir mejorías duraderas en los ingresos, empleos y bienestar de la población.

La trayectoria de la economía continuó beneficiándose en. 1997 de un clima de confianza en el país. Este sentimiento favorable se originó principalmente en la aplicación de un conjunto de políticas macroeconómicas coherentes entre sí, destacando las políticas fiscal, de deuda pública, monetaria, cambiaría y de cambio estructural.

Desde principios del año, las buenas perspectivas sobre la economía mexicana encontraron sustento, al haber amortizado por adelantado el Gobierno Federal la totalidad del adeudo remanente que se tenía entonces con el Tesoro de los Estados Unidos. También fue de gran ayuda para afianzar la credibilidad en el programa económico, el hecho de que en los primeros meses de 1997 el público pudo constatar que las políticas monetaria y fiscal no cambiaron su orientación estabilizadora, en vísperas de las elecciones federales de julio de ese año. La celebración pacífica y transparente de los comicios, le brindó un apoyo adicional a la economía del país durante la segunda mitad del año.

El entorno externo que prevaleció durante la mayor parte de 1997 también obró a favor de la economía mexicana. La reducida inflación en Estados Unidos y en Europa permitió que las tasas de interés de las principales economías mantuvieran una tendencia a la baja, lo cual facilitó que montos sustanciales de recursos de los países industrializados se canalizaran a los mercados de países emergentes, siendo México uno de ellos. El acelerado crecimiento económico de los Estados Unidos también contribuyó a que las exportaciones mexicanos continuaran creciendo a un ritmo alto.

El favorable entorno internacional cambió sensiblemente a partir de la segunda mitad de octubre de 1997, primero al alcanzar la crisis asiática una magnitud inusitada y después al iniciarse durante diciembre la tendencia a la baja del precio internacional del petróleo. Si bien la economía mexicana pudo sortear el arranque de las perturbaciones mencionadas, éstas se profundizaron al inicio de 1998, teniendo efectos no despreciables.

Los aspectos más sobresalientes de la evolución económica durante 1997 fueron las siguientes:

a) Aumentos en el ingreso y en el consumo per cápita;
b) Ritmo notable de crecimiento de la producción, en el contexto de una inflación decreciente y muy cercana al objetivo que se había planteado para el año;
c) Disminución consecuente de las expectativas inflacionarias, lo que propició reducciones de las tasas de interés nominales y reales;
d) Crecimiento sin precedente de la inversión privada;
e) Elevación de la tasa de ahorro interno en el año en su conjunto, como resultado de un mayor crecimiento del producto que del consumo;
f) Incrementos del empleo y de la productividad del trabajo, lo que permitió que se incrementara la masa salarial en términos reales;
g) Dinamismo persistente de las exportaciones no petroleras, especialmente de las manufactureras;
h) Elevación del déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, inducido por entradas netas de capital sustanciales, una apreciación consecuente del tipo de cambio real y el mayor crecimiento económico que estimuló la absorción interna;
i) Entradas netas considerables de recursos de largo plazo del exterior, especialmente en la forma de inversión extranjera directa y de endeudamiento externo a largo plazo de las empresas; y,
j) Acumulación sustancial de activos internacionales netos por parte del Banco de México, junto con una notoria estabilidad en el tipo de cambio nominal.
Es de resaltar que en 1997 el PIB creció 7 por ciento, la tasa más alta lograda en los últimos dieciséis años. Esta mejoría de la actividad económica se originó en la expansión de la demanda interna, en sus componentes tanto de consumo como de inversión, y en el continuado dinamismo de las exportaciones. La producción se vio estimulada por el cambio de las expectativas, as! como por la disminución de las tasas de interés reales y nominales. La recuperación de la actividad económica comenzó en el tercer trimestre de 1995 y desde entonces el PIB trimestral desestacionalizado ha arrojado aumentos sucesivos, de manera que el cuarto trimestre de 1997 fue el décimo consecutivo en que se ha registrado crecimiento. En este último año, el fortalecimiento de la producción se extendió a la totalidad de los sectores de la economía.

La significativa recuperación del gasto de consumo en 1997 contribuyó de manera importante al crecimiento del PIB, aunque su expansión fue a un ritmo menor que el del producto, por lo que aumentó la tasa de ahorro. De hecho, el ahorro interno bruto ha aumentado sustancialmente en el periodo de 1994 a 1997, al haber pasado de 14.7 por ciento del PIB a 24.6 por ciento del PIB. No obstante, a lo largo del año objeto de este informe la brecha entre consumo e ingreso se fue estrechando, al grado que en el cuarto trimestre el ahorro interno acusó una ligera disminución.

El renglón de la demanda agregada con mayor dinamismo relativo fue el de inversión, particularmente la correspondiente al sector privado. Este gasto favorece de manera inmediata a la actividad económica y sienta bases para el crecimiento económico futuro. La expansión de la inversión se vio impulsada, entre otros factores, por la mayor confianza de las empresas en el rumbo de la economía y en la estrategia económica instrumentada, por el mayor acceso al crédito externo, por la recuperación de las utilidades de las empresas y por las menores tasas de interés nominales y reales.

La mejoría de la producción en 1997 se reflejó en un aumento sensible de la demanda de trabajadores. La expansión de la ocupación dio lugar a un incremento importante de la masa salarial de la economía, particularmente en el sector manufacturero. La productividad media del trabajo continuó fortaleciéndose en dicho sector, lo que contribuyó a mantener la competitividad internacional.

Lo anterior, junto con un crecimiento económico acelerado en los Estados Unidos, permitió que las exportaciones no petroleras, particularmente las manufactureras, mantuvieran un notable dinamismo en 1997, incluso superior al mostrado por las exportaciones de la mayoría de los países del mundo. En el año también se registró un aumento significativo de las importaciones de mercancías. Ello, en respuesta al mayor ritmo de actividad económica interna, a la persistencia del impulso exportador -que da lugar a una mayor demanda de insumos para incorporarse en las mercancías vendidas al exterior- y a la apreciación del tipo de cambio real, la cual, a su vez, respondió al superávit que reportó la cuenta de capital de la balanza de pagos.

En 1997, la cuenta corriente mostró un déficit de 1.8 por ciento del PIB, superior al observado en 1996 (0.7 por ciento del PIB). Sin embargo, dicho déficit fue financiado en su totalidad con flujos de capital del exterior de largo plazo. De hecho, el déficit corriente fue muy inferior a la entrada de recursos por concepto dé inversión extranjera directa, rubro que alcanzó en 1997 un nivel sin precedente histórico (más de 12,000 millones de dólares). La favorable evolución de los flujos de capital fue resultado de la percepción de un menor riesgo país para México y de la gran liquidez en los mercados financieros internacionales durante la mayor parte de 1997.

El mantenimiento de la disciplina fiscal desempeñó un papel importante en la evolución económica de 1997, ya que, conjuntamente con una política monetaria orientada al abatimiento de la inflación, consiguió disminuir las tasas de interés nominales y reales y, por ende, incentivar el crecimiento económico sin crear presiones inflacionarias. Las finanzas públicas enfrentaron el reto adicional de sufragar los costos derivados de la reforma a la seguridad social, de los programas de apoyo a los deudores y del saneamiento del sector financiero. El déficit económico del sector público no financiero fue de 0.8 por ciento del PIB. Tal resultado incluye las erogaciones extraordinarias para los programas de alivio a deudores y de saneamiento financiero. De no haberse presentado éstas, hubieran permitido obtener un superávit económico de caja, equivalente a 0.5 por ciento del PIB. Si bien los resultados globales de las finanzas públicas fueron satisfactorios, siguió presente su debilidad estructural, consistente en la gran dependencia de los ingresos públicos de los petroleros.

La finalidad primordial de la política monetaria del Banco de México es el abatimiento de la inflación, de acuerdo a su mandato constitucional. El programa monetario para 1997 tuvo como objetivo especifico coadyuvar a disminuir la inflación a una tasa de 15 por ciento al cierre de diciembre de ese año. Por tanto, la ejecución de la política monetaria se puede evaluar a la luz del cumplimiento de dicha meta. La inflación se redujo a 15.7 por ciento en el año, tasa muy cercana a la pretendida y sustancialmente inferior al 27.7 por ciento registrado en 1996. La relativa estabilidad del tipo de cambio facilitó un ajuste a la baja de las expectativas inflacionarias y el abatimiento mismo de la inflación, todo lo cual contribuyó a reducir de manera considerable las tasas de interés. Esto último contribuyó a que el PIB creciera 7 por ciento en el año, por lo que la reducción de las presiones inflacionarias fue un poderoso impulsor de la acelerada recuperación económica.

Durante 1997, el Banco de México mantuvo una postura neutral de política monetaria, lo que significa que el instituto central se limitó a satisfacer diariamente la demanda observada de la base monetaria a tasas de mercado. Dicho agregado aumentó más de lo anticipado en el programa monetario, fenómeno que casi en su totalidad se explica por el mayor crecimiento del PIB y las menores tasas de interés que se observaron con relación a las previstas. Por tanto, el hecho de que la base monetaria haya crecido durante el año más de lo anticipado, no significó que se haya adoptado en el año una política monetaria laxa o que se haya creado un exceso de liquidez.

Es pertinente señalar que se cumplió con los compromisos establecidos en el programa monetario de 1997 referentes a la acumulación mínima de activos internacionales netos y al límite a la expansión del crédito interno neto del Banco de México. En particular, los activos internacionales netos aumentaron 13,511 millones de dólares en el año (contra 2,500 millones de dólares del programa) y el crédito interno neto se mantuvo por debajo de los límites establecidos. Toda vez que las variaciones del crédito interno neto y de los activos internacionales netos se combinaron para producir el monto deseado de base monetaria, se puede afirmar que el descenso que registró el crédito interno neto del Banco de México no implicó restricción monetaria alguna.

El instituto emisor se comprometió en su programa monetario original para 1997 a no usar "largos", es decir, a no efectuar operaciones de mercado abierto con el objeto de generar saldos acumulados positivos en el conjunto de las cuentas corrientes que lleva a las instituciones de crédito. Este planteamiento sirvió para desacreditar la idea de que se adoptaría una política monetaria expansivo en anticipación de las elecciones federales de mediados de año. El programa también previó que el Banco de México pudiese restringir las condiciones de suministro de su crédito interno poniendo ?corto" al sistema bancario, con objeto de promover el orden en los mercados cambiario y de dinero, y para contrarrestar presiones inflacionarias inesperadas. Durante 1997 no se presentaron situaciones que ameritaran el uso de "cortos" o "largos".

No obstante, el instituto central tuvo que hacer ciertos ajustes a su política monetaria. Ello, en razón de que en algunas ocasiones las tasas de interés se mantuvieron elevadas en respuesta a ciertas distorsiones en el mercado de dinero, por lo que no se comportaron conforme a lo previsible dadas las condiciones existentes en los mercados financieros. En tales casos las acciones del Banco de México tendieron a restablecer el buen funcionamiento del mercado de dinero. Inmediatamente después de que el Banco de México adoptó las medidas correspondientes, las tasas de interés se ajustaron a la baja. Una decisión de política adicional se adoptó en septiembre de 1997, cuando la Junta de Gobierno del instituto central decidió dejar sin efecto la renuncia temporal al uso de "largos". El anuncio de la reactivación potencial de dicho instrumento tuvo un efecto transitorio en los mercados, al reducirse ligeramente las tasas de interés y depreciarse el tipo de cambio.

El régimen cambiario de flotación, vigente desde finales de 1994, mostró de nuevo sus ventajas en 1997. Durante el último trimestre del año, surgió cierto nerviosismo en el mercado cambiario ocasionado por la crisis que aquejó a los países asiáticos. La problemática de Asia motivó que los inversionistas institucionales contrajeran en muy corto tiempo sus inversiones en países emergentes, entre los que se encuentra México. Las repercusiones más serias se sintieron a finales de octubre. La economía mexicana logró sortear los efectos desestabilizadores provenientes de los mercados financieros internacionales gracias a que su situación se encontraba fundamentalmente sana y a que los mecanismos de libre determinación del tipo de cambio y de las tasas de interés funcionaron adecuadamente. Esta flexibilidad también fue muy importante para sortear las turbulencias que aquejaron a la economía en los primeros meses de 1998, causados por la profundización de la crisis asiática y el colapso del precio del petróleo. La flexibilidad cambiaría y de tasas de interés ha permitido llevar a cabo ajustes de manera prácticamente inmediata y al menor costo posible.

El mecanismo de opciones de venta de moneda extranjera de la banca al Banco de México fue idóneo para seguir acumulando reservas internacionales durante 1997, en el contexto del régimen de flotación. A la luz de la situación de liquidez prevaleciente en los mercados financieros internacionales y de la conveniencia de continuar acumulando activos internacionales netos, en varias ocasiones en 1997 la Comisión de Cambios decidió modificar el monto de las compras de moneda extranjera a través del citado mecanismo. Asimismo, en febrero de 1997, la Comisión de Cambios anunció la introducción de un esquema de ventas contingentes de dólares por parte del Banco de México. El propósito de esta fórmula es proporcionar liquidez al mercado para lograr mayor estabilidad y orden en el mercado de cambios, sin defender niveles específicos de la cotización de la moneda nacional y sin comprometer un monto excesivo de reservas internacionales. Sólo en tres ocasiones, dos en octubre y una en noviembre, se aplicó dicho esquema, en las que confirmó sus virtudes como elemento estabilizador del mercado de cambios.

En 1997 se consiguieron avances en materia de cambio estructural, expresados en la adecuación del marco legal y regulatorio de la economía --incluyendo el del sector financiero -y en la desincorporación de entidades paraestatales. Los esfuerzos en este último sentido se concentraron en los sectores de telecomunicaciones, ferrocarriles y puertos. El programa de desregulación ha perseguido crear un marco regulatorio flexible, transparente y eficiente, que favorezca al crecimiento de las empresas existentes y el establecimiento de nuevas, propiciar la competitividad y la inversión, y promover la creación de más y mejores empleos.

Durante 1997 se continuó avanzando en la solución de los problemas que han aquejado al sistema bancario del país y a los deudores de dichas instituciones. Este esfuerzo es muy importante, ya que tal problemática ha constituido una limitante para que el sistema bancario haga una contribución plena al crecimiento económico. La estrategia adoptada por las autoridades buscó, en primer lugar, evitar la quiebra del sistema bancario y trastornos en el sistema de pagos. Además, ha perseguido proteger los legítimos intereses de los ahorradores de la banca, apoyar a los deudores, fortalecer la situación financiera de los bancos mediante su capitalización, neutralizar el impacto monetario de los programas aplicados y minimizar su costo fiscal. Un componente importante de esta estrategia ha sido mejorar el marco regulatorio del sistema financiero y la supervisión de las instituciones, con el propósito de reducir riesgos de colapso de los intermediarios. Cabe comentar que, aunque el crédito otorgado por la banca a los sectores no bancarios reportó una disminución en términos reales de diciembre de 1996 al mismo mes de 1997, dicho financiamiento ya mostró una incipiente recuperación hacia finales de este último año.

Los claros beneficios de la estrategia económica que se ha venido instrumentando durante los últimos tres años se han comenzado a difundir a los distintos segmentos de la sociedad. Ello, considerando que el crecimiento económico ha seguido vigoroso; que la expansión de la producción ha abarcado a una gran diversidad de actividades productivas; que ha habido una mejoría de la rentabilidad de las empresas; que la inflación se ha reducido notablemente, lo que ha atenuado los efectos dañinos y redistributivos de ésta; que han disminuido las tasas de interés tanto nominales como reales, lo que beneficia a las empresas y unidades familiares deudoras; y que se ha observado una importante expansión del empleo, dando lugar a un aumento significativo de la masa salarial en términos reales. La durabilidad del crecimiento económico en un marco de baja inflación y la difusión de sus correspondientes beneficios a toda la sociedad, requieren seguir perseverando en los esfuerzos de disciplina fiscal, de prudencia monetaria, de fortalecimiento de las instituciones, de apertura de la economía, de inversión en capital humano, de profundización del cambio estructural y de mejoría en la calidad de la regulación y de la impartición de justicia.

En las páginas siguientes se desarrollan con mayor detalle los aspectos que han sido mencionados de manera abreviada en esta introducción.

II. EVOLUCION DE LA ECONOMIA: PANORAMA GENERAL
II.1. Actividad Económica

Durante 1997 se avanzó firmemente en la consolidación de la recuperación económica, la cual abarcó a la totalidad de los sectores productivos. De acuerdo con la información del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en 1997 el Producto Interno Bruto (PIB) de México medido a precios constantes creció 7 por ciento, la tasa de crecimiento más alta de los últimos dieciséis años (ver gráfica l).

La mejoría de la actividad económica en 1997 tuvo su origen en la expansión de la demanda interna -tanto de su componente de consumo como de inversión- y en el continuo dinamismo de las exportaciones. En general, la producción se vio estimulada por una mejoría de las expectativas sobre el rumbo de la economía y por el fortalecimiento del clima de confianza. Estos dos últimos factores, junto con tasas de interés reales y nominales decrecientes -reflejo a su vez de una disminución a lo largo del año de las expectativas de inflación-, indujeron un repunte sin precedente en la inversión privada. La creciente producción, aunada a la mayor inversión, impulsó a la demanda de trabajo, lo que a su vez permitió el aumento en los salarios reales en línea con la elevación de la productividad del trabajo. El mayor ingreso disponible de las personas y el progreso que ha habido en la corrección de su sobreendeudamiento con el sistema bancario nacional, redundó en un aumento en el consumo agregado y por persona. Al mismo tiempo, el ahorro interno se incremento en el año en su conjunto, al haber crecido el ingreso a una tasa más acelerada que el consumo. En todo caso, es pertinente resaltar que esto último no sucedió en el cuarto trimestre del año, periodo en el cual el consumo creció a una tasa mayor a la del ingreso.

En los cuatro trimestres de 1997, el PIB registró variaciones anuales positivas y elevadas. Las variaciones fueron particularmente altas durante el segundo y el tercer trimestre, con registros respectivos de 8.6 y 7.9 por ciento (ver cuadro l). De hecho, a partir del primer trimestre de 1996 el PIB ha presentado variaciones anuales positivas, por lo que ya suman ocho trimestres consecutivos en los que la actividad económica ha crecido. Una visión más precisa de la evolución de la actividad económica y de la persistencia de la recuperación se obtiene al analizar las variaciones porcentuales del PIB desestacionalizado de cada trimestre con respecto al dato del trimestre anterior. En la última columna del cuadro 1 se aprecia que la recuperación de la actividad económica comenzó en el tercer trimestre de 1995 y desde entonces el PIB trimestral desestacionalizado ha arrojado aumentos sucesivos (ver gráfica 2). De ahí que para el cuarto trimestre de 1997 ya eran diez los trimestres consecutivos en que se registró crecimiento.

En 1997, la oferta y la demanda agregadas medidas a precios constantes crecieron 9.9 por ciento (ver cuadro 2). Al igual que lo ocurrido en 1996, durante 1997 todos los componentes de la demanda agregada presentaron aumento (ver gráfica 3). Ello confirma que la recuperación del producto se sustentó tanto en la demanda interna como en las ventas al exterior, teniendo un mayor peso el primer factor mencionado. Cabe destacar en particular la evolución de la "absorción" o gasto de los residentes del país -suma del consumo e inversión internos, tanto del sector público como del privado- que creció 8.3 por ciento en el año. El aumento de ese concepto en la primera mitad de 1997 fue de 7.7 por ciento en términos reales con respecto al dato del mismo periodo del año anterior, mientras que en el segundo semestre el aumento fue incluso mayor que el crecimiento del PIB, con una tasa de 8.9 por ciento. Esto explica en parte el considerable aumento que tuvo el déficit de la cuenta corriente durante el segundo semestre del año.

En los años recientes, las exportaciones de bienes y servicios han desempeñado un papel muy importante en la evolución de la economía mexicana, al haberse convertido en el motor del crecimiento económico después de la erupción de la crisis de finales de 1994. En 1997, las exportaciones de bienes y servicios crecieron 13 por ciento 1, lo que se tradujo en un nuevo aumento de este concepto como proporción del PIB, al pasar de 26.8 puntos porcentuales en 1996 a 28.3 puntos porcentuales en 1997. Es pertinente señalar que uno de los factores que estimuló el crecimiento de nuestras exportaciones en 1997 fue el favorable desempeño de la economía mundial, en particular la de Estados Unidos 2.

En 1997, el dinamismo del sector exportador vino acompañado de la expansión de la demanda interna. Uno de los componentes de la demanda interna que en 1997 contribuyó de manera notable al crecimiento del producto fue el gasto de consumo, que aumentó 5.7 por ciento. Como ya se señaló, el dinamismo de este renglón se fue acrecentando a lo largo del año. Así, en el primer semestre su crecimiento medido con relación al dato del mismo semestre del año precedente fue de 5.1 por ciento y el mismo alcanzó 6.4 por ciento en la segunda mitad del año. El crecimiento del consumo privado en el año fue de 6.3 por ciento, mientras que el correspondiente al sector público lo hizo en 1.8 por ciento. El gasto en la adquisición de bienes duraderos de consumo mostró un dinamismo aún mayor al elevarse 22.2 por ciento, seguido por el gasto en servicios (7.5 por ciento). Por su parte, el consumo en bienes no duraderos presentó un aumento menor al variar 2.1 por ciento. En 1997, el gasto de consumo total representó 77.4 por ciento medido como proporción del PIB a precios constantes.

El gasto de consumo del sector privado se vio favorecido en 1997 por varios factores. La mayor producción y el consecuente aumento del empleo redundaron en un mayor ingreso disponible para los individuos y familias y, por ende, en un incremento de su capacidad de gasto, tanto en bienes nacionales como del exterior. El ingreso familiar se vio también apoyado por la recuperación de las remuneraciones reales en la segunda mitad del año. Asimismo, la mejoría de las expectativas sobre la situación de la economía y la mayor seguridad de los trabajadores en cuanto a la conservación de sus empleos, también incentivaron su consumo. Entre los factores coadyuvantes adicionales, habría que agregar menores niveles de tasas de interés nominales y reales y el hecho de que en los años previos a 1997 las familias lograron reducir de manera significativa su endeudamiento con el sistema financiero interno (ver gráfica 5). Cabe mencionar también que hacia finales de año se observó un modesto aumento en el financiamiento disponible para algunos renglones de gasto de bienes de consumo, proviniendo dicho financiamiento principalmente de las empresas comercializadoras.

Una característica sobresaliente en la evolución de la economía mexicana en 1997 fue la fuerte aceleración que mostró el gasto en formación de capital. De hecho, la inversión fue el renglón de la demanda agregada que mayor dinamismo mostró en el año. Un desempeño favorable de la inversión no sólo tiene un impacto positivo inmediato en el crecimiento del producto, sino que además acrecenta los acervos de capital del país y, por ende, su capacidad de producción. A su vez, esto fortalece la productividad del trabajo y posibilita aumentos de las remuneraciones reales. En 1997 la formación bruta de capital fijo aumentó 20.9 por ciento en respuesta a crecimientos de 25.7 por ciento de la inversión del sector privado y de 4.3 por ciento de la del sector público. La inversión agregada tuvo su mayor dinamismo durante el segundo y el tercer trimestre, con aumentos respectivos de 24.4 y 22.8 por ciento en relación a las cifras de los mismos trimestres del año precedente. Todos los rubros que integran el gasto de inversión registraron crecimiento en 1997. El renglón de construcción creció 10.2 por ciento y los de bienes de capital producidos internamente así como los de origen importado lo hicieron en 26.7 y 40.5 por ciento, respectivamente. Es pertinente mencionar -como se detalla en la sección del sector externo- que el incremento en la adquisición de bienes de capital producidos en el exterior fue muy significativo, tanto el de las empresas exportadoras como el de aquellas que orientan su producción al mercado interno.

El gasto de capital del sector público tuvo avances importantes en 1997, al incrementarse 4.3 por ciento a precios constantes. Dicho gasto se canalizó a una diversidad de rubros destacando, entre ellos, los ramos de educación (aulas, laboratorios y talleres) y salud. En este último renglón se acrecentó la construcción y ampliación de clínicas de medicina familiar, hospitales y clínicas de especialidades. En el ámbito de comunicaciones y transportes destacó la construcción de tramos carreteros, reforzamiento de puentes y libramientos, así como la inversión en infraestructura aeroportuaria y ferroviaria. También se canalizaron montos importantes de recursos públicos a proyectos de hidrocarburos (exploración y producción de petróleo crudo), lo que favoreció los avances de la producción en esa actividad. Asimismo, cabe destacar las inversiones destinadas a acrecentar la infraestructura en generación de electricidad y en líneas de transmisión y distribución.

Una diversidad de factores contribuyeron al favorable desempeño de la inversión del sector privado en 1997. Entre ellos sobresalen los siguientes:

a) mayor confianza de las empresas respecto al rumbo futuro de la economía mexicana, tanto de las firmas de capital nacional como de aquellas con inversión extranjera;
b) entradas de recursos del exterior que aligeraron la restricción presupuestal de la economía,
c) incipiente recuperación hacia finales del año del crédito bancario interno, lo que permitió financiar un mayor gasto de inversión;
d) una mejoría en la posición financiera de las empresas al haber disminuido en los años previos sus niveles de endeudamiento con el sistema financiero interno (ver gráfica 5);
e) recuperación de las utilidades de las empresas en respuesta a mayores niveles de producción y ventas, lo que les proporcionó recursos propios y las incentivo a obtener recursos ajenos para financiar su expansión;
f) avances en la eficiencia operativo, lo que se confirma en la información referente a los aumentos de productividad, y
g) continua disminución a lo largo del año de las tasas de interés nominales y reales.
El crecimiento económico en 1997 se nutrió tanto de la mayor demanda interna como de la expansión de las exportaciones de bienes y servicios. La contribución de ambos componentes de la demanda agregada al crecimiento de 7 por ciento que registró el PIB se recoge en el cuadro 3. En dicho cuadro las contribuciones correspondientes se muestran netas de su contenido importado, destacando la notable aportación de la demanda interna.

La mejoría de las empresas en los distintos sectores de actividad puede ilustrarse mediante los resultados de aquellas cuyas acciones se cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores. Para 1997, las empresas referidas reportaron aumentos de sus ventas a precios constantes, tanto de las destinadas al mercado interno como de las canalizadas al exterior. La expansión de las ventas vino acompañada de aumentos menos que proporcionales en los costos de producción y gastos de administración, lo cual sugiere una mejoría en los niveles de eficiencia. Lo anterior dio lugar a aumentos importantes en los,, resultados de operación, es decir, de las ganancias antes de gastos e ingresos financieros. Esta situación, aunada a menores erogaciones por intereses -en respuesta a tasas de interés internas más bajas y a un mayor uso de los recursos crediticios del exterior en el entorno de un tipo de cambio relativamente estable- se reflejó en aumentos en las utilidades netas y, en general, en los indicadores de rentabilidad. También es oportuno comentar que las empresas analizadas incrementaron sus pasivos en mayor proporción que sus activos, pero no que sus ventas. Dentro de los pasivos fue significativo el aumento de aquellos denominados en moneda extranjera. Al respecto, es pertinente mencionar que, en general, las emisoras que concentran la mayor parte de los pasivos en moneda extranjera son también las que tienen una proporción más alta de sus ventas dirigidas a los mercados del exterior (ver cuadro 4).

Hay muchos indicadores que sugieren que en 1997 mejoraron de manera significativa las perspectivas del público con respecto al rumbo futuro de la economía, en particular las empresariales. Este fenómeno se reflejó sobre el gasto agregado de la economía, especialmente en la inversión del sector privado. Según la Encuesta Semestral de Coyuntura que el Banco de México recaba en el sector manufacturero, durante el primer semestre de 1997 las empresas experimentaron una mejoría en el ambiente en que desarrollaron sus negocios. Asimismo, la encuesta revela que dicho clima de negocios mejoró aún más en la segunda mitad de 1997. Las firmas encuestadas también reportaron haber tenido un desempeño favorable en lo referente a utilidades netas. Además, tanto en el primer semestre como en la segunda mitad de 1997, más del 70 por ciento de las empresas encuestadas indicaron haber efectuado gastos de inversión. Las empresas también manifestaron estar mejor financieramente en 1997 que en el año previo y en su mayoría (cuatro quintas partes de ellas) señalaron que esperaban seguir fortaleciéndose financieramente en 1998. Asimismo, las encuestas que levanta el Banco de México entre las empresas exportadoras y en el sector comercio, recogieron igualmente una opinión favorable respecto al clima de los negocios reinante en 1997. En la gráfica 6 se muestra que esta visión positiva sobre el clima de negocios también fue compartida por los despachos de análisis económico del sector privado.

La evolución de los inventarias de productos terminados en el sector manufacturero es otra de las variables que se comportó de manera razonable. Durante prácticamente todo 1997 los inventarias mostraron niveles similares a los prevalecientes antes de la crisis de 1994 (ver gráfica 7). De hecho, a partir del segundo semestre de 1997 disminuyó el porcentaje de empresas que los calificaron como excesivos, a consecuencia del repunte de sus ventas.

Durante 1997 en su conjunto ocurrió un nuevo aumento en la tasa de ahorro interno. El aumento en el año del ahorro interno se dio en respuesta al incremento del ingreso disponible de las familias y de los ingresos netos de las empresas, así como al mantenimiento de la disciplina fiscal. En lo fundamental la elevación de la tasa de ahorro refleja que el producto de la economía creció a una tasa más alta que el consumo, no obstante que este último experimentó una reactivación significativa. De hecho, en el último trimestre del año el ahorro interno disminuyó, en vista de que, como se pudo apreciar en la gráfica 3, el consumo total creció a una tasa superior que la del PIB.

Durante los tres años transcurridos de 1995 a 1997, la tasa de ahorro interno acumuló un incremento de casi 10 puntos porcentuales del PIB (ver cuadro 5). Ello permitió que en los años referidos el gasto agregado de inversión de la economía se financiara fundamentalmente con ahorro interno, dado que el ahorro externo -medido por el saldo de la cuenta corriente de la balanza de pagos- se mantuvo en un nivel reducido con respecto al tamaño de la economía.

El financiamiento de la formación bruta de capital, expresado como proporción del PIB a precios corrientes, ascendió en l997 a 26.4 por ciento. Por su parte, en ese año la tasa de ahorro interno representó 24.6 por ciento del PIB, por lo que la diferencia necesaria para financiar la formación bruta de capital fue cubierta con ahorro externo, por un monto equivalente a 1.8 puntos porcentuales del PIB (equivalente al déficit de la cuenta corriente en 1997).

El crecimiento económico en 1997 se originó de una recuperación de todos los sectores de la actividad (véase el cuadro 6), ya que el PIB de los sectores primario, industrial, así como el de los servicios mostraron crecimientos importantes. Al interior del sector industrial fue sobresaliente el crecimiento en las actividades manufactureras y de construcción. Por su parte, en el sector servicios destacó el dinamismo de las grandes divisiones de comercio, restaurantes y hoteles; y transportes y comunicaciones.

En 1997 la producción industrial mantuvo un ritmo muy vigoroso, ya que creció 9.3 por ciento, después de que en 1996 el crecimiento fue de 10.2 por ciento. Cabe comentar que en los últimos 18 años no se habían presentado dos años seguidos con crecimientos tan altos de la producción industrial (aunque tampoco se había presentado una caída tan pronunciada en dicho índice como la registrada en 1995, por lo que su aumento en 1996 y 1997 en parte se debe a un efecto "rebote"). El dinamismo de este sector se sustentó en el favorable desempeño de las cuatro grandes divisiones que lo conforman, pero principalmente en lo alcanzado por la construcción y manufacturas (ver gráfica 8). Estas últimas crecieron respectivamente 10.2 y 9.8 por ciento, en tanto que las grandes divisiones de electricidad y minería lo hicieron en 5.8 y 4.3 por ciento, respectivamente.

La expansión de la industria manufacturera fue particularmente notable en 1997. De hecho, para el mes de diciembre de ese año dicho sector ya habla alcanzado 29 meses consecutivos con incrementos mensuales de producción. Esto constituyó la tercera recuperación más prolongada de esa actividad en las últimas tres décadas (ver gráfica 9). El aumento de la producción manufacturera provino de aumentos en todas sus divisiones, siendo las más dinámicas la producción de maquinaria y equipo (16.9 por ciento); productos de papel, imprenta y editoriales (13.7 por ciento); industrias metálicas básicas (12.9 por ciento); otras manufacturas (12.6 por ciento), textiles, prendas de vestir e industria del cuero (9.5 por ciento); madera y sus productos (8.6 por ciento); y productos de minerales no metálicos (8.2 por ciento). Las divisiones con menores crecimientos fueron las de sustancias químicas, derivados del petróleo y productos de plástico (5.9 por ciento), y la de productos alimenticios, bebidas y tabaco (3.9 por ciento). Según la clasificación por tipo de bien, el avance fue notable en la producción de bienes de capital (de 18.0 por ciento) e intermedios (8.3 por ciento). En el caso de los bienes manufacturados de consumo final su aumento alcanzó 6.1 por ciento, como resultado de la combinación de un vigoroso aumento del renglón de bienes duraderos (15.6 por ciento) y otro más bajo de los no duraderos (4.4 por ciento).

La recuperación de la producción manufacturera abarcó a la mayoría de sus ramas de actividad, con excepción de algunas que se rezagaron en cuanto a su modernización desde antes de la crisis económica de 1994. Cabe mencionar que a diciembre de 1997, 35 de las 49 ramas manufactureras se encontraron en un nivel de producción superior al máximo alcanzado en el periodo 1993-1994. Ellas representaron el 83.4 por ciento de la producción manufacturera (ver gráfica 10). De hecho, 22 de esas ramas, que cubren más de la mitad de la producción manufacturera, habían superado en más de 10 por ciento el nivel mencionado. En lo que respecta a las restantes 14 ramas cuyo nivel de producción se ubicó por debajo de su nivel máximo registrado en 1993-94, algunas enfrentaron problemas de oferta de materias primas, como resultado de condiciones climatológicas adversas. Este fue el caso, entre otras, de la molienda de café, tabaco y aceites comestibles. También existe el ejemplo de otras ramas que alcanzaron niveles máximos de producción a finales de los ochenta o principios de los noventa y desde entonces han enfrentado dificultades para adecuarse a un ambiente de competencia creciente y apertura con el exterior; entre ellas cabe citar a algunas del sector textil, como la de hilados de fibras duras (henequén), además de las ramas de equipo y material de transporte (embarcaciones, vagones de ferrocarril y metro).

La notable expansión de la producción manufacturera en 1997 dio lugar a un uso más intensivo de la capacidad instalada. De acuerdo con las respuestas obtenidas por la Encuesta Semestral de Coyuntura del Banco de México, en 1997 el uso de la capacidad instalada en el sector manufacturero fue en promedio de 71.7 por ciento, comparado con 67 y 68.5 por ciento en 1995 y 1996, respectivamente. En la segunda mitad de 1997 dicha cifra llegó a 74 por ciento, siendo aún más alta en las empresas con orientación exportadora (77 por ciento). Conviene mencionar que históricamente el uso de la capacidad instalada en el sector manufacturero ha sido relativamente bajo, variando entre 63 y 73 por ciento. De hecho, el nivel alcanzado hacia el segundo semestre de 1997 ha sido el más alto registrado en el lapso de 15 años en que se cuenta con información.

En la actividad minera, tanto el sector petrolero como el no petrolero registraron aumentos de 5.2 y 3.0 por ciento, respectivamente. En materia de minería petrolera se observó un incremento importante en las extracciones de crudo y gas natural. En cuanto al no petrolero, hubo avances en la extracción y beneficio de minerales metálicos no ferrosos (7.5 por ciento), la explotación de canteras y extracción de arena, grava y arcilla (8.9 por ciento) y la extracción y beneficio de mineral de hierro (2.8 por ciento). La expansión de la producción de la minería no petrolera es consecuencia de la inversión tanto nacional como extranjera que se ha realizado en ese sector en los años recientes.

En 1997, el producto interno bruto del sector agropecuario, silvícola y pesquero creció 1.4 por ciento (5 por ciento en el primer semestre y disminución de 1.9 por ciento en la segunda mitad del año). En general, en el segundo semestre del año la actividad agropecuaria se vio aquejada por condiciones climatológicas adversas (sequía, huracanes e inundaciones) generadas por el fenómeno de El Niño, que impactó negativamente la actividad agrícola y pesquera. El PIB de la agricultura mantuvo en 1997 un nivel promedio prácticamente igual al del año anterior. En esa actividad se consiguieron aumentos en las cosechas de arroz, trigo, caña de azúcar, jitomate y hortalizas y se registraron disminuciones en las de maíz, frijol, sorgo, cebada, oleaginosas y café. Por su parte, el avance de la ganadería (de 3.9 por ciento) provino de un mayor sacrificio de aves, así como de la producción de leche y huevo. En contraste, no obstante que en la actividad pesquera repuntó la captura de atún, camarón y sardina, ésta no pudo contrarrestar la disminución registrada en la captura de otras especies; de ahí que el PIB de la pesca disminuyese ligeramente (en 0.5 por ciento) en el periodo bajo análisis.

En 1997 el producto interno de] sector servicios creció 6.8 por ciento, tasa muy superior a la del año precedente (3.0 por ciento). El sector aludido fue el de mayor contribución al crecimiento de 7.0 por ciento del PIB en 1997 (4.3 puntos porcentuales del sector servicios, 2.4 puntos del industrial y 0.3 puntos del agropecuario). Las actividades con mayor dinamismo fueron las de comercio, restaurantes y hoteles, y transportes y comunicaciones (9.9 y 9.5 por ciento, respectivamente). El comercio creció 11.4 por ciento impulsado por el alto crecimiento del gasto en consumo, lo que se reflejó en las ventas de las tiendas de autoservicio y departamentales. En la división de transportes y comunicaciones sobresalieron los aumentos en la carga transportada en las modalidades de automotor, marítima y aérea. Esto, en respuesta a la mayor demanda vinculada a la producción interna y al aumento del comercio exterior. Por su parte, la expansión de los servicios de comunicaciones se sustentó en el crecimiento de los servicios telefónicos. Finalmente, el producto de la gran división de servicios financieros, seguros, actividades inmobiliarias y alquiler de mercancías e inmuebles, aumentó 5.6 por ciento. Esto principalmente a causa de la expansión de las actividades de alquiler e inmobiliarias, en tanto que la división de servicios comunales, sociales y personales creció 3.5 por ciento.

I
I.2. Empleo y Remuneraciones

Durante 1997 la evolución del mercado laboral se distinguió por los siguientes aspectos:

a) aumento sensible de la demanda de trabajo resultante del vigoroso ritmo de crecimiento económico, calculándose que en las áreas urbanas se hayan creado más de un millón de nuevos empleos3;
b) notable expansión del empleo en el sector manufacturero, y, especialmente en la industria maquiladora;
c) reducción significativa de la tasa de desempleo abierto en las áreas urbanas;
d) aumentos salariales integrales en las negociaciones contractuales por arriba de la inflación esperada durante la vigencia de los respectivos contratos;
e) incremento significativo en términos reales de la masa salarial en el sector manufacturero, en respuesta principalmente al aumento de la ocupación;
f) comportamiento mixto de los indicadores sobre remuneraciones reales por trabajador, ya que algunos de ellos presentan incrementos, mientras que otros muestran que en promedio en el año prácticamente permanecieron sin cambio;
g) incremento de la productividad por trabajador en el sector manufacturero;
h) mayor número de emplazamientos a huelga que en años previos, aunque el de huelgas estalladas fue el más bajo en los últimos cuatro años; y
i) disminución de la tasa anual de crecimiento de los costos unitarios de la mano de obra en el sector manufacturero, lo que permitió que el tipo de cambio real medido en estos términos se mantuviera a niveles favorables para la competitividad internacional de las exportaciones de ese sector.
La vigorosa recuperación de la actividad económica en 1997 propició un aumento importante de la demanda de trabajo. La estadística de trabajadores asegurados en el IMSS, un indicador contable de ocupación aunque no de cobertura completa, creció en promedio 7.7 por ciento durante 1997. Esto se explica fundamentalmente por un aumento de 8.6 por ciento en el número de trabajadores permanentes (ver gráfica 11). La mejoría del empleo se extendió a una diversidad de sectores, pero fue más intensa en el manufacturero, en la industria eléctrica, en los servicios financieros e inmuebles y en los servicios sociales4. De diciembre de 1996 al mismo mes de 1997, el número total de trabajadores asegurados permanentes se incremento en 674 mil personas y tan sólo en el sector manufacturero el aumento fue de 446 mil trabajadores. Según la información disponible sobre población económicamente activa, se generaron más de un millón de nuevos empleos en 1997 en las áreas urbanas del país.

El dinamismo mostrado en los últimos años por el empleo en la industria maquiladora de exportación se acentuó en 1997 (ver cuadro 7). De ahí que la ocupación en esta industria haya aumentado en 135.4 miles de trabajadores. Dicha ocupación se fue fortaleciendo a lo largo del año y el aumento promedio fue de 19.1 por ciento. Esta tasa resultó superior a las registradas en los dos años precedentes, las que de por sí ya habían sido altas, con niveles de 16.4 por ciento en 1996 y 11.2 por ciento en 1995.

La mejoría mostrada por la demanda de trabajo en 1997 se tradujo en una disminución de la tasa de desempleo abierto en las áreas urbanas (ver gráfica 12)5. Esta tasa alcanzó su nivel más alto (7.6 por ciento) en agosto de 1995 y desde entonces siguió una tendencia general a la baja. En diciembre de 1997 se ubicó en 2.8 por ciento, lo que se compara favorablemente con el nivel de 4.1 por ciento de doce meses antes. La tasa de desempleo de diciembre de 1997 resultó ser la más baja desde diciembre de 1992.

En las negociaciones contractuales celebradas a lo largo de 1997, los aumentos salariales directos al tabulador resultaron en promedio de 19.5 por ciento (ponderando por el número de trabajadores que recibieron aumentos). Dichos incrementos salariales, que tienen vigencia anual, mantuvieron durante la mayor parte del año una tasa muy estable, al haber sido ésta de 19.4 por ciento en el primer semestre y de 19.7 por ciento en el segundo. Hacia finales de año dichos incrementos salariales mostraron una ligera desaceleración (ver gráfica 13). Cabe precisar que la retribución denominada salario integral o total -que comprende además del incremento salarial directo a tabulador, prestaciones, retabulaciones y bonos de productividad- tuvo un aumento promedio en 1997 de 23 por ciento. Esta tasa superó a la inflación promedio registrada en el año y excedió de manera significativa a la inflación esperada para el periodo de vigencia de los contratos salariales.

Durante 1997 la llamada masa salarial real en el sector manufacturero (suma de sueldos, salarios y prestaciones) se incrementó 3.7 por ciento, después de haber disminuido en los dos años precedentes. En la industria maquiladora de exportación, la masa salarial se incrementó 21 por ciento en términos reales a lo largo del año, principalmente a consecuencia de una mayor ocupación ya que, en promedio, la remuneración real por trabajador mejoró 1.7 por ciento.

La productividad media del trabajo en el sector manufacturero continuó fortaleciéndose a lo largo de 1997 (ver gráfica 14). El crecimiento anual de dicha variable fue de 4.6 por ciento, habiendo sido las tasas trimestrales más elevadas las del segundo y tercer trimestres del año. La evolución de la productividad manufacturera, junto con la de las remuneraciones reales por trabajador en el citado sector, mitigaron la velocidad de apreciación del tipo de cambio real del peso mexicano medido en términos de costos unitarios de la mano de obra vis a vis con aquellos de nuestros principales socios comerciales en el intercambio de bienes manufacturados. No obstante, el nivel de dicho indicador a lo largo del año continuó muy depreciado en relación con los niveles históricos de ese índice en los últimos 25 años y de manera significativa en relación a los prevalecientes en 1994 (ver gráfica 15).

Para la evaluación del comportamiento del mercado laboral también es útil considerar el número de emplazamientos a huelga, así como el de huelgas estalladas. Durante 1997 se registraron 8 mil 47 emplazamientos a huelga en las negociaciones de jurisdicción federal, la cifra más alta de los últimos cuatro años. No obstante, en 1997 el número de huelgas estalladas fue el más bajo de esos cuatro años (ver gráfica 16), ya que se registraron únicamente 39 casos (51 en 1996, 96 en 1995 y 116 en 1994).

II.3. Sector Externo

Durante 1997 la evolución del sector externo de la economía mexicana se caracterizó por los siguientes aspectos:

a) balanza comercial superavitaria;
b) importante dinamismo de las exportaciones no petroleras, particularmente de las manufactureras;
c) caída del valor de las exportaciones petroleras a consecuencia de disminuciones de los precios internacionales del crudo;
d) alto ritmo de crecimiento de las importaciones de mercancías, en respuesta a importantes entradas de capital, un mayor ritmo de actividad económica, dinamismo exportador y apreciación del tipo de cambio real;6
e) déficit moderado en la cuenta corriente de la balanza de pagos, equivalente a 1.8 por ciento del PIB;
f) aumento del superávit de la cuenta de capital de la balanza de pagos, sustentado en la entrada de recursos de largo plazo del exterior;
g) importante desendeudamiento del sector público;
h) inversión extranjera directa sin precedente histórico;
i) acceso creciente del sector privado al financiamiento externo, principalmente de largo plazo, lo que le permitió contrarrestar la debilidad de la oferta de crédito bancario interno;
j) flujos moderados de inversión de cartera en los mercados accionarlo y de dinero; y
k) importante acumulación de activos internacionales netos y de reservas internacionales netas por parte del Banco de México.
En 1997 la balanza comercial registró un superávit de 624 millones de dólares (ver gráfica 17). El valor de las exportaciones de mercancías ascendió a 110,431 millones de dólares, monto 15 por ciento superior al observado en 1996 (ver gráfica 18). Por su parte, el valor de las importaciones de mercancías fue de 109,808 millones de dólares, lo que significó un aumento de 22.7 por ciento con respecto al nivel del año anterior (ver cuadro 8).

La favorable evolución que tuvieron las exportaciones de mercancías se explica por el comportamiento de las ventas al exterior de productos no petroleros, toda vez que las exportaciones petroleras sufrieron una disminución. Mientras el crecimiento de las exportaciones no petroleras fue de 17.5 por ciento, la construcción de las petroleras fue de 2.8 por ciento. Cabe señalar que el crecimiento mostrado por las exportaciones mexicanos en 1997 supera al registrado en ese mismo año por las exportaciones de un número considerable de países (ver cuadro 9), incluyendo la mayoría de las principales economías exportadoras del mundo.

Las exportaciones manufactureras sumaron 94,802 millones de dólares en 1997, lo que implicó un crecimiento de 18.1 por ciento con relación al año previo. Con ello, dichas exportaciones representaron el 85.8 por ciento de las exportaciones totales, lo que constituye el nivel histórico más alto alcanzado por esa variable (ver gráfica 19). El favorable desarrollo de este renglón responde fundamentalmente a la expansión continuada de la economía de los Estados Unidos -nuestro principal socio comercial- y al dinámico proceso de inversión en el sector en los últimos años, que le ha permitido a las empresas nacionales colocar una cantidad creciente de sus productos en el exterior en términos competitivos. Las ventas al exterior del sector maquilador aumentaron en el año 22.3 por ciento, mientras que las de la industria no maquiladora lo hicieron en 14.4 por ciento.

Con excepción de la industria automotriz y minerometalúrgica, todas las demás ramas del sector manufacturero tuvieron un desempeño exportador notable en 1997 (ver cuadro 10). En 1997 las exportaciones automotrices aumentaron 5.8 por ciento con respecto a su nivel del año anterior, tasa significativamente menor a la registrada en 1996 (de 31.8 por ciento). Dicho resultado se explica porque las fábricas productoras de automóviles operaron a niveles muy cercanos a plena capacidad y porque se incremento en forma importante la demanda interna de vehículos, esto último en respuesta al mayor ingreso disponible y a la mayor adquisición de bienes durables en el año, compensando el rezago atribuible a la crisis de 1994. En lo que respecta a las exportaciones de la industria minerometalúrgica, su valor se mantuvo prácticamente al nivel del de 1996, debido fundamentalmente a que la reducción en los precios internacionales de esos productos se vio compensada por mayores volúmenes exportados.

Las ventas al exterior de productos manufacturados, excluyendo las del sector automotriz, mostraron un dinamismo muy satisfactorio, al crecer 21.8 por ciento (ver gráfica 20). Si de ese total se excluyen también las exportaciones de la industria minerometalúrgica, la tasa de crecimiento de las exportaciones manufactureras remanentes sería de 22.4 por ciento. En el cuadro 10 se puede observar que las exportaciones manufactureras sin maquilas y sin las automotrices aumentaron más de 20 por ciento, tasa bastante similar a la alcanzada por las exportaciones maquiladoras.

En 1997 la evolución de las exportaciones petroleras estuvo sujeta a dos factores que ejercieron influencia en direcciones opuestas. Por un lado, las condiciones prevalecientes en el mercado internacional del petróleo determinaron una disminución significativa en el precio del crudo. Por otro lado, México logró un aumento importante en el volumen exportado, lo que permitió compensar al menos parcialmente el efecto del menor precio. Así, el valor de las exportaciones petroleras ascendió a 11,323 millones de dólares, monto 2.8 por ciento menor al registrado en 1996. El precio promedio de la mezcla mexicana de crudo de exportación en 1997 fue de 16.47 dólares por barril, nivel 2.47 dólares más bajo que el observado un año antes. El volumen exportado de crudo en 1997 fue de 1.72 millones de barriles diarios, lo que representó un aumento de 11 por ciento con respecto al del año previo.

Las exportaciones de productos agropecuarios sumaron 3,828 millones de dólares y crecieron 6.6 por ciento. Esta evolución se explica por precios internacionales más elevados de algunos de los productos, así como por mayores volúmenes de ventas de otros bienes en respuesta a mejores condiciones climatológicas en varias zonas productoras durante la primera mitad del año, especialmente en el noroeste del país. Los productos que registraron mayor crecimiento en sus valores de exportación fueron los siguientes: hortalizas y legumbres (24.8 por ciento); café en grano (22.1 por ciento); melón y sandía (9.4 por ciento); y ganado vacuno (55.5 por ciento). En contraste, registraron disminución las ventas al exterior de garbanzo (39.2 por ciento); algodón (26.2 por ciento) y fresas frescas (49.2 por ciento).

En 1997 la composición de las exportaciones totales estuvo dominada por los bienes manufacturados (ver gráfica 21).

Durante 1997 se mantuvo la recuperación de las importaciones de mercancías. Las principales causas de ese comportamiento fueron que a lo largo del año se observó un mayor ritmo de actividad económica, continuó el dinamismo exportador y se registró una apreciación del tipo de cambio real. El mayor nivel de las importaciones en 1997 también fue consecuencia del superávit que arrojó en el año la cuenta de capital de la balanza de pagos. Este mismo factor condujo a la ya mencionada apreciación del tipo de cambio real. El valor de las importaciones de mercancías ascendió a 109,809 millones de dólares en el año objeto de este informe (ver gráfica 22), cifra que representó un aumento de 22.7 por ciento con referencia al monto de 1996. Esta tasa fue ligeramente menor a la observada en este último año (23.5 por ciento).

La importación de bienes intermedios en 1997 llegó a 85,366 millones de dólares, con un incremento de 18.7 por ciento con relación al año previo. La adquisición de insumos en el exterior por parte de las empresas exportadoras creció en el año 19.6 por ciento, en tanto que la efectuada por las demás empresas lo hizo en 16.9 por ciento. Estas tasas son un reflejo claro de que en 1997 la recuperación de la producción fue compartida por unas y otras.

Durante 1997 las importaciones de bienes de capital ascendieron a 15,116 millones de dólares, cifra 38.4 por ciento superior a la registrada el año anterior. Este crecimiento fue el resultado de mayores gastos de inversión tanto por parte de las empresas exportadoras, como de aquellas que destinan principalmente su producción al mercado interno. Las importaciones de bienes de capital correspondientes al primero de esos grupos crecieron 29.5 por ciento, en tanto que las correspondientes al segundo aumentaron 43.2 por ciento. Como se aprecia en el cuadro 11, en el periodo 1995-97 casi tres quintas partes de las importaciones totales de mercancías estuvieron vinculadas a la actividad exportadora.

En 1997 se importaron bienes de consumo por 9,326 millones de dólares, lo que implicó un incremento de 40.1 por ciento con respecto al dato del año previo. Los bienes de consumo cuyas importaciones registraron mayores aumentos fueron automóviles, gasolina y gas, textiles, equipo eléctrico, carnes frescas y medicamentos. En el caso de la gasolina, el elevado aumento de sus importaciones (69.3 por ciento) se derivó de una menor producción interna, consecuencia de trabajos de mantenimiento y reparaciones en algunas refinerías del país. Por su parte, el elevado incremento de las importaciones de automóviles fue reflejo de la importante recuperación de la demanda interna, después de la depresión sufrida en 1995 y 1996. Conviene destacar que en el periodo de referencia las importaciones de bienes de consumo, excluyendo gasolina y automóviles, crecieron 32.4 por ciento, casi ocho puntos porcentuales menos que el aumento de las importaciones totales de bienes de consumo.

En 1997, la evolución regional del comercio exterior de México se caracterizó por los siguientes factores (ver cuadro 12):

a) considerable superávit comercial con los países miembros del Tratado Trilateral de Libre Comercio (TLC), particularmente con los Estados Unidos (ver cuadro 12);
b) superávit comercial también cuantioso con el resto de los países de América;
c) déficit comerciales con Europa, Asia y el resto del mundo;
d) la disminución del superávit comercial de nuestro país en el año objeto de este informe, se originó de lo siguiente: 17 por ciento por la caída en el saldo positivo del intercambio con los países miembros del TLC y 83 por ciento por el mayor déficit con los paises no miembros del TLC, particularmente los de Europa (33 por ciento) y Asia (47 por ciento);
e) las exportaciones de mercancías de México a los Estados Unidos mantuvieron un dinamismo favorable (ver gráfica 24), mientras que las dirigidas a Canadá registraron una ligera disminución;
f) modesto aumento de las exportaciones a los países no miembros del TLC, como resultado de la combinación de tasas positivas pero reducidas en las dirigidas al resto de América y a Europa, y una contracción importante en las canalizadas a Asia; y
g) crecimiento de las importaciones provenientes de países no miembros del TLC, superior al de las provenientes de Estados Unidos y Canadá.
Respecto a las exportaciones de México a los Estados Unidos, cabe comentar que después de Canadá y Japón nuestro país es, desde hace ya varios años, el tercer proveedor en importancia de ese mercado. Además, México es el único de los tres países que durante 1997 logró aumentar su participación en las importaciones hechas por Estados Unidos. En 1997 Estados Unidos adquirió de México el 9.9 por ciento de sus importaciones, cifra mayor que el 9.1 por ciento conseguido en 1996 (ver gráfica 24). Asimismo, las ventas mexicanos a Estados Unidos superan ya a la suma de las exportaciones de los dos principales socios comerciales europeos de ese país (Alemania y Reino Unido) y son prácticamente iguales a las exportaciones al merca o estadounidense del conjunto de los cuatro países denominados tigres asiáticos (Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiwán). Asimismo, en 1997 México se convirtió en el segundo destino de importancia de las exportaciones norteamericanas, desplazando a Japón.

Por su parte, en 1997 la cuenta corriente de la balanza de pagos arrojó un déficit de 7,448 millones de dólares, equivalente a 1.8 por ciento del PIB (ver gráfica 25). Este saldo fue el resultado de la combinación de superávit en las balanzas comercial (624 millones de dólares) y de transferencias (5,248 millones de dólares) y déficit en las balanzas de servicios factoriales (12,790 millones de dólares) y no factoriales (530 millones de dólares).

Al igual que en 1996, durante 1997 la evolución del comercio exterior fue el renglón que más influyó en el resultado de la cuenta corriente (ver cuadro 13). La disminución del superávit comercial con relación a 1996 es un resultado lógico si se toma en cuenta que durante 1997 se consolidaron la recuperación económica y las entradas netas de capital del exterior.

En 1997 la balanza de servicios no factoriales cerró con un déficit de 530 millones de dólares. El renglón de viajeros internacionales (suma de los renglones de turistas y excursionistas) arrojó un saldo superavitario de 3,701 millones de dólares, lo que representó un nivel más alto que el de 1996. Los ingresos provenientes de la cuenta de viajeros internacionales a nuestro país resultaron de 7,593 millones de dólares, mientras que los gastos de viaje en el exterior de los residentes nacionales sumaron 3,892 millones de dólares. Los ingresos por viajeros internacionales crecieron 9.5 por ciento y los egresos 14.9 por ciento. Los restantes rubros de la cuenta de servicios no factoriales mostraron un déficit conjunto de 4,231 millones de dólares. Dicho déficit se explica en lo principal por fletes, seguros y gastos portuarios, es decir, por erogaciones de servicios asociadas al comercio exterior de nuestro país.

Durante 1997 el déficit de la balanza de servicios factoriales ascendió a 12,790 millones de dólares, cifra inferior a la de 1996, que fue de 13,940 millones de dólares. El principal renglón de esta balanza es el de intereses, tanto agresivos como ingresivos, cuyo saldo deficitario resultó de 8,687 millones de dólares. Este monto resultó 1,367 millones de dólares menor que el correspondiente a 1996. Esta disminución se originó en lo fundamental por la reducción del pago por intereses al exterior por parte del sector público, lo que se explica tanto por la reducción del saldo de la deuda pública externa resultante de las amortizaciones efectuadas en 1997, así como por menores tasas de interés, tanto externas como internas7. El resto de los renglones que conforman la balanza de servicios factoriales arrojó un déficit consolidado de 4,103 millones de dólares. Ello, principalmente, como reflejo de las utilidades de las empresas con inversión extranjera directa.

En 1997 la balanza de transferencias presentó un superávit de 5,247 millones de dólares, lo que representó un aumento de 716 millones de dólares con respecto a la cifra del año previo y un crecimiento de 15.8 por ciento. El renglón más importante de esta cuenta son los envíos de residentes en el exterior de origen mexicano, principalmente en las tasas de interés nacionales son relevantes, pues determinan los intereses pagados sobre la deuda interna en manos de residentes del exterior.

Estados Unidos, a sus parientes. Este rubro, denominado "remesas familiares", arrojó ingresos por 4,865 millones de dólares en 1997, que es el 92.3 por ciento del total de los ingresos por transferencias.

Durante 1997 la cuenta de capital registró un superávit de 15,411 millones de dólares, monto que supera considerablemente al de 4,069 millones de dólares de 1996. Esta favorable evolución de los flujos de capital del exterior es reflejo del mayor y mejor acceso de nuestro país a los mercados internacionales de capital y de la recuperación económica. Ello condujo a una mejor percepción del riesgo-país para México y se combinó con una favorable situación de liquidez en los mercados financieros internacionales durante la mayor parte del año, aunque es pertinente señalar que dicha situación se revirtió parcialmente en el último trimestre del año, a raíz de la crisis asiática. El mayor acceso a los mercados internacionales de capital se dio tanto para el sector público como para el privado. Asimismo, el grueso de los recursos fue de naturaleza estable, es decir, de capital de largo plazo (ver gráfica 26). En lo específico, el superávit de la cuenta de capital en 1997 se originó de los siguientes factores: inversión extranjera directa sin precedente histórico; significativo desendeudamiento del sector público; moderado flujo de inversión de cartera en el mercado accionarlo; aumento de los pasivos del sector privado con el exterior, principalmente de los de largo plazo; y entrada de recursos a través del renglón de activos externos.

Durante 1997 la evolución de la inversión extranjera directa fue muy favorable. Por este concepto ingresaron al país 12,478 millones de dólares, la cifra más alta alcanzada por nuestro país. Ello es evidencia de que en México existen amplias oportunidades para llevar a cabo proyectos rentables de inversión8.

La inversión extranjera de cartera ascendió a 3,800 millones de dólares en 1997, con el siguiente desglose: 3,215 millones de dólares de inversión a través del mercado accionarlo y 585 millones por la adquisición neta por parte de extranjeros de valores denominados en moneda nacional (mercado de dinero). Con esto, en 1997 el renglón de inversión extranjera total (directa y de cartera) sumó 16,278 millones de dólares, de los cuales más de tres cuartas partes fue inversión directa.

Durante 1997 el sector público realizó amortizaciones netas de deuda externa por 7,716 millones de dólares9. De ese total, 2,192 millones de dólares correspondieron a la banca de desarrollo y 5,524 millones constituyeron pagos netos efectuados por el sector público no bancario. Este último dato refleja principalmente los pagos anticipados por 3,500 millones de dólares hechos por el gobierno federal al Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, habiendo quedado saldado el total vigente. Además, la oferta de recursos para México en los mercados financieros internacionales permitió que el sector público pudiese llevar a cabo diversas operaciones financieras que lograron disminuir el costo y mejorar el perfil de vencimientos de la deuda pública externa. Aprovechando ese favorable entorno, en 1997 el sector público realizó 20 colocaciones de valores en el exterior por un monto de 8,904 millones de dólares.

En 1997 el Banco de México efectuó amortizaciones de pasivos con el Fondo Monetario Internacional por 3,487 millones de dólares, lo cual incluyó algunos pagos anticipados. Por su parte, la banca comercial también realizó amortizaciones netas de pasivos con el exterior por 1,869 millones de dólares. En contraste, el sector privado no bancario registró en 1997 un endeudamiento externo neto de 5,489 millones de dólares. Cabe señalar que 4,851 millones de dólares de este endeudamiento se obtuvo mediante colocaciones de valores en los mercados financieros internacionales a plazos superiores a cinco años.

El renglón de activos de residentes mexicanos en el exterior arrojó en 1997 una entrada de recursos por 6,716 millones de dólares. Ello fue principalmente resultado de una desacumulación de activos en el exterior por parte del gobierno federal (3,959 millones de dólares), recursos utilizados en enero de 1997 para financiar parcialmente los pagos anticipados de pasivos externos a que se hace referencia en párrafos anteriores.

La combinación de un déficit de 7,448 millones de dólares en la cuenta corriente, de un superávit de 15,411 millones de dólares en la cuenta de capital, de ajustes negativos por la valuación de las reservas por 18 millones de dólares y de una entrada de recursos por 2,549 millones de dólares en el rubro de errores y omisiones, dieron lugar a un incremento de la reserva internacional neta del Banco de México por 10,494 millones de dólares durante 199710. Con esto, el saldo de estas reservas11 al 31 de diciembre de 1997 llegó a 28,003 millones de dólares, en tanto que el de los activos internacionales 2 netos cerró en 19,824 millones de dólares.12.

II.4. Inflación
II.4.1. Precios al Consumidor

La inflación observada durante 1997 tuvo una importante reducción con respecto a la del mismo lapso de 1996. Como puede apreciarse en la gráfica 27 y el cuadro 15, el crecimiento acumulado del lndice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) durante el periodo en cuestión ascendió a 15.7 por ciento, cifra muy cercana a la meta anual de 15 por ciento que se tenía para el año y que es 12 puntos porcentuales menor que la correspondiente a 1996.

Por lo que hace a la inflación mensual, la tasa de cada uno de los doce meses del año fue muy inferior a la correspondiente a 1996 y la más baja desde 1994. Los meses de mayo, junio, julio, agosto y octubre de 1997 tuvieron por primera vez desde 1994 inflaciones mensuales menores a un punto porcentual (ver gráfica 28 y cuadro 15).

En lo específico, cabe destacar que la inflación en enero de 1997 ascendió a 2.57 por ciento (la mayor variación mensual en dicho año). Esta tasa se vio particularmente influida por las variaciones del tipo de cambio ocurridas en los últimos meses de 1996 y por los aumentos de los salarios mínimos y de algunos precios y tarifas del sector público contemplados en la Alianza para el Crecimiento Económico (ACE), los cuales entraron en vigor en diciembre de ese año. Tal fue el caso de las cotizaciones para las gasolinas, diesel y electricidad, que se ajustaron 8 por ciento al inicio de diciembre de 1996 (además de quedar sujetas a un desliz mensual durante 1997). Si bien los efectos inflacionarios directos y una parte de los indirectos de esos ajustes se recogieron en la inflación de diciembre de 1996, el resto de las repercusiones inflacionarias indirectas se heredaron a los primeros meses de 1997, en particular a enero. El mismo tipo de impacto tuvo la elevación de los salarios mínimos (de 17 por ciento) ocurrida el 3 de diciembre de 1996. A lo anterior habría que agregar los efectos de otros aumentos de precios importantes durante enero de 1997, como fueron los de la tortilla, la masa, la leche y el servicio telefónico local.

Al diluirse el impacto de los factores señalados, durante febrero, marzo y abril la tasa de inflación mensual siguió una marcada trayectoria descendente, con crecimientos respectivos de 1.68, 1.24 y 1.08 por ciento. Cabe destacar que esta última variación fue cercana a un tercio de la ocurrida en abril de 1996 (2.84 por ciento). Esta importante reducción en la inflación mensual de abril de 1997 se explica porque en dicho mes no hubo aumentos adicionales de precios públicos ni revisiones extraordinarias de los salarios mínimos, tal como había sucedido en el mismo mes de los dos años anteriores. Otro elemento que propició la reducción de la inflación a partir de abril, fue el adelanto de la temporada de lluvias, lo cual favoreció la producción de legumbres y frutas y redundó en menores precios para esas mercancías.

Varios factores contribuyeron a que se reforzaran las expectativas inflacionarias a la baja y a que la inflación mensual continuara reduciéndose en los meses subsecuentes. Entre éstos destacan la evolución de la inflación - menor a la esperada por el mercado- durante los cuatro primeros meses del año, una aplicación efectiva de las políticas monetaria y fiscal conforme a lo programado13, la estabilidad relativa del tipo de cambio y los favorables factores climatológicos ya mencionados. Así, durante mayo, junio, julio y agosto los aumentos mensuales del INPC llegaron respectivamente a 0.91, 0.89, 0.87 y 0.89 por ciento.

Algunos factores estacionales contribuyeron a que la tasa mensual de inflación registrara variaciones muy dispares en los meses de septiembre, octubre y noviembre (1.25, 0.80 y 1.12 por ciento, respectivamente). Tradicionalmente, en septiembre se elevan las colegiaturas, como consecuencia del inicio del nuevo ciclo escolar, lo que tiene un marcado impacto alcista en el índice de precios. La inflación mensual retomó en octubre el comportamiento que venía mostrando antes de septiembre, por lo que en ese mes la inflación mensual fue la menor ocurrida desde finales de 1994. En noviembre terminó la vigencia de las tarifas eléctricas de verano (que son relativamente más bajas) en un considerable número de zonas urbanas del país, lo que ejerció presiones alcistas estacionases sobre la tasa mensual de inflación. Además, la inflación de noviembre de 1997 se vio influida por los efectos iniciales de la considerable depreciación que sufrió la moneda nacional durante finales de octubre e inicios de noviembre.

En diciembre, el ascenso del INPC fue de 1.40 por ciento, en virtud de que a los efectos inflacionarios rezagados de la depreciación de la moneda, se agregaron aumentos en los precios de las gasolinas y del Metro en la ciudad de México. Conviene destacar que estas últimas alzas de precios fueron significativamente menores a las acontecidas en los dos años inmediatos anteriores, y que entraron en vigor hasta la segunda quincena de diciembre. También es de señalar que el incremento de los salarios mínimos correspondiente a 1998 se hizo efectivo hasta el primer día de ese año, por lo que no afectó a la inflación de diciembre de 1997.

Por lo que hace a la tasa anual de inflación observada durante 1997, su comportamiento siguió el patrón descendente ininterrumpido que se inició en enero de 1996. De acuerdo con lo anterior, dicha tasa pasó de 52.0 por ciento en diciembre de 1995 a27.7 en el mismo mes de 1996 y a 15.7 por ciento en diciembre de 1997.

Otro aspecto de interés respecto al comportamiento de los precios durante 1997, es que durante este periodo se agotó la transmisión a los precios de los bienes comerciables del impacto de los principales ajustes cambiarios que ocurrieron a partir de diciembre de 1994. Como se puede apreciar en la gráfica 29, el crecimiento durante 1995 y 1996 de los precios de los bienes comerciabas con respecto a su nivel de noviembre de 1994 fue substancialmente inferior al del tipo de cambio. La transmisión relativamente lenta de los choques cambiarios a los precios de los bienes comerciabas durante 1995 y 1996 se explica fundamentalmente por la gran debilidad de la demanda agregada en esos años. Pero la expansión de esta última, aunada a la relativa estabilidad del peso, permitieron que durante 1997 haya quedado eliminado el rezago comentado14 .

Lo anterior comprueba que los movimientos cambiarios tienen un impacto importante sobre los precios de las mercancías, pues éstas son en su gran mayoría comerciables internacionalmente o contienen insumos importados, y que la velocidad de transmisión depende de la situación de la demanda agregada. Por tanto, un comportamiento relativamente estable del tipo de cambio -como el observado en lo general durante 1997-, se debe reflejar en menores incrementos de los precios de las mercancías. Esto es lo que se desprende del cuadro 16, en el cual se muestra la evolución descendente de las variaciones de los últimos doce meses de los precios de las mercancías que forman parte de la canasta de referencia del INPC. En dicho cuadro también es de resaltarse la tendencia decreciente de las variaciones anuales de los precios de los servicios, la cual se vio acentuada en diciembre por los moderados aumentos en ese mes de las tarifas del Metro, de los servicios eléctricos y de la telefonía local y del precio de las gasolinas con respecto a los ocurridos en diciembre de 1996.

II.4.2. Abastecimiento de bienes básicos
 
Durante 1997, el nivel de abastecimiento de los bienes básicos se acercó a su máximo histórico y, en promedio, fue sustancialmente mejor que los observados en 1995 y 1996, años en que ocurrieron casos aislados de desabasto de mercancías. Considerando el indicador de que se dispone para medir el abasto, durante 1997 el nivel promedio de ese indicador se situó tan sólo 0.1 puntos porcentuales por debajo de su máximo nivel histórico alcanzado en 1994, que fue de 98.8 por ciento en una escala de 0 a 100 por ciento, donde esos extremos representan respectivamente abasto nulo y total (ver gráfica 30). El satisfactorio nivel de abasto de bienes básicos alcanzado en 1997 fue resultado de la política de mantener flexibles sus precios.

La experiencia histórica indica que prácticamente en ninguna economía es posible mantener el abastecimiento en un nivel de 100 por ciento para todos los productos, aun cuando no haya restricción alguna al ajuste de precios o sobre las actividades industriales y comerciales. La disponibilidad inmediata del surtido completo de mercancías en todas las tiendas implicaría precios inconvenientes para el consumidor, dado el costo de los inventarias adicionales que tal abastecimiento requeriría.

II.4.3. Precios Productor

En el transcurso de 1997, la variación del Indice Nacional de Precios Productor registró, al igual que en el caso de los precios al consumidor, una importante reducción respecto a la observada durante el mismo periodo de 1996. Como se aprecia en la gráfica 31, el ascenso acumulado en el periodo aludido por el Indice Nacional de Precios Productor sin petróleo crudo de exportación fue de 13.7 por ciento, variación cercana a la mitad de la ocurrida durante 1996, que fue de 24.8 por ciento.

Durante 1997, las variaciones mensuales de dicho índice fueron sustancialmente menores que las correspondientes a los mismos meses de 1996 (ver gráfica 32). Lo anterior explica la reducción de 11.1 puntos porcentuales que tuvo la inflación anual en 1997 respecto a la del año inmediato anterior.

Por lo que se refiere al Indice de Precios Productor con servicios y sin petróleo, su crecimiento en 1997 ascendió a 15.2 por ciento, alza también sustancialmente menor que la ocurrida en el mismo periodo de 1996 (26.6 por ciento).

En 1997, las ramas de actividad económica que mostraron los mayores ascensos de precios fueron: beneficio y molienda de café, equipos y aparatos eléctricos, molienda de maíz y sus productos, bebidas alcohólicas, productos de minerales no metálicos, extracción y beneficio de mineral de hierro, y comunicaciones.

En el propio año, las actividades que enfrentaron los mayores aumentos en los precios de sus materias primas fueron: Beneficios y molienda de café, azúcar y derivados, extracción y beneficio de mineral de hierro, productos de minerales no metálicos, molienda de maíz y sus productos, y servicios médicos.

Por lo que hace a los precios del comercio exterior, durante 1997, el índice de términos de intercambio tuvo, en promedio, un deterioro de 1.6 puntos porcentuales respecto a su nivel de 1996 (ver gráfica 33). Cabe señalar que la disminución de dicho índice de diciembre de 1996 a diciembre de 1997 fue aún más pronunciada, al llegar a 5.6 por ciento. Esto último responde, en buena medida, a la caída del precio del crudo de exportación desde octubre pasado.

II.5. Finanzas Públicas15

Durante 1997, la política económica se orientó a consolidar la estabilidad macroeconómica, elemento esencial para incrementar los niveles de empleo e ingresos reales de la población, y promover la ampliación de la capacidad productiva del país. Para alcanzar estos fines fue necesario preservar la salud de las finanzas públicas y adoptar una política monetaria orientada al abatimiento de la inflación. Con ello se consiguió disminuir la tasa de interés real interna y, por ende, estimular el crecimiento económico sin crear presiones inflacionarias. Las finanzas públicas tuvieron como reto adicional crear espacios suficientes para sufragar los costos derivados de la reforma a la seguridad social, de los programas de apoyo a los deudores y del saneamiento del sector financiero en general.

A fin de contribuir al crecimiento económico, la política fiscal impulsó la inversión en infraestructura básica, tanto con recursos públicos como privados, concedió estímulos fiscales al empleo y a la inversión, inyectó mayores recursos al desarrollo social, y racionalizó el gasto corriente ajeno a los programas sociales y a la producción de bienes y servicios.

En materia de ingresos públicos, las acciones se dirigieron a fortalecer las bases permanentes de la recaudación y a procurar una distribución más equitativa de la carga fiscal. Esto, mediante la ampliación del padrón de contribuyentes, así como mediante la adopción de adecuaciones tributarias. Estas últimas consistieron en disposiciones encaminadas a fomentar y facilitar el cumplimiento y pago oportuno de las obligaciones y a fortalecer la capacidad fiscalizadora de la autoridad.

Por su parte, la política de gasto público se encaminó a promover la actividad económica, mediante acciones en las siguientes esferas: mayor inversión en proyectos de infraestructura; elevación del bienestar de la población, a través de una mayor asignación de recursos a la seguridad social, educación y salud; y aumento de la eficiencia y calidad de las erogaciones públicas. En este último punto destaca el adelanto en el proceso de federalización del gasto. Este consiste en descentralizar los recursos y la responsabilidad de la aplicación de las erogaciones públicas hacia las autoridades locales. Un ejemplo de ello fue que en el año objeto de este informe se avanzó de manera importante en el proceso de federalización de los servicios de salud destinados a la población abierta16. Ello, al quedar coordinados bajo una sola autoridad estatal tanto los servicios de salud locales como los que antes eran proporcionados por la SSA y el Programa Solidaridad-IMSS.

II.5.1. Las Finanzas Públicas según cifras de Ingreso-Gasto

No obstante la favorable evolución de los ingresos y la racionalización del gasto público, en 1997 el sector público no financiero cerró el ejercicio con un déficit económico de caja de 24.6 miles de millones de pesos (mmp). En relación al tamaño de la economía, dicho resultado correspondió al 0.8 por ciento del PIB, con lo que se rebasó el déficit previsto en el documento de Criterios Generales de Política Económica (CGPE) para ese año, que era de 0.5 puntos del producto (ver cuadro 17). Este resultado se explica principalmente por el costo fiscal de los programas de alivio a deudores y de saneamiento financiero que ascendió a 39.8 mmp y que considera de manera extraordinaria 29.0 mmp por encima de lo programado; si no se incluye este costo, se obtiene un superávit económico de caja por 15.2 mmp equivalente a 0.5 por ciento del PIB.

Por su parte, el superávit económico primario cerró conforme a lo programado, en 1 1 0. 1 mmp, equivalente a 3.5 por ciento del PIB. Ello representó una disminución de 0.9 puntos porcentuales del producto en relación al nivel alcanzado por esa variable el año anterior (ver cuadro 17). Esa diferencia se explica, principalmente, por una expansión de 0.7 puntos del PIB del gasto primario presupuestal. A esta expansión contribuyó un mayor pago por participaciones a los estados y municipios, el crecimiento de la inversión17 pública en proyectos energéticos y de comunicaciones, y el fortalecimiento de los programas de desarrollo social, incluyendo un mayor gasto en educación y salud, y las obligaciones que asumió el gobierno federal a raíz de la entrada en vigor de la nueva Ley del Seguro Social (LSS).

II.5.2. Ingresos Públicos

En 1997, la política de ingresos se orientó a fortalecer las fuentes permanentes de la recaudación tributaria, a mantener niveles adecuados en los precios y tarifas públicos, además de fomentar la inversión y el empleo. Todas estas medidas se instrumentaron en el marco de la Alianza para el Crecimiento (AC). Para el logro del primer fin, se aprobaron diversas disposiciones tendentes a combatir la evasión y la elusión fiscales, a simplificar la administración tributaria, a fortalecer la seguridad jurídica de los contribuyentes y a reforzar la capacidad fiscalizadora de la autoridad.

Por su parte, los ajustes de precios y tarifas públicas se llevaron a cabo mediante aumentos discretos y deslices mensuales. Los primeros se aplicaron en diciembre de 1996. Por su parte, los deslices estuvieron vigentes el resto del tiempo. Esta estrategia tuvo por objeto preservar el nivel real de los ingresos públicos, a la vez que aminorar y distribuir en el tiempo el impacto inflacionario de dichos ajustes.

La variación del precio de la canasta de los bienes y servicios públicos (incluyendo los administrados y subsidiarios por el gobierno federal) rebasó a la inflación anual en 1.6 puntos porcentuales. En particular, algunos rubros de la referida canasta experimentaron un aumento aún mayor; tal es el caso de: gas doméstico (13.3 puntos porcentuales por encima de la inflación anual), tortilla de maíz (8.7 puntos porcentuales) y transporte ferroviario de pasajeros (1.9 puntos porcentuales).

A fin de continuar promoviendo la inversión y el empleo, el gobierno federal decidió extender, por un año más, algunos de los estímulos fiscales otorgados en 1996. Dentro de esta política destacan los siguientes casos: exención del Impuesto al Activo Fijo (IMPAC) de las empresas con ingresos anuales de hasta 8.9 millones de pesos; deducción del 62.5 por ciento de la inversión excedente respecto a su nivel de 1995; crédito fiscal por la creación de nuevos empleos en relación al promedio registrado el año anterior; y deducción inmediata hasta por el 71 por ciento de la inversión en automóviles nuevos18. A estos estímulos habría que agregar la ampliación del alcance y la vigencia del Programa de Apoyo a Deudores del Fisco Federal (PROAFI)19.

Durante 1997, el sector público no financiero obtuvo ingresos presupuestales por 730.4 mmp, monto que representó un crecimiento de 4.2 por ciento en términos reales sobre la cifra del año anterior. En relación al tamaño de la economía, dicha cifra significó una reducción de 0.2 puntos porcentuales del PIB con respecto al nivel del año pasado, al ubicarse en 23.0 por ciento del PIB. El incremento real en los ingresos se debió fundamentalmente al desempeño del componente no petrolero, que creció 6.6 por ciento a precios constantes. Por su parte, el componente petrolero sólo avanzó 0.3 por ciento una vez descontada la inflación. En relación con su nivel del año pasado, la participación del componente no petrolero en el total de las percepciones presupuestases aumentó ligeramente, al pasar de 62.0 a 63.4 por ciento. Si bien este incremento fue satisfactorio, aún persiste una gran dependencia de los ingresos públicos con respecto a los ingresos petroleros, los cuales responden al comportamiento del mercado petrolero mundial.

La expansión de los ingresos no petroleros obedeció al dinamismo de la recaudación tributaría y de las percepciones del sector paraestatal bajo control presupuesta¡ directo, conceptos que crecieron respectivamente 8.8 y 2.020 por ciento en términos reales. Por su parte, el moderado crecimiento de los ingresos petroleros se debió a la reducción en el precio promedio del petróleo mexicano de exportación, el cual retrocedió 2.47 dólares por barril respecto a su nivel del año pasado. Este efecto, sin embargo, resultó parcialmente compensado por una mayor plataforma de exportación de petróleo crudo y de ventas internas de productos petrolíferos.

En 1997 el gobierno federal obtuvo ingresos por 503.3 mmp, lo cual implicó un crecimiento real de 6.2 por ciento respecto al nivel de 1996 (ver cuadro 18). Ello, como resultado de la recaudación tributaria que creció 14.0 por ciento a precios constantes. El favorable comportamiento de los ingresos tributarios se explica por la concurrencia de tres factores que estimularon la expansión de dicha recaudación: el dinamismo de la actividad económica del año que se reporta, !as medidas de fiscalización aplicadas a partir de abril de 1996 y las reformas tendientes a mejorar el cumplimiento fiscal de los contribuyentes, las cuales entraron en vigor en enero de 1997. Por su parte, los ingresos no tributarios cayeron en 4.3 por ciento en términos reales. Esto se explica principalmente por la disminución del pago de derechos, los cuales se redujeron 3.4 por ciento a precios constantes (efecto de la caída en el precio internacional del petróleo).

El sector paraestatal bajo control presupuestal directo registró ingresos propios por 235.6 mmp, para lograr en 1997 un moderado incremento anual de 0.3 por ciento en21 términos reales. La relativa estabilidad de esos ingresos se explica en razón de que la baja en el precio internacional del petróleo y la reducción de las cuotas al IMSS ocasionada por la entrada en vigor de su nueva ley, fueron ligeramente compensadas por dos factores: mayores ventas internas de bienes y servicios públicos (reflejo de la actividad económica del país) e incremento de los ingresos del ISSSTE.

En cuanto a Pemex, sus ingresos anuales ascendieron a 85.8 mmp, cifra que representó un decremento de 3.1 por ciento en términos reales con respecto al nivel del año anterior22. Tal comportamiento se explica por la disminución del precio de la mezcla del crudo de exportación, que pasó de un promedio anual de 18.94 dólares por barril en 1996 a 16.47 en 1997. Como se indicó líneas atrás, esta baja en el precio fue parcialmente compensada por un mayor volumen exportado de petróleo crudo y mayores ventas internas de productos petrolíferos. De esta forma, en 1997 la plataforma petrolera de exportación alcanzó un volumen promedio de 1,719 millones de barriles diarios, 11.3 por ciento mayor a su nivel del año pasado.

El ingreso de los organismos y empresas no petroleras bajo control presupuestal directo creció 2.3 por ciento a precios constantes en 1997. Entre las entidades que contribuyeron a este resultado destacan, por su importancia relativa, la CFE y el ISSSTE, cuyas percepciones aumentaron 12.5 y 4.1 por ciento, respectivamente. En el caso de la primera de esas entidades, el incremento se explica, principalmente, por la mayor demanda de energía eléctrica (7.3 por ciento). En el caso del ISSSTE, lo que explica el incremento de sus ingresos fue un mayor número de asegurados (maestros y personal médico), el aumento de los salarios reales de los derechohabientes y el mejor cumplimiento de las dependencias y entidades del sector en el entero de sus cuotas.

 
II.5.3. Gasto Público

En 1997, la política de gasto público le dio impulso a la inversión y a las actividades productivas. Asimismo, por conducto de esa política se buscó elevar el nivel del bienestar de la población, al reducir las diferencias entre los grupos sociales y las regiones geográficas, e incrementar la calidad y la cantidad de los bienes y servicios públicos ofrecidos con la misma dotación de recursos fiscales.

Para alcanzar los objetivos citados, se reasignó el gasto público en favor de una mayor inversión en proyectos energéticos y de comunicaciones, y en capital humano. Este último objetivo se buscó mediante la canalización de mayores recursos a programas de salud, educación y nutrición. Asimismo, mediante la racionalización del gasto, se creó espacio en las erogaciones públicas con el fin de cubrir los costos fiscales causados por la nueva Ley del Seguro Social (LSS) y los apoyos al sistema financiero. Cabe recordar que la nueva LSS implicó para el gobierno federal la asunción de varias obligaciones: primero el pago de pensiones en curso y las que se generen al amparo de la anterior LSS; segundo, incremento de su participación en las contribuciones al Seguro de Enfermedades y Maternidad; y, finalmente, aportación de una cuota social al fondo de retiro de los trabajadores.

Aunado a los remanentes generados por el crecimiento en los ingresos públicos, la política de deuda pública y la favorable evolución de la economía mexicana y del mercado de crédito internacional también contribuyeron a la apertura de márgenes de acción en el gasto. Esto, al reducir el costo financiero de la deuda y mejorar su perfil de vencimientos. Así, los intereses presupuestases disminuyeron su participación dentro del gasto público total, al pasar de 18.9 por ciento en 1996 a 17.2 por ciento un año después.

Durante 1997, el gasto público presupuesta¡ ascendió a 752.0 mmp, con un crecimiento real anual de 6.7 por ciento. En relación al tamaño de la economía, dicha cifra alcanzó 23.5 puntos porcentuales del PIB, con lo cual se rebasó la meta prevista y el nivel registrado el año anterior (23.3 y 23 puntos del producto, respectivamente). El crecimiento real del gasto presupuesta¡ se explica por la expansión de 8.9 por ciento del gasto primario, ya que el costo financiero de la deuda pública se contrajo 2.8 por ciento.

Dentro del gasto primario, los rubros más dinámicos fueron el gasto en capital físico, las erogaciones correspondientes a los programas de apoyo al bienestar social y las participaciones a los estados y municipios. En el año este último concepto creció 10.5 por ciento a precios constantes, como resultado del incremento de los ingresos tributarios del gobierno federal, así como de la reanudación del cobro del Impuesto sobre Automóviles Nuevos. Como es sabido, este impuesto es participaba en su totalidad y había sido suspendido en 1996. Por su parte, la inversión física pública aumentó 8.3 por ciento con respecto a su nivel del año pasado. Esto gracias a que se destinaron mayores recursos a la producción de hidrocarburos, a la generación y distribución de electricidad, así como al desarrollo de infraestructura de comunicaciones y transportes. Finalmente, los programas de impulso al bienestar social se orientaron a atender necesidades básicas de la población en materia de educación, salud, abasto y asistencia social, así como a ofrecer apoyos a las comunidades afectadas por desastres naturales.

Con el fin de modificar las circunstancias causantes de la pobreza, y romper el círculo vicioso en el que se encuentran inmersas las familias en dicha condición, el gobierno federal inició en 1997 el Programa de Educación, Salud y Alimentación (PROGRESA). Este programa responde a un enfoque de largo plazo, de carácter integral y continuo. La idea es la de asegurar la entrega de un paquete básico de educación, alimentación y salud, que refuerce las complementariedades entre estos satisfactores y que proporcione a las familias pobres mayores posibilidades de elevar su nivel de bienestar.

Conviene aclarar que, a partir de 1997, la capacidad de producción del sector público no sólo depende de la inversión pública propiamente dicha, sino también de los proyectos de infraestructura productiva financiados con recursos privados (los llamados PIDIREGAS). La principal característica de estos proyectos es que su construcción es financiada por el sector privado, pero una vez puestos en operación los pasivos así causados se reconocen como deuda pública y comienzan a ser pagados con los recursos que los mismos proyectos generan. En otras palabras, la idea sobre la que descansan esos proyectos es que sean autofinanciables. Los proyectos que bajo este esquema avanzaron en el año objeto de este informe fueron los siguientes: el de Cantarelí y el de la Cuenca de Burgos (PEMEX); el de Salamayuca II, el Petacalco y el del gasoducto de Petacaico (CFE); y los tramos carreteros de la Rumorosa-Tecate y Querétaro-Palmillas (SCT). En conjunto, en 1997 esos proyectos demandaron una inversión por 7.3 mmp.

En 1997, el costo financiero de la deuda pública presupuestal ascendió a 129.6 mmp, equivalente a 4.1 por ciento del PIB. Respecto al monto del año pasado, dicho pago representó una contracción de 2.8 por ciento en términos reales y de 0.3 puntos porcentuales en relación al PIB. Tales reducciones se explican por el descenso de las tasas de interés internas y por las mejores condiciones para el servicio de la deuda pública, las cuales se manifestaron en un menor costo financiero y una mejoría en el perfil de vencimientos. En 1997 los intereses internos de la deuda cubrieron el 2.5 por ciento del PIB, mientras que los externos el 1.6 por ciento. En contraste, en 1996 dichos porcentajes fueron respectivamente de 2.3 y 2.1 por ciento. Cabe aclarar que al igual que en los dos años anteriores, en 1997 en el componente interno de los intereses se incluya el costo de los programas de alivio a deudores y de saneamiento financiero, el cual ascendió el año pasado a 1.3 puntos porcentuales del PIB.

 
II.5.4. Proceso de Desincorporación de Empresas Paraestatales

Al igual que en años anteriores, en 1997 continuó el proceso de desincorporación de entidades parestatales. En el año reportado, dicho proceso se concentró en los sectores de telecomunicaciones, ferrocarriles y puertos. Dentro de las desincorporaciones más relevantes, destacan las ventas del Ferrocarril del Noreste, Ferrocarril del Pacífico Norte y Satélites Mexicanos.

Asimismo, en 1997 se crearon 11 entidades paraestatales23 y se inició el proceso de desincorporación de otras 7. Con ello, el universo de entidades vigentes se amplió en relación al año anterior, al pasar de 185 a 189. Dicho universo quedó integrado por 71 organismos descentralizados, 95 empresas de participación estatal mayoritaria y 23 fideicomisos públicos.

Por convención, el universo citado anteriormente no incluye a las 42 entidades que quedaron en proceso de desincorporación al cierre del año que se reporta. Esta cifra proviene de sumar a los 44 procesos pendientes de 1996, los 8 iniciados en 1997 y restar los 1024 que culminaron en este último año.

A fin de fortalecer la planta productiva del país, y en forma complementaria a los procesos de desincorporación, en 1997 se prosiguió con los cambios al marco legal y regulatorio de la economía. Dichos cambios han permitido y alentado la participación de los sectores privado y social en áreas tradicionalmente reservadas al Estado, o bien, que estaban sujetas a una regulación excesiva.

III. POLITICA MONETARIA, CAMBIARIA Y MERCADOS FINANCIEROS

Durante 1997 se avanzó considerablemente en la procuración de la estabilidad macroeconómica. Entre los favorables resultados obtenidos, destaca la reducción sostenida de la inflación, de las expectativas inflacionarias y de las tasas de interés, lo cual no sólo apoyó al proceso de inversión, sino que también facilitó la corrección del grado de sobreendeudamiento que aquejaba a las familias y a las empresas, dándoles una mayor capacidad de gasto. Paralelamente, se fortaleció el ahorro interno, lo que augura un mayor impulso futuro al crecimiento económico, al empleo, a la productividad laboral y al salario real.

En particular, en 1997 la tasa anual de variación del Indice General de los Precios fue de 15.7 por ciento, cifra muy cercana al objetivo de 15 por ciento establecido al inicio del año y sustancialmente inferior al nivel de cierre de 1996, de 27.7 por ciento. Lo que hace todavía más significativa esta reducción de 12 puntos porcentuales en la tasa de inflación fue que coincidió con un crecimiento del PIB real de 7.0 por ciento, la mayor tasa de crecimiento económico de los últimos 16 años. Este es el tipo de resultados que le dan validez a la convicción que mantiene la Junta de Gobierno del Banco de México, de que es a través de buscar la estabilidad de precios como la política monetaria puede hacer su mayor contribución al desarrollo económico del país.

A continuación se describe en detalle la política monetaria seguida durante 1997 y se evalúa su contribución al abatimiento del ritmo del crecimiento de los precios, en conjunción con la importante participación del resto de las políticas económicas en dicho proceso.

III.1 Política Monetaria

En enero de 1997, el Banco de México presentó los principales lineamientos de su programa monetario en el documento "Exposición sobre la Política Monetaria para 1997". Dicho programa tenía como objetivo coadyuvar al abatimiento de la tasa anual de inflación a 15 por ciento al cierre de diciembre de 1997.

Los componentes del citado programa fueron los siguientes:

i) En la versión original del programa, el Banco de México se comprometió a no efectuar operaciones de mercado abierto con el objeto de generar saldos acumulados positivos en el conjunto de las cuentas corrientes que lleva a las instituciones de crédito, es decir, el instituto central se comprometió a no usar "largos". Esta medida la adoptó el instituto emisor con el objeto de disipar cualquier duda sobre si adoptaría una política monetaria expansiva en anticipación de las elecciones federales de junio de 1997. La prescindencia temporal del instrumento señalado se levantó en septiembre pasado, en respuesta a las consideraciones que se presentan más adelante en esta sección.
ii) Para que el público contara con un elemento adicional de información y análisis, el Banco de México decidió publicar la trayectoria diaria esperada de la base monetaria para el año que en principio era congruente con una inflación de 15 por ciento, siempre y cuando se materializaran los supuestos adoptados de crecimiento del PIB, de tasas de interés y de remonetización.
iii) Con el propósito de dar seguridades de que no se generarían presiones inflacionarias mediante la expansión indebida del crédito interno neto del banco central, se incorporaron en el programa monetario límites trimestrales a la variación de dicho crédito.
iv) Se estableció también un compromiso mínimo de acumulación de activos internacionales netos.
v) Por último, se previó que el Banco de México podría variar las condiciones de suministro de su crédito interno, poniendo "corto" al sistema bancario, con el objeto de promover el orden en los mercados cambiario y de dinero.
III.1.1 Evaluación del Programa Monetario desde la Perspectiva del Cumplimiento de su Objetivo Principal

El programa monetario para 1997 puede ser evaluado desde la perspectiva del cumplimiento de su objetivo principal: que la política monetaria contribuyera al abatimiento de la tasa de inflación al 15 por ciento en diciembre de 1997. En ese año, la inflación anual disminuyó 12 puntos porcentuales (ver gráfica 34), de 27.7 por ciento en diciembre de 1996 a 15.7 por ciento en el mismo mes correspondiente a 1997, cifra esta última muy cercana al objetivo.

Si bien el crecimiento del INPC de enero a diciembre de 1997 se aproximó bastante a la meta anual de 15 por ciento, cabría haber esperado una mayor reducción de la inflación en ese periodo, en virtud de la relativa estabilidad mostrada por el tipo de cambio. En efecto, mediante modelos econométricos de simulación se ha estimado que la inflación acumulada de enero a diciembre, congruente con el comportamiento observado del tipo de cambio, hubiese sido de 13.3 por ciento. De acuerdo a lo anterior, podría decirse que el crecimiento del INPC durante 1997 resulto 2.4 puntos porcentuales por encima de lo que se hubiera esperado dado el comportamiento del tipo de cambio (15.7 por ciento menos 13.3 por ciento). Dicho diferencial puede explicarse por los siguientes factores:

i. En el periodo enero-diciembre de 1997, los precios de algunos bienes y servicios básicos, tanto públicos como privados, tuvieron aumentos muy superiores a los originalmente previstos. Los casos más sobresalientes fueron los de los precios del servicio telefónico local (62.5 por ciento), las tenencias y seguros de automóviles (47.1 por ciento), los medicamentos (25.9 por ciento), el gas doméstico (29.1 por ciento) y la tortilla (24.4 por ciento)25. El cuadro 19 reporta el impacto de cada una de esas alzas imprevistas de precios sobre el índice general. Como se aprecia en dicho cuadro, la variación no prevista del INPC causada por los conceptos señalados explica 1.3 puntos porcentuales de la inflación observada de 15.7 por ciento.

ii. Se tiene la hipótesis de que durante los primeros meses de 1997, algunos precios de bienes comerciables no reflejaron los efectos de un tipo de cambio relativamente estable. Esto, en razón de que es probable que dichos precios hayan sido establecidos, en el contexto de una mayor demanda agregada, con base en expectativas cambiarias, las cuales resultaron ser bastante superiores26 a la realidad. La hipótesis anterior se sustenta en el hecho de que de enero a diciembre de 1997 la inflación observada en el conjunto de los bienes comerciables ascendió a 15.3 por ciento, cifra superior a una estimación de dicha inflación (12.8 por ciento) efectuada mediante un modelo que explica el comportamiento de los precios de los bienes comerciables en función, entre otras variables, de la trayectoria del tipo de cambio. Esta causa podría explicar 0.9 puntos porcentuales de la inflación observada en 1997.

Así, la estimación es que los dos factores apuntados contribuyeron con 2.2 puntos porcentuales al crecimiento del INPC de enero a diciembre. Por tanto, esos factores explican casi la totalidad de la inflación no esperada que fue de 2.4 puntos porcentuales.

En todo caso, el avance en la lucha antiinflacionaria fue significativo, lo cual se logró gracias a la congruencia entre los distintos aspectos de la política económica, incluyendo los concernientes a la moneda.

La congruencia de las políticas adoptadas ha sido efectiva para lograr un ajuste a la baja de las expectativas inflacionarias. La gráfica 35 muestra la evolución en el transcurso del año de la inflación esperada para el cierre de 1997 (diciembre de 1997 con respecto al mismo mes del año anterior), de acuerdo con la opinión promedio de aproximadamente treinta analistas que el Banco de México encuesta cada mes. Es patente la tendencia decreciente de este pronóstico. En esa misma gráfica se muestran también los promedios de las expectativas inflacionarias para cada uno de los años comprendidos en el periodo 1998-2000 que tenían esos mismos analistas en diciembre de 1997, observándose una clara tendencia decreciente en las expectativas de inflación para cada uno de los años subsecuentes.

Entre los factores que han contribuido a generar expectativas favorables con respecto a la inflación, se encuentra el continuo esfuerzo del Banco de México en llevar a cabo sus operaciones de la manera más transparente posible. En este sentido, el instituto emisor ha diseñado su política de información con el objeto de facilitar el seguimiento de sus acciones. En atención a este criterio, se han tomado las medidas siguientes:

a) presentación y análisis detallado, en publicaciones del instituto central, de los objetivos que persigue el Banco de México y de los instrumentos que utiliza en su consecución;
b) difusión de las políticas y procedimientos de intervención27 del Banco de México en los mercados cambiario y de dinero;
c) publicación diaria del saldo consolidado de las cuentas corrientes de las instituciones de crédito en el Banco de México, del saldo de los billetes y monedas en circulación y del programa de operaciones del instituto central en el mercado abierto para la jornada respectiva;
d) publicación semanal y mensual, con carácter preliminar, de los principales rubros del estado de cuentas del Banco, entre los que destacan la base monetaria, el crédito interno neto y los activos internacionales; y
e) incorporación al sistema Internet tanto de la amplia base de datos con que cuenta este instituto emisor, como de las normas que expide y de las principales exposiciones de la institución y de sus funcionarios.
Como resultado del abatimiento de la inflación, del ajuste a la baja de las expectativas inflacionarias y de la relativa estabilidad del tipo de cambio, durante 1997 se redujeron de manera considerable las tasas de interés (ver gráfica 36).

En el transcurso de 1997, no sólo bajó el nivel de las tasas de interés, sino también su variabilidad. Esto se puede apreciar en el cuadro 20, en el que se muestra el promedio de la tasa de interés de los Cetes a 28 días28 correspondiente a varios años, junto con la variabilidad de dicha tasa (medida a través de la desviación estándar y el coeficiente de variación). La variabilidad de las tasas que se observó durante 1997 fue la más baja desde 1990.

Los descensos observados de las tasas de interés y de su variabilidad durante 1997 fueron de los factores que más impulsaron al aumento de la actividad económica y del empleo. Ello confirma que la mejor contribución que la política monetaria puede hacer al desarrollo económico y al bienestar de la población es concentrarse en la lucha contra la inflación.

III.1.2 Evaluación del Programa Monetario desde la Perspectiva de la Evolución de las Principales Variables Monetarias y de las Acciones de Política

La ejecución del programa monetario para 1997 también puede ser analizado a la luz de la evolución de la base monetaria, de los activos internacionales netos, del crédito interno neto y de la adopción de algunas acciones discrecionales por parte del Banco de México.

a) Base Monetaria

Durante 1997, la base monetaria se incrementó en 24,900 millones de pesos, al pasar su saldo de 83,991 millones de pesos al 31 de diciembre de 1996 a 108,891 millones de pesos a la misma fecha de 1997. Como parte del programa monetario para 1997, el Banco de México publicó un pronóstico de la trayectoria diaria de la base monetaria para dicho año. Este agregado monetario excedió durante la mayor parte de 1997, y en particular desde finales de abril, la banda dentro de la cual era probable que se moviera según el citado pronóstico (ver gráfica 37).

Para evaluar si el comportamiento descrito de la base monetaria tuvo un impacto inflacionario, procede determinar si se creó un exceso de liquidez -la causa más elemental de presiones inflacionarias.

Dada la existencia del régimen de encaje promedio cero vigente durante 1997, los bancos no tenían la obligación ni los incentivos para mantener saldos positivos en sus cuentas corrientes con el Banco de México. Por tanto, si el instituto central hubiera expandido la base monetaria, y esa expansión no hubiera estado correspondida por una mayor demanda de billetes y monedas, el saldo consolidado de los depósitos bancarios en el instituto central29 habría sido positivo y creciente durante la mayor parte del año. De hecho, si la diferencia entre la trayectoria esperada y la observada de la base monetaria hubiera creado un exceso de oferta monetaria (o de liquidez), el saldo consolidado de los depósitos bancarios en el instituto central al cierre de 1997 hubiera sido de aproximadamente 4,300 millones de pesos, cuando dicho saldo al 31 de diciembre del año citado fue de sólo 155 millones de pesos30. Lo anterior es prueba fehaciente que el crecimiento de la base mayor al anticipado no respondió a un intento del banco central de crear un exceso de oferta monetaria, sino de un crecimiento mayor al esperado de la demanda de billetes y monedas, habiéndose preservado por lo general el equilibrio del mercado de dinero.

A la misma conclusión se llega si se recuerda que el Banco de México operó con un objetivo de cero31 para los saldos acumulados de las cuentas que lleva al sistema bancario durante todos los días de 1997. Es decir, en ningún momento el instituto central generó un "largo", sino que mantuvo una postura monetaria neutral. En consecuencia, la evolución observada de la base no fue el resultado en lo absoluto de un relajamiento de la política monetaria.

Lo que sucedió fue que el crecimiento de la demanda de dinero fue mayor al esperado, en respuesta a los siguientes factores:

1 ) El crecimiento económico en el año (7 0 por ciento) fue superior al previsto (4.5 por ciento) cuando se pronosticó la evolución de la base monetaria para el año en curso.
2) Las tasas de interés bajaron más de lo que se supuso al formular el programa monetario. El supuesto original era de una tasa de Cetes a 28 días promedio para 1997 de 21.8 por ciento. El promedio observado fue de 19.8 por ciento. Menores tasas de interés determinan que el costo de oportunidad de mantener billetes y monedas disminuya, por lo que las empresas y las personas sienten entonces menor presión para invertir sus saldos de efectivo.
3) Durante las vacaciones de Semana Santa y en algunos días festivos, se generó una demanda transitoria adicional de billetes y monedas que no fue anticipada.
4) Los gastos efectuados con motivo de las campañas políticas, en antelación de las elecciones federales de julio de 1997, determinaron la transformación de depósitos bancarios en billetes y monedas, ya que los partidos políticos necesitaron hacer retiros de sus bancos para realizar una diversidad de pagos en efectivo. Este factor contribuyó temporalmente en ampliar la desviación entre el desempeño observado de la base y el anticipado.
5) Por último, la caja de efectivo de la banca (que forma parte de los billetes y monedas en circulación) aumentó con gran celeridad durante 1997. Este fenómeno ha respondido primordialmente al gran impulso que el sistema bancario le está dando a las cuentas de ahorro que dan la posibilidad de retiros mediante el uso de tarjetas de débito en lugar de cheques. Otros factores que pueden estar causando transitoriamente un mayor nivel de caja en los bancos es el crecimiento que han tenido los cajeros automáticos, el número de sucursales bancarias y la cobertura geográfica de éstas. Es posible que estos factores estén induciendo temporalmente una mayor demanda de efectivo por parte de la banca, mientras ésta puede identificar con mayor precisión los nuevos patrones de demanda de efectivo que el público está adoptando. Una vez que suceda esto último, sería de esperar que los bancos reduzcan sus existencias en caja.
El efecto de lo señalado en los puntos anteriores sobre la demanda de dinero primario no fue plenamente valorado al estimar la trayectoria de ésta para 1997. Al cierre de ese año, la desviación entre la trayectoria observada y la pronosticada ascendió a 4,320 millones de pesos, de la cual el mayor crecimiento económico y las menores tasas de interés explican casi el 90 por ciento. La contribución de los demás factores a la citada desviación es muy difícil de cuantificar En todo caso, la porción de la desviación no explicada por el mayor crecimiento económico y las menores tasas de interés, caería dentro del intervalo de confianza del modelo originalmente estimado.

Otro elemento indicativo de que la desviación de la base monetaria con respecto al monto esperado respondió a una mayor demanda de billetes y monedas y no a un exceso de oferta de dinero, es que las variables económicas que hubieran reflejado dicho exceso de oferta de dinero no se comportaron como se esperaría si éste efectivamente hubiera existido. El tipo de cambio se mantuvo relativamente estable y las tasas de interés mostraron una tendencia a la baja con ciertos altibajos. Y lo que es más importante, la trayectoria de la inflación evolucionó aproximadamente conforme a lo previsto. A la luz de las circunstancias descritas, el instituto central no vio razón para adoptar una política monetaria restrictiva que procurara la convergencia (o cuando menos el acercamiento) de la trayectoria de la base observada con la pronosticada.

b) Activos Internacionales Netos

En el lapso comprendido del último día de 1996 al cierre de diciembre de 1997, los activos internacionales netos32 aumentaron 13,511 millones de dólares Este incremento fue sustancialmente superior al mínimo previsto para todo el año en el programa monetario de 1997 (2,500 millones de dólares). Dos razones fundamentales explican esa importante acumulación de activos internacionales:

i) ingresos de divisas por operaciones con Pemex; y
ii) las sustanciales ampliaciones al programa de compras de moneda extranjera a través del mecanismo de opciones que dan derecho a las instituciones de crédito de vender dólares al Banco de México si se satisfacen ciertas condiciones. Lo mencionado en este último inciso refleja naturalmente la gran liquidez que caracterizó a los mercados financieros internacionales durante la mayor parte de 1997.
c) Crédito Interno Neto

El crédito interno neto del Banco de México se define como la diferencia entre el monto de la base monetaria y el valor en pesos de los activos internacionales netos. En consecuencia, la evolución de ese concepto se explica por el desarrollo de los rubros mencionados, Si bien la base monetaria aumentó más de lo esperado durante 1997, los activos internacionales netos lo hicieron en una mucho mayor proporción, lo que dio como resultado una caída en el crédito interno neto de este instituto central (ver gráfica 38).

Por tanto, durante 1997 el crédito interno neto se mantuvo por debajo de los límites establecidos en el programa monetario para dicho año: dicho límite preveía una disminución mínima de 745 millones de pesos, habiendo resultado en una contracción de 81,056 millones de pesos. Toda vez que las variaciones del crédito interno neto y de los activos internacionales netos se combinaron en forma de producir el monto de base deseado, se puede afirmar que el descenso del crédito interno neto no implicó restricción monetaria alguna.

d) Acciones discrecionales adoptadas por parte del Banco de México

En el esquema monetario vigente en México tanto el tipo de cambio como las tasas de interés son determinados fundamentalmente por las fuerzas del mercado. Cuando las condiciones cambian, el mercado decide la distribución de ajuste entre el tipo de cambio y las tasas de interés.

Sin embargo, lo anterior no significa que en algunas ocasiones el Banco de México no trate de influir, a través de ajustar su postura de política monetaria, tanto en las tasas de interés como en el tipo de cambio. Esto, con el objeto de coadyuvar al logro de la meta de inflación y para ordenar, de ser necesario, las condiciones prevalecientes en los mercados cambiarios y de dinero. Es pertinente subrayar, sin embargo, que las citadas acciones del Banco de México no tienen la intención de determinar o defender niveles particulares de tipo de cambio o de las tasas de interés.

Si bien durante 1997 no se presentaron situaciones que ameritaran un cambio en su postura de política monetaria, es decir, el uso de los "cortos" y los "largos", el instituto central tuvo que hacer ciertos ajustes a ésta. La razón de ello fue que en algunas ocasiones las tasas de interés no se comportaron conforme a lo previsible, dadas las condiciones existentes en los mercados financieros.

En particular, durante el primer semestre de 1997 hubo lapsos en que la cotización de la moneda nacional se apreció en respuesta a incrementos de la oferta de divisas en el mercado cambiario. Sin embargo, en algunos de esos episodios las tasas de interés interbancarias no sólo no bajaron, sino que incluso llegaron a subir. Esto sucedió a finales de marzo, inicios de abril y a finales de junio (ver gráfica 39).

Es de recordar que en un régimen de flotación cambiaria y de libre determinación de las tasas de interés, como el vigente en México, es de esperarse que una mayor oferta de divisas, suponiendo que otros factores no se modifican, reduzca tanto el tipo de cambio como las tasas de interés. Los movimientos automáticos de estas variables en un régimen de flotación tienen la virtud de regular los movimientos de capital a corto plazo. En efecto, el ajuste simultáneo de la paridad y de las tasas de interés remueve, o al menos disminuye, los incentivos que atraen los capitales de este tipo al país33.

Los movimientos anormales entre tasas de interés y el tipo de cambio, que se observaron durante el primer semestre de 1997, se debieron a:

1) la rápida acumulación de activos internacionales netos a partir de 1996 y, en particular, en el lapso mencionado de 1997; y
2) el surgimiento de circunstancias que transitoriamente redujeron el grado de competencia en el mercado de dinero a muy corto plazo.
La rápida acumulación de activos internacionales netos llevó al Banco de México a contraer su crédito interno neto, pues de otra manera se hubiesen creado excesos de oferta de dinero que habrían redundado en mayores niveles de inflación y en elevaciones de las tasas de interés, nominales y reales. Eso hizo que desde inicios de 1997 el saldo del crédito interno neto del Banco de México se convirtiera en negativo. Esto resultó de que, para retirar la liquidez excesiva derivada de la acumulación de activos sobre el exterior, el Banco de México captó depósitos de los bancos y vendió valores gubernamentales. Así, la posición financiera del Banco de México con respecto al resto de la economía interna pasó de ser acreedora neta a deudora neta (ver gráfica 40), en tanto que se incrementó la posición acreedora neta del instituto central frente al exterior.

Por las razones expuestas, en los inicios de 1997 el Banco de México comenzó a realizar operaciones de absorción de liquidez mediante la captación de recursos del sistema bancario. A finales de marzo e inicios de abril de ese año, las tasas de interés interbancarias y la TIIE empezaron a subir de manera desproporcionada, a pesar de que la cotización internacional del peso se estaba apreciando y las tasas de interés de los Cetes se encontraban relativamente estables (ver gráfica 41). Esta incongruencia en los movimientos de las tasas de interés y del tipo de cambio fue el resultado de que:

i) Los depósitos que la banca estaba constituyendo en el Banco de México no tenían mercado secundario, por lo que no eran líquidos. Este factor hacia que las instituciones de crédito depositantes trataran de obtener un premio que les compensara el riesgo de mantener un activo ilíquido. Ello se reflejaba en las posturas que las instituciones presentaban en las subastas de depósitos en el Banco de México.
ii) En algunas ocasiones la liquidez quedó concentrada en pocas instituciones de crédito. Estas instituciones aprovecharon las circunstancias para actuar en el mercado de dinero conforme a estrategias que les permitían obtener mayores rendimientos sobre sus depósitos en el Banco de México, rendimientos que no se sustentaban en la situación subyacente de los mercados financieros.
Ante esta situación, el Banco de México aplicó diversas acciones tendientes a reestablecer el buen funcionamiento del mercado de dinero. Las medidas referidas fueron las siguientes: 1) Incrementar su captación de recursos a través de la venta de valores gubernamentales (en directo y mediante reportes) y disminuir su captación mediante depósitos de las instituciones de crédito. De esta forma, el Banco de México pudo continuar drenando liquidez, pero entregando a las contrapartes de las operaciones respectivas valores gubernamentales que son líquidos y tienen mercado secundario. Esta medida contribuyó a reducir las presiones alcistas sobre las tasas de interés interbancarias, no sólo porque se eliminó la prima por liquidez que las instituciones trataban de obtener del Banco de México, sino también debido a que el nuevo mecanismo permitía participar en las operaciones de mercado abierto del instituto emisor a bancos que en el momento de las subastas no contaban con saldos excedentes. En efecto, mediante esta mecánica dichos bancos podían revender de inmediato los valores gubernamentales34 que recibían del Banco de México y cubrir el sobregiro momentáneo en que incurrían con el instituto central. Esto sin duda restableció la competencia en el mercado de dinero.
2) Se ajustaron algunos elementos del régimen de encaje promedio cero, ampliando el tope máximo de los saldos negativos que las cuentas de las instituciones de crédito en el Banco de México pueden alcanzar cada día sin causar intereses, para ser compensados con saldos positivos que se generen otros días. Esta medida favoreció relativamente más a los intermediarios de menor tamaño. Esta ampliación concede capacidad a las instituciones para incurrir en mayores sobregiros temporales, los cuales les permiten obtener recursos para su inversión en situaciones de altas tasas de interés, con la esperanza de poder cubrir dichos sobregiros a tasas menores en el futuro. Es decir, la ampliación de los límites permite arbitrar más fácilmente diferencias de tasas de interés en el tiempo, lo que tiende a reducir su volatilidad. Cabe mencionar que, con el propósito de mantener la mayor competitividad en el mercado de dinero lograda con la ampliación de los límites antes referidos, en mayo de 1997 se hizo lo propio con los límites aplicables a los saldos positivos. Así, los límites en ambas direcciones se hicieron simétricos.
3) Para reforzar las medidas descritas en los dos incisos anteriores, en una ocasión el instituto central fijo un techo a la tasa de interés aplicable a sus operaciones pasivas a plazo de 24 horas. El citado límite se mantuvo vigente tan sólo durante un día, pues esta acción, junto con las antes referidas, fue suficiente para restablecer rápidamente el orden en el mercado de dinero35.
Cabe mencionar que inmediatamente después de que el Banco de México adoptó las medidas recién descritas, las tasas de interés se ajustaron a la baja. El efecto positivo que tuvieron estas medidas se debió a que su aplicación fue interpretada por el mercado como una señal del banco central de que, a su juicio, las tasas de interés de muy corto plazo habían llegado a niveles excesivos.

La fijación de un techo para las tasas de interés contribuyó a lograr el efecto deseado. Sin embargo, es de señalar las inconveniencias de usar esa medida en forma frecuente o constante. Durante su vigencia, se suprime casi por completo la influencia de las fuerzas de mercado en la determinación de las tasas de interés, pudiendo dañarse el papel que éstas desempeñan en la captación y asignación de recursos y en el equilibrio de otros mercados.

Para combatir los niveles de tasas de interés excesivamente altos una buena opción habría sido el uso del "largo". Sin embargo, como se recordará, en enero de 1997 la Junta de Gobierno de la institución juzgó conveniente prescindir temporalmente del uso de los "largos". Para septiembre, las razones que llevaron a la Junta de Gobierno a tomar esa decisión habían sido sustancialmente superadas, por lo que en ese entonces se decidió dejar sin efecto la renuncia temporal al uso de "largos".

De manera especifica, en septiembre de 1997 el Banco de México anunció que la utilización del "largos" sería siempre cuidadosa y sólo se recurriría a ella en caso de que:

i) El comportamiento de las tasas de interés de muy corto plazo no sea congruente con la evolución del tipo de cambio, en particular en situaciones en que la moneda nacional se esté apreciando y no existan presiones inflacionarias adicionales a las previstas en el programa económico;
ii) la inflación evolucione de manera tan favorable, que existan probabilidades altas y bien fundadas de que el aumento de los precios vaya a resultar claramente inferior al objetivo que se haya establecido;
iii) se produzca una apreciación del tipo de cambio que se estime insostenible por derivarse de entradas cuantiosas de capital a corto plazo al mercado de dinero; y, finalmente.
iv) surjan aumentos de las tasas de interés atribuibles, meramente, a la formación de situaciones desordenadas en el mercado de dinero.
Conviene apuntar que mediante el uso del "largo", el Banco de México no pretende inyectar cantidades importantes de fondos al mercado. El propósito principal es transmitir información al mercado sobre la postura de la política monetaria, al igual que sucede con el uso del "corto". La adopción de un "largo" se debe interpretar como un cierto aflojamiento de las condiciones monetarias, lo que en principio debería conducir a menores niveles de tasas de interés. Por consiguiente, incrementos en el "largo" se deberían leer como condiciones monetarias más relajadas, lo que presumiblemente conduciría a niveles todavía más bajos de las tasas de interés. En este sentido, para que el "largo" cumpla con su función, probablemente sería suficiente crear un exceso de liquidez muy pequeño.

La generación de excesos abundantes de liquidez, paradójicamente, podrían tener el efecto opuesto. Serían susceptibles de interpretarse como una política expansiva en demasía. En tal caso, las expectativas inflacionarias se deteriorarían y las tasas de interés tenderían a elevarse.

Los "largos" que, en su caso, el Banco de México llegara a establecer podrían detener, e incluso revertir, una tendencia a la apreciación del tipo de cambio. En el pasado el Banco de México ha aplicado "cortos" en respuesta a condiciones desordenadas en el mercado de cambios, en particular cuando el tipo de cambio era objeto, actual o potencial, de depreciaciones abruptas. Con el eventual uso de "largos", se restaura la simetría de la política monetaria para responder a movimientos indeseables del tipo de cambio, sean al alza o a la baja.

Las apreciaciones del tipo de cambio causadas por ingresos de capital de corto plazo son motivo de preocupación para las autoridades monetarias, pues en la mayoría de los casos son temporales y fácilmente reversibles. Dentro del esquema adoptado en México para la ejecución de la política-monetaria, la utilización del "largo" es la fórmula más idónea para desalentar el flujo de capital de corto plazo hacia el país.

Conviene advertir que el uso del "largo" sería ineficaz para evitar la apreciación del tipo de cambio real, si ésta es causada por la inversión extranjera directa, la inversión extranjera en bolsa o el endeudamiento en el exterior a mediano y largo plazo. Estos ingresos de capital responden a factores que prácticamente no son afectados por el uso de instrumentos de política monetaria.

El uso de "largos" también puede ser útil para combatir los comportamientos anormales de las tasas de interés que se producen por la reducción temporal del grado de competencia en el mercado de dinero. La mera posibilidad de que el Banco de México pueda usar el "largo" es un factor eficaz para combatir la gestación de esos fenómenos.

El anuncio de la reactivación del uso potencial del "largo" tuvo un efecto transitorio en los mercados, al reducirse ligeramente las tasas de interés y depreciarse el tipo de cambio a partir de niveles bastante bajos. Este resultado fue un tanto lógico, pues al fin de cuentas el citado anuncio no representaba un cambio fundamental en la postura de la política monetaria. Cabe mencionar que durante el último trimestre del año no fue necesario utilizar ni "cortos" ni "largos".

III.2 Política Cambiaria

Durante 1997, el régimen de tipo de cambio flotante continuó vigente. De hecho, los resultados obtenidos en México con la flotación después de tres años de operación, se pueden considerar en conjunto positivos.

Al implantarse el régimen de flotación, se temía que la cotización de la moneda extranjera resultara muy volátil. Sin embargo, la evolución mostrada por el tipo de cambio a partir de principios de 1996, no corresponde a ese temor (ver gráfica 42). Es cierto que en 1995 la cotización del peso frente al dólar mostró substancial inestabilidad; pero esto fue el resultado no de la naturaleza del régimen de flotación, sino del ambiente de incertidumbre entonces prevaleciente.

La volatilidad de dicha cotización se redujo en forma considerable durante 1996 y 1997. Según una muestra que incluye 12 divisas importantes que flotan frente al dólar, la tasa de cambio del peso mexicano fue la segunda menos volátil en el segundo semestre 1996 y la primera menos volátil durante el primer semestre de 1997. Ello de ninguna manera se debió a supuestas medidas orientadas a mantener artificialmente el tipo de cambio a niveles determinados, sino que fue resultado de una política fiscal atinada, del continuado proceso de desregulación y privatización. de una política monetaria congruente con el objetivo de abatimiento de la inflación y, en general, de avances significativos en otros aspectos de la política económica, además de un entorno internacional favorable. No obstante, el renovado nerviosismo ocasionado por la crisis de los países asiáticos propició que la tasa de cambio del peso mexicano pasara a ser, de la muestra de monedas sólidas señalada con anterioridad, la segunda más volátil durante el segundo semestre de 1997 (ver cuadro 22). Hay que apuntar que en la muestra reportada en dicho cuadro, el peso es la única moneda correspondiente a un país emergente. Si se compara la evolución de las principales variables financieras de México con la de otros países en desarrollo, se percibe que nuestro país pudo absorber de manera muy eficaz el choque externo proveniente de Asia, a pesar de la gran magnitud de éste. Para poner lo anterior en perspectiva, es pertinente profundizar un poco en el entendimiento del colapso simultáneo de varias de las economías más importantes de Asia.

Durante muchos años, los países asiáticos que ahora están en crisis (principalmente Tailandia, Filipinas, Indonesia, Malasia y Corea) disfrutaron de una condición de bonanza económica. Esta estuvo caracterizada por elevadas tasas de crecimiento económico, baja inflación, niveles significativos de ahorro e inversión y una creciente participación en el comercio internacional. Sin embargo, en julio de 1997 comenzaron a aflorar los primeros síntomas de crisis en Tailandia, al haber tenido que devaluar y posteriormente dejar flotar a su moneda. Este evento minó la confianza de la comunidad financiera internacional en las economías del sureste asiático y Corea, dándose un proceso de contagio no visto en muchos años. El cuadro 23 muestra la inestabilidad financiera que sufrieron varios países asiáticos durante 1997.

No es posible afirmar que la crisis por la que todavía atraviesan los países asiáticos haya sido de alguna manera propiciada por políticas monetarias o fiscales laxas, ya que, en general, las autoridades de dichos países nunca aplicaron políticas monetarias expansivas, ni esas economías presentaron desequilibrios serios en sus finanzas públicas. Por ello, en la crisis asiática no afloraron los síntomas tradicionales que presagian un ataque especulativo, el cual finalmente desemboca en un fuerte ajuste cambiario.

Más bien, la crisis asiática parece haberse gestado a consecuencia de la interacción entre tres importantes factores: grandes entradas de capital externo de corto plazo, una deficiente regulación de los intermediarios financieros receptores de estos recursos, y las consecuentes distorsiones en los precios de algunos activos. Algunos analistas que han tratado de explicar las causas de la crisis financiera en Asia sostienen que la abundancia de recursos externos que absorbieron los intermediarios financieros de esos países, se canalizaron a proyectos de inversión poco viables y de alto riesgo financiero, alentados por una regulación bancaria que supuestamente favorecía proyectos que gozaran de garantías gubernamentales. En consecuencia, es probable que muchas decisiones de inversión se hayan efectuado con base en criterios poco sólidos respecto a su rentabilidad efectiva. El aval gubernamental eliminaba el riesgo para el intermediario financiero, siendo éste indiferente entre financiar proyectos rentables y proyectos de poca viabilidad financiera. El otorgar financiamiento externo a los intermediarios locales tampoco se percibió como riesgoso, por la existencia de seguros de depósito, ya sea explícitos o implícitos. Este elemento fue clave para la atracción de recursos del exterior. Todo este proceso comenzó a distorsionar los precios de los activos, sobre todo de los bienes raíces, que se "inflaron" artificialmente.

Lo anterior puso a las economías asiáticas en una posición muy débil: si por alguna razón tenían que incrementar sus tasas para sostener la paridad de su moneda (todas las economías que cayeron en crisis tenían un régimen de tipo de cambio predeterminado), se podría desarrollar una crisis bancaria. Y esto fue precisamente lo que sucedió. Los choques externos que recibieron al inicio de 1997 fueron dos: la caída en el precio de sus principales productos de exportación (componentes electrónicos) y la gran apreciación del dólar frente al yen japonés, lo que hizo que sus divisas se apreciaran frente a la moneda de Japón, principal socio comercial de las economías en cuestión. Al caer sus exportaciones, sus monedas se vieron presionadas Dada la debilidad de sus sistemas financieros y, por tanto, las pocas oportunidades que tenían las autoridades para defender los regímenes cambiarios sin crear una crisis financiera interna, los especuladores atacaron y las crisis llegaron, empezando con Tailandia en julio de 1997. Las crisis cambiarias rápidamente se convirtieron en crisis financieras de gran envergadura. Las consecuencias inmediatas fueron las quiebras de instituciones financieras, al desaparecer la capacidad de pago de múltiples deudores que sufrieron pérdidas de capital al desplomarse el valor de sus activos y al dejar de pagar corporaciones que se encontraban altamente apalancadas en moneda extranjera.

Por su parte, en la medida que los problemas fueron manifestándose, los acreedores externos empezaron a ver con recelo los elevados montos de deuda externa de corto plazo que tenían que refinanciarse. Ello fue lo que generó un severo problema de liquidez, que hizo necesario que varios países acudieran al Fondo Monetario Internacional en busca de apoyos financieros.

Inicialmente el efecto de contagio se propagó de Tailandia a Filipinas, Indonesia y Malasia, países que elevaron sus tasas de interés e intervinieron en sus mercados cambiarios con el objeto de defender la paridad. Al no tener efecto estas acciones, el desmoronamiento de los regímenes de tipo de cambio fijo se propagó en la región.

Corea también se vio afectada por este fenómeno de contagio, al verse en la necesidad de renegociar al final del año un elevado monto de deuda externa de corto plazo, al momento en que se estaba dando la quiebra de algunas empresas e instituciones financieras. Todo ello produjo la pérdida de confianza de acreedores e inversionistas extranjeros que mostraron renuencia a redocumentar préstamos e inversiones concedidos a este país. Así, al cierre del año Corea terminó con una devaluación anual del won de 90.3 por ciento y una caída del índice de precios y cotizaciones de su bolsa de valores de 42.2 por ciento anual.

México no ha permanecido inmune a la crisis experimentada por los países asiáticos. Si bien los nexos económicos de nuestro país con aquellos en crisis son muy pequeños, el fenómeno descrito hizo que los inversionistas institucionales contrajeran de súbito sus inversiones en países emergentes en general, entre los que se encuentra México. Las repercusiones más serias se sintieron en nuestro país a finales de octubre. En ese entonces, la tasa de interés interbancaria en Hong Kong se elevó de 5.9 a 150.0 por ciento y su índice bursátil se desplomó 13.7 por ciento. Estos acontecimientos tuvieron un impacto inmediato en los mercados financieros de América Latina, principalmente en Brasil, por haber tenido un marco macroeconómico muy similar al de los países asiáticos que entraron en crisis. En México, el 27 de octubre el índice de precios y cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores se contrajo 13.3 por ciento y la moneda nacional se depreció 7.2 por ciento. La tasa de interés de Cetes a 28 días, que en la subasta del 2 l de octubre se había reducido a 17.3 por ciento, una semana después aumentó a 20.9 por ciento.

Una vez que quedó claro que el régimen cambiario de Hong Kong no estaba por colapsar y que el gobierno brasileño realizara ajustes mayores en sus políticas monetaria y fiscal, el riesgo de contagio disminuyó sustancialmente, lo que dio lugar en nuestro país a que la moneda nacional se apreciara y las tasas de interés cayeran.

México logró sortear los efectos desestabilizadores provenientes de los mercados financieros internacionales gracias a que en el momento en que los eventos descritos ocurrieron, su economía se encontraba fundamentalmente sana. Los mecanismos de libre determinación del tipo de cambio y de las tasas de interés permitieron llevar a cabo el ajuste de manera prácticamente inmediata y al menor costo posible, incluso sin que el Banco de México tuviera que ajustar su postura de política monetaria.

De hecho, al comparar a la economía mexicana con los principales país emergentes, es de destacar la gran resistencia que ésta mostró ante los embates provenientes de la notable inestabilidad en los mercados financieros internacionales que fue provocada principalmente por la referida crisis de los países asiáticos. En el cuadro 24 se reporta, para los principales países emergentes, el desempeño durante el segundo semestre de 1997 de las siguientes variables: tipo de cambio de sus monedas nacionales con respecto al dólar de los Estados Unidos, tasas de interés locales e índices de cotizaciones de sus respectivas bolsas de valores. Destaca de dicho cuadro la gran estabilidad relativa mostrada por las citadas variables en el caso de México. De hecho, en ese periodo las tasas de interés en pesos cayeron y el índice de precios y cotizaciones de la bolsa subió.

Dada su importancia, es conveniente profundizar en el entendimiento de las virtudes estabilizadoras que tienen los regímenes de flotación del tipo de cambio y de tasas de interés cuando se sufren salidas de capitales. En tales circunstancias, es de esperarse que las ventas de valores denominados en moneda nacional y la compra de dólares por los inversionistas aumenten tanto las tasas de interés como el tipo de cambio, suponiendo que otros factores no se modifican. Los movimientos automáticos de estas variables poseen la virtud de regular los movimientos de capital a corto plazo. En efecto, cuando surge el estímulo a las salidas de capital el ajuste simultáneo de la paridad y de las tasas de interés desincentiva la venta de valores en moneda nacional al deprimir su precio y elevar el de la moneda extranjera. Este ajuste en precios prosigue hasta que cesan las salidas de capital. Por simetría, lo opuesto ocurre con las variables aludidas cuando el estímulo es a que el capital entre.

Los aumentos que sufren las tasas de interés ante salidas de capitales no son por supuesto deseables. Pero como se ha visto en el pasado en repetidas ocasiones, es conveniente aceptar incrementos temporales de las tasas de interés que permitan continuar posteriormente el camino hacia la estabilidad. Esta última es la única manera que puede conducir a tasas de interés reales y nominales bajas y sostenibles Si en un intento de evitar alzas de las tasas de interés el Banco de México relajara su postura de política monetaria, se produciría más inflación y, lo que es peor, un deterioro de las expectativas inflacionarias. El resultado, aunque no inmediato, se materializaría en tasas de interés reales y nominales más elevadas. Esto sucedería porque al mantenerse sin alza las tasas de interés por algún tiempo, los inversionistas podrían salir de sus posiciones en instrumentos representativos de deuda sin castigo en el precio de éstos. En esas condiciones, los inversionistas tendrían el estímulo a liquidar más rápidamente esas posiciones y a utilizar los pesos obtenidos de las ventas respectivas para comprar moneda extranjera. Ello depreciaría aún más el tipo de cambio y daría así lugar a una mayor inflación.

En una situación de liquidación masiva de valores, cuando se tiene un régimen cambiario de flotación, la depreciación del tipo de cambio es el complemento al ajuste de las tasas de interés. La depreciación del tipo de cambio determina que la especulación en contra de la moneda nacional no sea gratuita. En una situación como la referida las compras de moneda extranjera pueden llevar al tipo de cambio a niveles exagerados. Pero al no ser congruentes estos niveles con las condiciones fundamentales de la economía, tarde o temprano el valor de la moneda nacional tiende a la recuperación, infligiendo pérdidas importantes a quienes hayan comprado divisas a elevado precio. Esto ha sucedido en México varias ocasiones desde que se estableció el régimen cambiario de flotación.

La flotación del tipo de cambio tiene otra virtud por cuanto compromete poco o nada de las reservas internacionales del país. Al conservarse éstas, se reduce el riesgo país y permite aumentar las posibilidades de refinanciamiento de nuestros pasivos con el exterior, lo que a su vez da mayor seguridad a los tenedores de deuda externa mexicana.

Cabe señalar que los avances tecnológicos en computación y telecomunicaciones han hecho posible que la información pertinente para los participantes en los mercados financieros nacionales e internacionales fluya con gran rapidez. Esto ha sido clave para profundizar al mercado cambiario nacional: el volumen promedio diario de operación en dicho mercado a finales de 1997 fue cercano a los 11 mil md, 350 por ciento más que lo operado a mediados de 1995. Otra muestra del grado de madurez que ha alcanzado el mercado cambiario del peso mexicano, lo representa el hecho de que el diferencial entre las cotizaciones de compra y venta durante la mayor parte del año se mantuvo en niveles comparables con los vigentes en los principales mercados en donde se comercia con las divisas más importantes. Los mercados cambiarios profundos hacen más factible que operaciones de cuantía considerable se puedan llevar a cabo sin afectar mayormente al tipo de cambio.

Además, la disposición oportuna de información ha promovido el desarrollo sano de los mercados de contratos derivados36 del peso mexicano. Como ejemplo de la evolución de este tipo de mercados, se puede mencionar que el interés abierto promedio del año en los contratos a futuro del peso mexicano en Chicago creció 262 por ciento entre 1995 y 1997. A su vez, el volumen operado diario se ha incrementado sensiblemente tal como se aprecia en la gráfica 43.

La posibilidad de operar con derivados referidos al tipo de cambio pesos/dólar permite a los agentes económicos cubrir sus riesgos cambiarios (o exponerse a ellos, en el caso de especuladores) sin tener que efectuar operaciones en el mercado de cambios al contado. Por su parte, la volatilidad de los precios de los contratos a futuro del peso mexicano, a todos sus plazos, se redujo considerablemente durante el año, con excepción del mes de octubre por las razones ya apuntadas, como se puede apreciar en la gráfica 44.

Otro temor que se tenía con la flotación era que las inversiones en planta y equipo, en particular las correspondientes al sector exportador, sufrieran detrimento por la dificultad para predecir el tipo de cambio real. Sin embargo, la inversión en ese sector se ha venido incrementando con gran dinamismo. Un indicador son las importaciones de bienes de capital efectuadas por las empresas exportadoras, las cuales aumentaron, en dólares, 33.4 por ciento en 1995, 25.6 por ciento en 1996 y 29.5 por ciento durante 1997. Hay que recordar también que la inversión privada se elevó 25.7 por ciento en dicho año, el mayor incremento anual desde que se cuenta con registros.

Además, el régimen cambiario vigente en México aumenta el riesgo de las inversiones extranjeras de corto plazo, ya que cualquier ganancia obtenible en virtud del diferencial entre las tasas de interés nacionales y del exterior, queda expuesta a ser anulada con facilidad por movimientos relativamente pequeños del tipo de cambio (movimientos que son más factibles dada la flotación). A finales de 1997, el acervo de la inversión extranjera en instrumentos de deuda denominada en moneda nacional ascendió aproximadamente a 3 mil 300 millones de dólares, cifra significativamente menor a la de febrero de 1994, que era de casi 22 mil millones de dólares.

A la luz de la evolución del tipo de cambio, de la situación de liquidez prevaleciente en los mercados financieros internacionales y de la conveniencia de continuar acumulando activos internacionales netos, la Comisión de Cambios37 decidió en varias ocasiones durante el transcurso de 1997 modificar el monto de las compras de moneda extranjera que el Banco de México podía hacer a través del mecanismo de opciones.

Se recordará que el referido mecanismo de opciones fue puesto en marcha en agosto de 1996, al estimar dicha Comisión que la disponibilidad de un mayor monto de activos internacionales contribuiría a que México obtuviese mejores condiciones en cuanto al costo y plazo del financiamiento externo.

El esquema de opciones establecido ha sido un mecanismo muy apropiado para acumular reservas internacionales en el contexto de un régimen de flotación. En primer lugar, porque dicho mecanismo favorece las ventas de dólares al instituto emisor sólo cuando el mercado de esa moneda está ofrecido, en tanto que las inhibe cuando se encuentra demandado. En segundo término, y quizá más importante, porque dicha fórmula no altera la naturaleza del régimen de flotación, una de cuyas características principales es la de no predeterminar el nivel del tipo de cambio.

Al inicio se determinó subastar opciones por 130 millones de dólares cada mes, pero dicha cantidad se fue modificando gradualmente. Al cierre de 1996, el citado monto se había elevado ya a 300 millones de dólares. En febrero de 1997, la Comisión de Cambios resolvió que, a partir de ese mes, en caso de ejercerse antes del día 16 el 80 por ciento, o más, de las opciones correspondientes a ese mismo periodo, se convocaría inmediatamente a una subasta adicional de opciones por otros 300 millones de dólares. Estas últimas tendrían vigencia sólo por el resto del mes respectivo. Así, el monto potencial de moneda extranjera que el Banco de México podía llegar a adquirir cada mes a través del mecanismo aludido se incrementó a 600 millones de dólares a partir de esa fecha.

Al cierre de julio de 1997, la Comisión de Cambios decidió incrementar a 500 millones de dólares la subasta de opciones susceptibles de ejercerse en agosto, realizándose una segunda subasta por igual cantidad si, durante la primera quincena, se hubieran ejercido 80 por ciento o más de las opciones subastadas el 31 de julio (esto último no sucedió) Por tanto, la Comisión de Cambios elevó a 1,000 millones de dólares el monto potencial de moneda extranjera que el Banco de México podría adquirir durante agosto mediante el esquema de que se trata. La misma Comisión determinó mantener vigente este esquema en septiembre de 1997.

Al final de septiembre, la acumulación de activos internacionales en el año ascendía a más de 11 mil md, de los cuales 3,351 m.d. se habían obtenido por el citado mecanismo de opciones. En virtud de la rápida acumulación de activos internacionales que se venía observando, la Comisión de Cambios acordó reducir el monto de opciones de venta de dólares al Banco de México que podrían ejercerse durante el mes de octubre a 400 md, reduciéndose a 800 m.d. el monto potencial de moneda extranjera que el instituto central podría adquirir durante el mes. Al cierre de octubre se redujo una vez más el monto de opciones de venta de dólares a 250 md, lo cual representaba un monto potencial de compras de dólares por parte del Banco de México de 500 md al mes. La cantidad señalada se mantuvo vigente hasta el cierre del año.

El mecanismo de opciones ha cumplido con el objetivo primordial para el cual fue creado. Durante 1997, se subastaron opciones por 5 mil 150 millones de dólares, ejerciéndose 4 476 millones de dólares (ver cuadro 25).

En la gráfica 45 se presenta la trayectoria que mostró el tipo de cambio interbancario de referencia (fix) y el promedio móvil de éste de los veinte días hábiles inmediatos anteriores. Es de recordarse que la condición que se tiene que cumplir para que los tenedores de las opciones puedan vender dólares al Banco de México, es que el tipo de cambio interbancario de referencia del día hábil inmediato anterior no sea mayor a su promedio de los veinte días hábiles inmediatos anteriores.

La prudente acumulación de activos internacionales, tanto en términos brutos como netos, que se logró a partir de enero de 1996, fue un elemento fundamental para que el 19 de febrero de 1997 la Comisión de Cambios anunciara el establecimiento de un esquema de ventas contingentes de dólares por parte del Banco de México, conforme al cual el instituto emisor ofrece en subasta hasta 200 millones de dólares cada día en que las instituciones de crédito le presenten, antes de las 12:15 horas, posturas con un tipo de cambio por lo menos dos por ciento superior al tipo de cambio del día hábil inmediato anterior38.

El propósito de este esquema es tan sólo el de moderar la volatilidad del tipo de cambio, no el de defender niveles específicos de la cotización de la moneda nacional. Como se ha señalado, para que el mecanismo de venta de dólares actúe, es necesario que se presenten posturas con un tipo de cambio que supere por lo menos en dos por ciento al tipo de cambio del día hábil inmediato anterior. Al respecto, conviene recordar una característica de los episodios de 1995 en los que la moneda nacional se depreció a gran velocidad. La liquidez del mercado de cambios se agotó entonces casi por completo. Esto resultó muy inconveniente, ya que, debido a la falta de liquidez, demandas subsecuentes y no muy cuantiosas de moneda extranjera causaron depreciaciones desproporcionadas del peso.

Tales situaciones pueden llevar a la formación de espirales devaluatorias, de graves consecuencias sobre el nivel de la inflación y de las tasas de interés, y, por tanto, sobre la actividad económica y el empleo. Es, pues, con la finalidad de reducir el riesgo de realización de situaciones de esa naturaleza, que se decidió adoptar la citada medida. Ello, por cierto, sin incurrir en el riesgo de perder cantidades excesivas de reservas internacionales.

Cabe agregar que al vender los dólares mediante subastas y al no intentar la defensa de cotizaciones específicas del tipo de cambio, este precio alcanza con rapidez el nivel que, en las nuevas circunstancias, equilibre la oferta y la demanda de moneda extranjera. Más aún, es posible que el mero conocimiento de
que el banco central venderá 200 millones de dólares si el tipo de cambio se deprecia dos por ciento o más de un día a otro, reduzca las probabilidades del surgimiento de espirales devaluatorias.

En tres ocasiones, dos durante octubre y una en noviembre de 1997 fue posible confirmar las virtudes de este esquema. El 27 de octubre por efecto de la volatilidad en los mercados internacionales causada por la crisis de los países del sudeste asiático se activó el mecanismo, subastándose 200 m.d. y alcanzando el peso una cotización de 8.2285 pesos por dólar. Este mecanismo se volvió a activar tres días después, el 30 de octubre vendiéndose la misma cantidad y llegando la cotización del peso a 8.3193 pesos por dólar. Una tercera ocasión se presentó el 6 de noviembre. Posteriormente la cotización de la moneda nacional mostró una tendencia a la apreciación, cerrando inclusive el año a niveles cercanos a 8.00 pesos por dólar. Así pues, el mecanismo de ventas contingentes de dólares por parte del Banco de México propició mayor estabilidad y orden en el mercado de cambios, sin que se haya comprometido un monto excesivo de reservas internacionales.
 
III.3 Evolución de los Agregados Monetarios

Base Monetaria

De diciembre de 1996 al mismo mes de 1997, la base monetaria aumentó 24.9 miles de millones de pesos (mmp), lo que implica un incremento real en dicho lapso de 12.0 por ciento. El saldo de la base monetaria coincidió prácticamente a lo largo del año con el registrado por los billetes y monedas en circulación. Esto se explica por el régimen vigente de encaje promedio cero, por virtud del cual los bancos no requieren ni tienen incentivos para mantener depósitos en el Banco de México.

El saldo de los billetes y monedas en circulación se integra por dos rubros: el efectivo en poder del público y el que mantiene la banca en caja. En promedio para 1997, este último agregado representó alrededor del 10.6 por ciento del saldo total. Así, la demanda por parte del público es el principal determinante del comportamiento de los billetes y monedas en circulación (ver cuadro 26).

Este apartado no contiene un análisis de la evolución de la base monetaria, ni de los billetes y monedas en circulación, debido a que el mismo se estudió con detalle en la sección III.1 de este informe, en la que se evaluó el programa monetario de 1997. En dicha sección se analizó también la evolución de los componentes de la base monetaria vistos por el lado de sus fuentes39, es decir, el crédito interno neto y los activos internacionales netos del Banco de México.

Medio Circulante (M1)

El medio circulante se integra por los billetes y monedas en poder del público y el saldo total de las cuentas de cheques, incluyendo las denominadas tanto en moneda nacional como en moneda extranjera. En 1997, el medio circulante se incrementó en 73.4 mmp, aumento que se explica por una expansión de 53.0 mm. en las cuentas de cheques y de 20.4 mmp en los billetes y monedas en poder del público (ver gráfica 46 y cuadro 27).

La gráfica 47 (hoja anterior) presenta las tasas de crecimiento de M1 y de sus principales componentes para los últimos cuatro años. Resalta en dicha gráfica la notable evolución de las cuentas de cheques en moneda nacional a partir del segundo cuatrimestre de 1996, factor que explica la recuperación del medio circulante. De hecho, después de la severa contracción consecuencia de la crisis financiera de finales de 1994, es a partir de abril de 1996, cuando tanto las cuentas de cheques totales como el medio circulante presentan por primera vez tasas de crecimiento real positivas. Por lo que toca a la tasa de crecimiento real anual del medio circulante, ésta alcanzó 13.7 por ciento en 1997, tasa que implica una recuperación significativa con relación a las observadas los dos años previos (-29.6 y 10.2 por ciento en 1995 y 1996, respectivamente). Esta evolución es plenamente congruente con el proceso de remonetización que se da en una economía después de una perturbación financiera del tamaño de la que se observó en México a finales de 1994 e inicios de 1995. Un choque así produce en primera instancia un abatimiento sustancial en las tenencias de activos denominados en moneda nacional, por parte de los agentes económicos.

Dos fueron los principales factores que estimularon el vigoroso crecimiento real de las cuentas de cheques a lo largo de 1997:

a) El diferencial entre el rendimiento de los instrumentos de corto plazo y el de las cuentas de cheques continuó reduciéndose, como se aprecia en la gráfica 48. Dicho diferencial pasó de 16 puntos porcentuales en promedio para 1996, a niveles menores a 10 puntos porcentuales en el segundo semestre de 1997.
b) La favorable evolución de la producción, así como una mayor certidumbre en el ámbito financiero, propiciaron la consolidación de las cuentas de cheques empresariales como instrumentos de depósito para capital de trabajo. Al cierre de 1997 la tasa de crecimiento anual de dichas cuentas alcanzó, en términos reales, 38.2 por ciento (ver cuadro 28).
Por su parte, el saldo de las cuentas de cheques denominadas en moneda extranjera mostró un crecimiento real anual a diciembre de 1997 de 11.9 por ciento. Esto se explica en buena medida por el creciente número de operaciones relacionadas con el comercio exterior.

Agregados Monetarios Amplios

Además del medio circulante M1, se calculan otros agregados monetarios que incorporan al resto de los instrumentos financieros disponibles en la economía. Para tal fin se hace una clasificación de los instrumentos de deuda tanto por sus emisores (bancarios y no bancarios) como por su grado de liquidez (corto y largo plazo). Así, el agregado monetario M2 incluye al medio circulante y a los instrumentos bancarios a plazo de hasta un año. Por su parte, el agregado monetario M3 incluye además los instrumentos no bancarios de plazo menor a un año (principalmente valores gubernamentales). Por último, el agregado monetario más amplio, M4, engloba en adición a todos los instrumentos de plazo mayor a un año, a los fondos del SAR (ver cuadro 29).

En 1997 prácticamente la totalidad de los rubros que integran los diferentes agregados monetarios mostraron tasas de crecimiento anuales positivas en términos reales (ver cuadro 29). La excepción fue la captación bancaria mediante instrumentos a un plazo mayor a un año. Por otro lado, destaca por su dinamismo los instrumentos no bancarios a plazo de hasta un año y los fondos del SAR.

Durante 1997 se observó un cambio en la composición del agregado M4. Como ya se comentó, sobresalió por su elevada tasa de crecimiento el rubro que agrupa a los instrumentos de deuda no bancarios a corto plazo, renglón conformado primordialmente por valores del gobierno federal. La significativa expansión de estos valores se explica, en buena medida, por las ventas de dichos títulos que el instituto emisor efectuó con objeto de neutralizar el impacto monetario de la acumulación de reservas internacionales, la cual ascendió a más de 13,000 millones de dólares. Al cierre de 1997, la tasa de crecimiento real anual de los instrumentos no bancarios a corto plazo alcanzó 59.4 por ciento y su participación en el saldo de M4 se elevó de 10.2 por ciento en diciembre de 1996 a 14.5 por ciento al mismo mes de 1997. También contribuyó a este resultado la evolución de la colocación de instrumentos de deuda por parte del sector privado, la cual creció 47.4 por ciento en términos reales. Por su parte, el saldo de los fondos del SAR se incrementó a una tasa real anual de 38.8 por ciento y su participación en el agregado monetario M4 aumentó de 6.8 en diciembre de 1996 a 8.4 por ciento en igual mes de 1997 (ver cuadros 29 y 30).

Durante 1997 continuo decreciendo la participación dentro de M4 del saldo de los instrumentos bancarios a corto plazo. Respecto al total de M4, la participación de dichos instrumentos pasó de 48.8 por ciento en diciembre de 1996 a 44.2 por ciento en igual mes de 1997 (ver cuadro 30). El comportamiento de los mencionados instrumentos estuvo en parte ligado a la evolución del financiamiento bancario, el cual, como se verá más adelante, se contrajo en términos reales durante 1997. Los bancos comerciales, al percibir perspectivas poco alentadoras en referencia a la extensión de crédito durante 1997, moderaron el ritmo de captación de recursos del público. Esto se reflejó en una menor captación real, inducida por el ofrecimiento de tasas de interés poco competitivas en relación con las de otros vehículos de ahorro (como los Cetes). Lo recién dicho también se puede observar en el cuadro 31, donde se muestra que la captación bancaria aumentó sólo 2.1 por ciento en 1997.

En 1997, M4 creció en términos reales a una tasa de 11.7 por ciento. Dicho incremento provino en su totalidad del ahorro financiero de los residentes del país, con un crecimiento en términos reales de 14.4 por ciento. Por su parte, a diciembre de 1997 el saldo nominal de los instrumentos de M4 en poder de los residentes del exterior se redujo en 9.7 miles de millones de pesos, lo cual implicó una contracción real de dicho saldo de 23.4 por ciento (ver cuadro 31). El ahorro financiero de los residentes del país se vio estimulado por los siguientes factores: la vigorosa recuperación de la actividad económica, tasas de interés reales positivas relativamente elevadas y sostenidas a lo largo del año, la tendencia decreciente de la inflación y la recuperación del salario real (ver gráfica 49).

Financiamiento Interno de la Banca Comercial

De diciembre de 1996 al mismo mes de 1997, el saldo del financiamiento interno otorgado por la banca comercial aumentó 79.3 mmp. Dicho flujo fue, sin embargo, insuficiente para compensar el incremento de los precios, por lo que ese agregado sufrió una disminución, en términos reales, de 6.1 por ciento (ver cuadro 32).

De hecho, una conclusión a la que se llega del análisis del cuadro 32 es que la recuperación económica de 1997 se dio sin el apoyo crediticio de los bancos comerciales. En efecto, el financiamiento neto interno "fresco" otorgado en el año por la banca al sector no bancario tan solo aumentó 13.7 mmp, lo cual implica una contracción en términos reales de 11.4 por ciento (renglón de cartera propia con el sector no bancario en el cuadro 32). Esta reducción estuvo determinada principalmente por la caída de 15.4 por ciento en términos reales del financiamiento al sector privado no bancario.

El estancamiento que ha mostrado el crédito bancario puede explicarse por razones tanto de oferta como de demanda. Por lo que toca a la demanda de crédito bancario, el mayor acceso en términos atractivos al crédito externo por parte de los empresarios y al crédito extendido por las propias empresas por parte de las personas físicas (como en el sector automotriz y en el comercio), hicieron que los agentes económicos recurrieran con menor frecuencia a la banca en busca de financiamiento. Desde el punto de vista de la banca como oferente, los problemas legales para hacer más expedita la adjudicación de garantías, la morosidad generada por la crisis de 1995, el sobreendeudamiento previo y la incertidumbre respecto a la solvencia moral y financiera de los demandantes de crédito dieron lugar a un comportamiento en extremo cauteloso. Los bancos comerciales han preferido contraer su operación a la luz de lo mencionado, extendiendo únicamente crédito a personas de comprobada solidez moral y financiera.

El escaso volumen de crédito por parte de la banca comercial no afectó de la misma manera a todas las empresas, ya que las de mayor tamaño y las relacionadas con operaciones de comercio internacional pudieron financiarse en el extranjero o con sus oficinas matrices, sin que la falta de crédito interno constituyera una limitante para el desarrollo de sus actividades. Es pertinente mencionar, además, que para el segmento de las grandes empresas una práctica que resultó común, sobre todo durante el primer semestre de 1997, fue la de contratar deuda en el exterior para amortizar créditos con la banca nacional. Esta sustitución de fondeo contribuyó a que el financiamiento total extendido por la banca nacional presentara variaciones reales negativas durante el año.

El aumento que se observa en el financiamiento al sector público no financiero en el cuadro 32 es consecuencia de la adquisición de títulos gubernamentales por parte de la banca, inducida en parte por la escasa demanda de crédito por el sector privado -lo que hace que la banca canalice su captación a la adquisición de valores públicos-, pero también por las operaciones de esterilización del Banco de México (para eliminar el impacto monetario de la gran acumulación de activos internacionales netos observada en 1997).

Es pertinente recordar que la crisis iniciada a finales de 1994 tuvo importantes repercusiones sobre la salud del sistema bancario nacional. El ajuste cambiario, las depreciaciones subsecuentes de la moneda nacional, el impacto adverso de la incapacidad de refinanciar los pasivos con el exterior, la desaceleración resultante del crecimiento económico, en combinación con el sobreendeudamiento de las empresas y las familias, provocaron durante 1995 y 1996 un aumento sin precedente en la cartera vencida de las instituciones de crédito y un descenso de sus niveles de capitalización, colocándolas en una situación poco sólida.

En tales circunstancias, los riesgos de insolvencia que enfrentaba el sistema bancario eran considerables. Por esta razón, desde enero de 1995 las autoridades pusieron en marcha un amplio paquete de medidas para hacer frente a esta situación (el citado paquete se describe en detalle en el Informe Anual del Banco de México de 1996 y en la sección III. 4. se presenta un reporte de su avance).

Entre las medidas adoptadas cabe destacar el programa de cesión de cartera de la banca a FOBAPROA (a cambio de una mayor capitalización de las instituciones de crédito cedentes) y el de reestructuración de créditos a UDIS. En el primer programa, la banca recibió títulos a cargo de FOBAPROA a cambio de cartera cedida (incluyendo las provisiones respectivas) a dicho fideicomiso, mientras que al amparo del segundo, las instituciones de crédito traspasaron la cartera reestructurada en UDIS a otros fideicomisos creados ex-profeso, a cambio de la cual obtuvieron Cetes Especiales emitidos por el Gobierno Federal. Estos traspasos de cartera ocasionaron que desde mediados de 1995, los balances bancarios mostraran un perfil diferente, ya que aumentó en ellos la tenencia de títulos a cargo de FOBAPROA y de CETES Especiales y se redujo el financiamiento a sectores no bancarios, en particular el canalizado al sector privado y a los estados y municipios.

Lo anterior se puede observar en el cuadro 32, en la sección de financiamiento interno por tipo de cartera (renglones 2 y 3). En efecto, durante 1996 la tenencia por parte de las instituciones de crédito de títulos a cargo de FOBAPROA aumentó en 107.3 mmp, mientras que la de Cetes Especiales en 109.0 mmp. En cambio, la cartera propia con el sector no bancario se contrajo en ese año 117.0 mmp destacando la reducción del financiamiento al sector privado por 107.8 mmp.

Durante 1997, la tenencia de la banca de títulos a cargo de FOBAPROA aumento en 68.9 mmp (20.1 por ciento real; ver cuadro 32), lo cual en buena medida se explica por el refinanciamiento de intereses, así como por operaciones adicionales de venta de cartera de algunos bancos al citado fideicomiso que se efectuaron en el año. En contraste, la tenencia de Cetes Especiales por parte de la banca se redujo en 3.3 mmp, debido a que las cancelaciones de estos títulos superaron los intereses devengados en el periodo. Dichas cancelaciones se producen en la medida en que se van amortizando créditos denominados en UDIS que fueron estructurados durante 1995 y 1996.

Ahora bien, la parte mayoritaria de la cartera de crédito cedida por la banca a FOBAPROA, así como la traspasada a los fideicomisos especiales una vez reestructurada en UDIS, representa al final de cuentas financiamiento al sector privado. Sin embargo, aún efectuando la consolidación de todo el financiamiento de origen bancario canalizado a dicho sector, éste se redujo en términos reales durante 1997. Específicamente, del cierre de diciembre de 1996 al cierre del mismo mes de 1997, el saldo del financiamiento total recibido por el sector privado a través de la banca comercial disminuyó 8.1 por ciento en términos reales (ver renglón 4. cuadro 32).

Del incremento de 79.3 mmp. del financiamiento interno consolidado de la banca comercial, 55.0 mmp. se destinaron al sector privado, 4.7 mmp a estados y municipios, y 19.6 mmp al sector público no financiero. El incremento de 55.0 mmp del crédito consolidado canalizado al sector privado, que implica una caída real de 8.1 por ciento, resulta de la liberación de recursos que se produjo mediante las amortizaciones de Cetes Especiales por 3.1 mmp, una reducción del saldo de la cartera propia de crédito de la banca al sector privado por 10.8 mmp y un aumento en la tenencia de los títulos a cargo del FOBAPROA por 68.9 mmp. Más del 40 por ciento de estos títulos correspondió a refinanciamiento de intereses y el resto a nuevos traspasos de cartera de la banca comercial al FOBAPROA.

Así pues, no obstante que en 1997 la economía nacional creció a un ritmo acelerado y que se recuperó la captación de la banca comercial, el financiamiento consolidado de la banca al sector privado decreció, aunque a un menor ritmo que el del año previo. En 1997 la cartera de crédito de la banca mostró una contracción real de 8.1 por ciento, comparada con la disminución de 11.5 por ciento de 1996 (ver cuadro 33).

El financiamiento destinado por la banca comercial a las empresas y a las personas físicas con actividad empresarial se redujo 9.4 por ciento en términos reales en el año objeto de este informe. Desde el punto de vista sectorial las mayores contracciones en el crédito de la banca comercial se registraron en el financiamiento a la industria manufacturera, al sector agropecuario y al comercio.

Por su parte, el crédito a las personas físicas se redujo 3.1 por ciento en términos reales. En esta caída fue determinante el estancamiento del crédito al consumo en sus modalidades de tarjeta de crédito y de bienes de consumo duradero, conceptos que registraron descensos en términos reales de 18.7 y 20.3 por ciento, respectivamente. Por lo que toca al crédito a la vivienda, este se redujo únicamente en 0.7 por ciento real. Es pertinente señalar que este resultado se vio influido por la capitalización de intereses pactada en las reestructuraciones de créditos en UDIS, así como de cancelaciones de créditos previamente reestructurados en dicha unidad de cuenta.

Cabe mencionar que las tasas activas a las que prestó la banca del país en moneda nacional siguieron siendo elevadas en 1997. El diferencial entre la tasa activa simple en moneda nacional y la tasa comparable en moneda extranjera, incluido el desliz cambiario en el año, arrojó en promedio casi 10 puntos porcentuales durante 1997. Este hecho, junto con la estabilidad del tipo de cambio, incentivó al sector privado a la obtención de recursos en el exterior, de los cuales alguna fracción fue utilizada para liquidar créditos en moneda nacional, como ya se ha mencionado. Se estima que durante el año, el sector privado obtuvo financiamiento externo por un monto superior a los 5 400 millones de dólares. En el mismo orden de ideas, también una elevada proporción de empresas han señalado que una fuente alternativa al crédito bancario han sido los proveedores y las matrices externas del grupo corporativo de que forman parte.

Evolución de la Cartera Vencida

De diciembre de 1996 al mismo mes de 1997, el coeficiente de cartera vencida a cartera total de la banca comercial con el sector privado no bancario creció 8.4 puntos porcentuales, para situarse al cierre de 1997 en 29.8 por ciento (ver gráfica 50 y cuadro 34)40.

Es importante mencionar que el escalón que se observa en el coeficiente de cartera vencida a cartera total en enero de 1997 (8.7 puntos porcentuales), obedece a la modificación en los criterios contables para su evaluación. Los criterios contables para el registro de las operaciones de la banca comercial se modificaron para acercarlos a los estándares internacionales. Es decir, dicho "brinco" en la gráfica fue consecuencia de la aplicación de una metodología de medición diferente y no de un aumento efectivo de la cartera vencida. Según se aprecia en la gráfica mencionada, en los meses subsecuentes a la reforma se observó poco cambio en el coeficiente de cartera vencida y al final del año. incluso, bajó.

A partir de la modificación contable referida, el coeficiente de cartera vencida de los créditos a la vivienda fue el más afectado. Ello, debido a que las nuevas normas establecen que se considere vencido el saldo total del crédito y no sólo las mensualidades correspondientes, lo que, por su naturaleza, impacta particularmente a este tipo de crédito. Por esta razón, el coeficiente de cartera vencida a cartera total de la vivienda se incrementó 29.8 puntos porcentuales en 1997, para cerrar el año en 42.0 por ciento.

De hecho, durante el último bimestre del año el índice aludido se redujo 1.6 puntos porcentuales, como consecuencia de los siguientes factores:

a) Un buen número de bancos ha reestructurado créditos otorgando a sus deudores beneficios adicionales a los establecidos en el ADE, principalmente para créditos hipotecarios. Entre estos programas destacan las alternativas de pago como rentas, los descuentos y bonificaciones -a cargo de la banca- de las mensualidades que deberían pagar los acreditados, así como la distribución de los adeudos atrasados durante el plazo remanente de la vida del crédito; y periodos de gracia para los adeudos vencidos. Dado que en muchos casos el saldo de los créditos ha sido mayor al valor del inmueble financiado, algunos bancos ajustaron los adeudos al valor real del bien dado en garantía. Con todo ello, se ha reducido sustancialmente la carga para los acreditados y se les ha incentivado a regularizar el servicio de su crédito.
b) Es probable que ante el buen desempeño que ha mostrado la economía, se hayan podido recuperar algunos créditos de difícil cobro.
c) Elementos adicionales que han contribuido a estabilizar el coeficiente de cartera vencida a cartera total ha sido la mayor selectividad aplicada por la banca en el otorgamiento de créditos, el uso de fórmulas crediticias más sanas y la disponibilidad de un buró de crédito sumamente eficiente.
III.4 Programas de Apoyo a Deudores y de Saneamiento Bancario

Los informes anuales del Banco de México correspondientes a 1995 y 1996 contienen descripciones detalladas de los programas de saneamiento bancario y de apoyo a deudores, que fueron adoptados hasta finales del último año mencionado. Esta sección se limita a informar sobre el progreso de dichos programas y a describir las acciones adicionales aplicadas durante 1997.

A. Programas de Apoyo a los Deudores

A.1. Reestructuración de Créditos en Unidades de Inversión (UDIS)

En abril de 1995, el gobierno federal diseñó un programa para facilitar la reestructuración de numerosos créditos y su conversión a UDIS. Dicho programa respondió a la finalidad de resolver la problemática de créditos intrínsecamente sanos, cuyo servicio se dificultó por el alza de las tasas de interés, especialmente de las nominales, a lo largo de 1995. En el cuadro 35 se muestra el avance del programa referido al cierre de 1997. Es pertinente señalar que en mayo de 1997 el programa se amplió en 10,000 millones de UDIS, con el objeto de facilitar la reestructuración de créditos empresariales (planta productiva).

A.2. Programa de Beneficios Adicionales a los Deudores de Créditos para Vivienda

Este programa, puesto en marcha en mayo de 1996, fue diseñado con el objeto de beneficiar a deudores de créditos hipotecarios Las condiciones para recibir los beneficios del programa han sido que dichos créditos hubiesen sido otorgados con anterioridad al 30 de abril de 1996 y se hubiesen reestructurado en UDIs a más tardar el 30 de septiembre de ese mismo año. Posteriormente, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público resolvió prorrogar, hasta el 31 de diciembre de 1997, el plazo máximo para reestructurar los créditos hipotecarios en UDIS al amparo del programa.

La implantación de este programa se hizo necesaria, debido a dos razones fundamentales:

1) aún en el caso de créditos hipotecarios ya reestructurados en UDIS, para un porcentaje considerable de acreditados las mensualidades continuaban absorbiendo un porcentaje muy elevado de su ingreso; y
2) la debilidad del mercado de vivienda ha llevado a que con frecuencia el valor de la propiedad hipotecada crezca a una menor velocidad que el principal de los financiamientos denominados en UDIS. El programa aludido incorpora un esquema de descuentos decrecientes a los pagos, aplicable por diez años a partir de 1996.
Cifras de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores al cierre de 1997 muestran que el 87 por ciento de la totalidad de los créditos hipotecarios se habían adherido al programa señalado. A su vez, la totalidad de los créditos reestructurados en UDIS representa el 78 por ciento de la cartera susceptible de entrar en dicho programa.

A finales de 1997 la Comisión Nacional Bancaria y de Valores puso en marcha un esquema de descuentos en los pagos oportunos y en los pagos anticipados, en adición a los establecidos en el Programa de Beneficios Adicionales a los Deudores de Créditos para Vivienda. Los deudores que recibirán estos beneficios serán aquéllos con créditos denominados en UDIS y al amparo de los programas de apoyo para deudores de créditos a la vivienda, así como los deudores de créditos denominados en moneda nacional que hayan sido otorgados con anterioridad al 30 de abril de 1996. Mediante este programa los bancos comerciales otorgan descuentos adicionales a los deudores de créditos para vivienda.

A.3. Programa de Apoyo al Sector Agropecuario y Pesquero (FINAPE)

Este programa responde a la finalidad de ayudar a los acreditados bancarios de los sectores agropecuario y pesquero. Los créditos elegibles para ese programa pueden estar denominados en moneda nacional, dólares de los EUA o UDIS, pero deben haber sido otorgados con anterioridad al 30 de junio de 1996 y haber iniciado los trámites de reestructuración a más tardar el 31 de diciembre de 1996. Los créditos susceptibles de recibir estos apoyos son los de avío, refaccionarios, prendarios, así como consolidaciones anteriores de ese tipo de adeudos.

La parte medular del programa consiste en un esquema de descuentos aplicables a los pagos. Esos descuentos tienen vigencia durante el plazo que se convenga en la reestructuración respectiva (sin exceder diez años) o bien por el que reste del originalmente pactado en el contrato del crédito.

Los costos de los descuentos anunciados son cubiertos de manera conjunta por el gobierno federal y la banca, mediante un fórmula en la que el primero asume una proporción mayor en la medida en que la banca otorgue nuevos créditos al sector agropecuario.

Cifras proporcionadas por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, correspondientes al 30 de septiembre de 1997, muestran que, del universo de deudores y cartera susceptibles de participar en el presente programa, se han adherido al mismo el 75 por ciento de los deudores, que corresponden al 68 por ciento de la cartera.

A.4. Programa de Apoyo a la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (FOPYME)

Este programa proporciona apoyo en adeudos de hasta 6 millones de pesos a cargo de empresas, denominados en moneda nacional, dólares de los EUA o UDIS, contratados con anterioridad al 31 de julio de 1996. Este programa se estableció para auxiliar a los deudores que se encontrasen al corriente de sus pagos y aquéllos que hubieran regularizado o reestructurado sus adeudos a más tardar el 31 de enero de 1997.

Los créditos susceptibles de beneficiarse por este programa incluyen los de la banca múltiple, los descontados con la banca de desarrollo y con los fideicomisos de fomento económico constituidos por el gobierno federal, así como los concedidos por uniones de crédito, arrendadoras financieras y empresas de factoraje financiero descontados con la banca o con los referidos fideicomisos de fomento.

El acuerdo contempla descuentos a los pagos de los deudores, siempre y cuando los créditos correspondientes no se hubiesen derivado de líneas de crédito revolventes. Los descuentos se aplican hasta por 10 años, contados a partir del 1 de octubre de 1996. Por su parte, los créditos revolventes reciben descuentos en tasa hasta por dos años. Los costos del programa son absorbidos por la banca y el gobierno federal, dependiendo la parte que este último asuma, del monto del financiamiento que la banca otorgue en lo sucesivo a empresas micro, pequeñas y medianas.

Cifras al 30 de septiembre de 1997 muestran que del universo de deudores y cartera susceptibles de participar en el presente programa, se habían adherido al mismo el 63 por ciento de los deudores, a cuyo cargo está el 63 por ciento de la cartera de que se trata.

A.5. Acuerdo de Apoyo Crediticio a los Estados y Municipios

Durante el primer semestre de 1997, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y la Asociación de Banqueros de México AC establecieron un acuerdo para favorecer a los estados y municipios con adeudos denominados en UDIS.

Los beneficiarios de este acuerdo son las entidades federativas y municipios, incluyendo sus organismos descentralizados y empresas públicas, que habían reestructurado sus créditos en UDIS (conforme al programa descrito en el inciso A.1). Por virtud del acuerdo, los deudores tendrán la opción de ampliar el plazo de la reestructura hasta por 12 años adicionales.

Las reestructuras a mayores plazos podrán realizarse en alguna de las modalidades siguientes:

a) Los créditos reestructurados a 8 años, con 2 años como máximo periodo de gracia, se podrán reestructurar a un plazo de 18 años sin plazo de gracia.
b) Los créditos reestructurados a 5 años, sin plazo de gracia, se podrán reestructurar a un plazo de 15 años sin periodo de gracia.
El principal y los intereses que devenguen los créditos reestructurados se cubrirán mediante un esquema de pagos iguales en UDIS, determinados con base en las tasas de interés convenidas en la reestructura original. Sin embargo, los deudores cuyos créditos reestructurados devenguen una tasa de interés de 9.5 y 8.5 puntos porcentuales, y efectúen un pago anticipado del 20 por ciento y 10 por ciento respectivamente, podrán acceder a una tasa de interés del 7.5 por ciento. Asimismo, los deudores cuyos créditos reestructurados devenguen una tasa de interés de 9.5 puntos porcentuales, podrán acceder a una tasa de 8.5 puntos porcentuales si efectúan un pago anticipado del 10 por ciento de sus adeudos

B. Programas de Saneamiento Bancario

B.1. Programa de Capitalización Temporal (PROCAPTE)

Cinco bancos comerciales recibieron apoyo a través del PROCAPTE. Los créditos otorgados inicialmente al amparo de este programa alcanzaron 7,000 m. en junio de 1995. Al cierre de junio de 1996 dicho saldo se había reducido a 2,873 mp. y sólo dos bancos permanecían adheridos al programa. Al cierre de junio de 1997, ambos bancos habían liquidado ya sus adeudos derivados del programa, por lo que la vigencia de éste término.

B.2. Medidas de Capitalización Permanente

El gobierno federal, a través de FOBAPROA, ha proporcionado un incentivo para elevar los niveles de capitalización de las instituciones de crédito. El mecanismo consiste lo siguiente: las instituciones de crédito se comprometen a entregar a un fideicomiso, en el que FOBAPROA es fideicomisario en primer lugar, todos los recursos (los flujos) que se obtengan como consecuencia de la cobranza de créditos de su cartera41. Como contraprestación de lo anterior, el FOBAPROA asume obligaciones a su cargo y a favor de las instituciones, a plazo de 10 años, con garantía del gobierno federal42. Al amparo de esta fórmula, FOBAPROA adquiere flujos de créditos debidamente calificados y provisionados por un monto equivalente al doble del capital fresco que los accionistas aporten, o de una vez el capital en caso de que éste provenga de obligaciones subordinadas. Cabe señalar que el referido mecanismo no tiene impacto monetario.

A enero de 1997, doce de los bancos no intervenidos ni en situación especial se habían acogido a este esquema. El capital aportado bajo este programa representa el 176 por ciento del capital total de la banca en 1994. A diciembre de este año el monto de las obligaciones del FOBAPROA que se entregaron como contraprestación de la cartera, tanto por el programa de capitalización permanente como por otras compras especiales, asciende a 272.4 m.m.d.

C. Medidas Adicionales

C.1. Valuación y Venta de Activos

Debido a las características y magnitud de las compras43 de cartera realizadas por FOBAPROA (incluyendo la de los bancos intervenidos), en abril de 1996 se decidió establecer una empresa filial de dicho fideicomiso, Valuación y Venta de Activos (VVA), con el objeto de vender la referida cartera. La primera subasta de venta de activos (y la única que VVA llegó a efectuar) se llevó a cabo en julio de 1997. En esa ocasión se ofrecieron en venta créditos con un valor nominal de 135 millones de pesos, los cuales fueron enajenados a un descuento promedio de 50.5 por ciento. En agosto último, se decidió la liquidación de dicha empresa.

C.2. Bancos Intervenidos o en Situación Especial

Durante 1997, se transmitieron la red de sucursales de Banco Obrero a Banca Afirme y la de Interestatal a Banco del Atlántico. La transmisión incluyó los depósitos y los bienes inmuebles de tales sucursales.

En junio de 1997, FOBAPROA enajenó a Grupo Financiero Banorte las acciones de Banco del Centro. Por otra parte, las autoridades financieras y FOBAPROA, como resultado del proceso de venta de las acciones de Banpaís, negociaron con Grupo Financiero Banorte la transmisión de tales acciones, una vez que se cumplan diversos términos y condiciones. Asimismo, en agosto pasado, concluyeron las negociaciones con Citibank, NA., para que ésta, una vez que se cumplan ciertos términos acordados, adquiera las acciones del Banco Confía. También se llegó a un acuerdo para que el Grupo Financiero GBM Atlántico adquiera las acciones del Banco del Sureste.

Por último, cabe destacar que, además de las instituciones en proceso de venta, Banco Capital, Banco Promotor del Norte, Banco Anáhuac, Banco Industrial, Banco Obrero, Banca Unión, Banca Cremi y Banco de Oriente están intervenidos por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Dichas instituciones serán liquidadas. fusionadas o vendidas a la brevedad posible, según se estime conveniente.

III. 5 Mercado de Valores

Después de tres años consecutivos de reducciones en términos reales en el Ííndice de Precios y Cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores (IPC), durante 1997 dicho índice tuvo un incremento real de 34.4 por ciento44 (ver gráfica 51). El crecimiento del IPC fue determinado en buena medida por la recuperación económica, la creciente inversión extranjera en el mercado de valores nacional y la reducción de las tasas de interés internas.

Al cierre de diciembre de 1997, el valor de las acciones en circulación fue de 1,262.5 mmp (156.2 miles de millones de dólares), monto superior al del cierre del año anterior de 838.7 mmp (106.8 miles de millones de dólares). El saldo del ahorro externo en instrumentos de renta variable creció 58.1 por ciento en 1997, mientras que en 1996 dicho incremento fue de 26.4 por ciento.

Durante 1997 las operaciones realizadas con instrumentos de renta variable en la Bolsa Mexicana de Valores fueron de 26,370 millones de títulos, lo que dio como resultado un promedio diario de títulos negociados de 105.9 millones. Dicho promedio fue inferior al del año anterior debido a la menor bursatilidad que observaron las acciones de los sectores de comunicaciones y transportes, y de comercio en el ano objeto de este informe.

IV. CONSIDERACIONES FINALES

Durante 1997, se lograron avances significativos en múltiples aspectos del ámbito económico nacional. Esta afirmación se sustenta en varios hechos, como el mayor crecimiento económico en más de tres lustros, en combinación con una baja sustancial de la inflación; la reactivación del gasto privado, en particular de la inversión, la cual registró una expansión sin precedente; la creación de más de un millón de empleos, lo que permitió que la masa salarial creciera en términos reales; la notable contracción de las tasas de interés reales y nominales; y, el acceso renovado de los sectores público y privado a los mercados internacionales de capital. Se puede decir, sin duda, que en 1997 se fortalecieron los fundamentos de la economía.

Esto último ha sido de gran valor durante los primeros meses de 1998. En este periodo, la economía enfrentó fuertes perturbaciones inesperadas de origen externo -la profundización de la crisis asiática y la brusca reducción de los precios del crudo de exportación. En pocas palabras, el entorno económico que se tenía previsto para el año cambió de improviso. Las citadas alteraciones amenazaron la estabilidad de muchas naciones, entre ellas Japón- la segunda economía más grande del mundo. El propio Fondo Monetario Internacional redujo en magnitud no despreciable su previsión de crecimiento para la economía mundial en 1998.

En su Exposición sobre la Política Monetaria para 1998, el instituto central señaló que la crisis asiática podría llegar a afectar a la economía mexicana. Al estar México inmerso en los mercados globalizados, es imposible aislarse de perturbaciones de la magnitud descrita. Los efectos podrian
 
 

Al reaccionar de la manera descrita, el banco central sólo buscaría cumplir con su tarea prioritaria, lo que al paso del tiempo debería darle credibilidad creciente al objetivo inflacionario que se establezca. De lograrse una mayor certeza en las intenciones de abatimiento de la inflación, la estabilización se daría al menor costo social posible.

Es oportuno enfatizar que una política monetaria antiinflacionaria es un elemento necesario, aunque no suficiente, para obtener el mejor resultado en la lucha contra la elevación de los precios. Otros aspectos de la política económica, entre ellos el cambiario, el fiscal, el comercial y el salarial, deben también estar enfocados al objetivo común de disminuir la inflación. De no existir tal coordinación, el proceso de estabilización puede ser menos efectivo y llegar a generar trastornos innecesarios en la actividad económica. De hecho, la congruencia necesaria entre la política monetaria y la cambiaria se aseguraría de ser aprobada, por el H Congreso de la Unión, la Iniciativa de Ley propuesta por el Ejecutivo Federal, en la que se plantea que la responsabilidad de la conducción de ambas políticas quede asignada al Banco de México.

Con respecto al segundo condicionante para consolidar el proceso de desarrollo económico, el elemento fundamental es la vigilancia constante del entorno macroeconómico. Es pertinente recordar que la política económica no se aplica en el vacío. Las variaciones del ambiente macroeconómico interno y las condiciones de la economía mundial, en particular las de los mercados financieros internacionales, influyen en su diseño y ejecución. Ante estas circunstancias, conviene que las políticas económicas sean flexibles - para estar en posibilidades de reaccionar - y, como ya se mencionó, es indispensable la coordinación entre sus elementos.

Como parte de los esfuerzos para hacer operativo lo anterior, el instituto central debe mantener una actitud atenta en un ambiente en continuo cambio, con el objeto de descubrir a tiempo tendencias que pudieran afectar a los mercados. Así, aumentaría su margen de acción, podría sugerir modificaciones en otras políticas y, de ser necesario, facilitaría la coordinación con otras entidades públicas.

En el contexto descrito, la Junta de Gobierno del Banco de México ha percibido cierta tendencia en la evolución de una variable económica que, de prolongarse, podría constituirse en un factor de preocupación en el largo plazo. En particular. se hace referencia a la trayectoria de la cuenta corriente.

El déficit de la cuenta corriente no es más que el reflejo de un exceso de gasto interno sobre el ingreso nacional, que requiere para su financiamiento de la atracción de recursos del exterior. Esto se traduce precisamente en un superávit de la balanza de capitales, como el que se ha venido produciendo en los últimos años.

El desequilibrio puede estar originado en un aumento considerable de la inversión privada. En principio, una situación así no debería ser materia de preocupación, pues si la inversión se hace en proyectos rentables, se generarán los medios suficientes para amortizar a la postre los recursos externos utilizados.

Cuando la disparidad obedece a una expansión del consumo, se le debe prestar particular atención. Como fue mencionado en diferentes pasajes del informe, ya en el cuarto trimestre de 1997 el consumo creció a un mayor ritmo que el ingreso, lo que significó una leve disminución del ahorro interno y la ampliación del déficit de la cuenta corriente. Además, se tiene evidencia de que esta tendencia ha continuado durante el primer trimestre de 1998.

Ciertamente el déficit de cuenta corriente esperado para 1998 no representa problema, pues se financiará holgadamente con recursos sanos. De hecho, durante el primer trimestre de 1998 las entradas de capital han sido suficientes no sólo para financiar el déficit de la cuenta corriente, sino que también para acumular 1,400 millones de dólares de reservas internacionales. Aún más, se estima que la inversión extranjera directa está creciendo a un ritmo similar al del año pasado. Sin embargo, el fenómeno que hay que observar con cuidado es la velocidad con la que crece el déficit. Por lo tanto, se está haciendo referencia a un problema potencial de largo plazo. Para evitar su ocurrencia, hay que actuar con oportunidad, sin olvidar que el régimen de flotación del tipo de cambio y de las tasas de interés ofrece cierta protección automática contra la generación de grandes desequilibrios en la cuenta corriente y de la balanza de pagos.

Para mantener a niveles razonables el déficit de la cuenta corriente lo que procede es moderar el crecimiento del consumo, el cual viene expandiéndose a tasas altas, aunque sea a partir de una base relativamente baja. En este sentido, la política monetaria -el único instrumento de política bajo el control del instituto central- respondería si el consumo privado continuara expandiéndose a tasas elevadas. De hecho, esta prescripción de política va en línea con las acciones que el Banco de México debe adoptar para cumplir con su mandato prioritario de abatir de manera sostenible la inflación, pues un gasto excesivo tiende también a presionar al alza el nivel general de los precios. Sin embargo, el alto nivel consecuente de las tasas de interés podría atraer capitales del exterior, lo que, a su vez, se traduciría en un mayor déficit de la cuenta corriente. El hecho de que los efectos de la restricción monetaria sobre la cuenta corriente se puedan diluir a través de entradas de capital, implica que la política monetaria no puede por si sola alcanzar el objetivo referido.

Se estima que una manera más eficaz de atacar el problema potencial en cuestión, sería mediante la combinación complementaria de las acciones de política monetaria y fiscal, dado que la segunda es un medio efectivo adicional para controlar el déficit en cuenta corriente. Un mayor ahorro del sector público reduce el gasto total en la economía y, por tanto, disminuye el déficit en cuenta corriente.

Como complemento de lo anterior, habría que acelerar el incremento de la competitividad de nuestros productos en el exterior, lo cual es particularmente deseable en los tiempos actuales, dadas las secuelas que podría tener la crisis asiática. Esto no se puede lograr fabricando depreciaciones recurrentes del peso: las devaluaciones nominales producen alzas de precios inmediatas, por lo que las ganancias en competitividad que se obtendrían en el muy corto plazo serían efímeras.

La manera efectiva de promover la competitividad de México sería, en primera instancia, procurando un marco macreoconómico estable que sea conducente a una mayor inversión -tanto en capital físico como humano-; también se debe acelerar el paso en materia de cambio estructural, desregulación y privatizaciones. Sólo así la competitividad de nuestros productos podrá progresar a la velocidad necesaria para permitir cada vez una mayor penetración de las exportaciones mexicanas en los mercados internacionales.

Por otro lado, es importante insistir en que la experiencia adquirida de lo ocurrido en Asia y en México en los pasados tres años, obliga a perseverar en el esfuerzo por fortalecer a las instituciones financieras del país, no sólo mediante su capitalización, sino también a través del establecimiento de normas prudenciales que permitan una adecuada administración de los riesgos de crédito y de mercado (particularmente de moneda extranjera).

Como ejemplo, este instituto emisor adoptó hacia finales de 1997 un conjunto de disposiciones tendientes a procurar que las instituciones de banca múltiple obtengan liquidez suficiente para cubrir sus pasivos de corto plazo en moneda extranjera. En lo sucesivo, el Banco de México buscará reforzar medidas como esas, a fin de abatir la vulnerabilidad de nuestra economía a la volatilidad que caracteriza a los flujos de capital de corto plazo. Recientemente también el Ejecutivo Federal mandó una iniciativa de ley al H. Congreso de la Unión, con el objeto de reforzar las instituciones que deberían encargarse de la supervisión y de la regulación del sistema financiero.

México ha sido un país que ha sufrido crisis financieras y de balanza de pagos recurrentes, las cuales han sido, en su momento, factores que han detenido el crecimiento económico, han deteriorado la distribución del ingreso y han entorpecido el proceso de combate a la pobreza que tanto agobia. Con un seguimiento cuidadoso de la evolución de las variables claves de la economía, y con la adopción oportuna de medidas precautorias y correctivas, se evitarán nuevas crisis financieras y de balanza de pagos en el país. Precisamente con ese objetivo, se debe perseverar en el fortalecimiento de los aspectos básicos del sistema económico nacional. En este sentido, es indispensable encontrar las fórmulas para generar mayor ahorro interno. Por su parte, las políticas monetaria y fiscal deben propiciar la estabilidad. En particular, el Banco de México hará su mayor contribución a evitar sobresaltos económicos en el país, concentrándose en coadyuvar al abatimiento de la inflación. En lo concerniente al sistema financiero, se debe mejorar la supervisión y fortalecer el marco regulatorio, para que dicho sistema también aporte al progreso del país. Sólo así se podrá consolidar el proceso de desarrollo económico acelerado y sostenido que ya hemos iniciado.

NOTAS

1 De acuerdo a la metodología de cuentas nacionales, a precios constantes de 1993.
2 El PIB de los Estados Unidos creció 3.8 por ciento en 1997, su tasa de crecimiento más alta desde 1988.
3 Cifra resultante de comparar a la población económicamente activa ocupada a finales de 1996 con la correspondiente a finales de 1997.
4 Clasificación sectorial utilizada por el IMSS, la cual no coincide completamente con la del INEGI.
5 La citada tasa se mide con base en la información recabada a través de la Encuesta Nacional de Empleo Urbano del INEGI.
6 Tomando como referencia el tipo de cambio real multilateral del peso con respecto a 125 países, calculado con base en índices de precios al consumidor y utilizando a los PIB como ponderadores, la moneda nacional se aprecio 4.6 por ciento en términos reales durante 1997. Este resultado puede variar significativamente en función de la metodología que se utilice para medir al tipo de cambio real.
7 Las tasas de interés nacionales son relevantes, pues determinan los intereses pagados sobre la deuda interna en manos de residentes del exterior.
8 Cabe recordar que el monto total de inversión extranjera directa que se presenta en este documento es susceptible de modificaciones al alza. Ello debido a la existencia de proyectos que se han efectuado y que no han sido notificados al Registro Nacional de Inversiones Extranjeras, ni han sido identificados por el Banco de México ni la SECOFI.
9 Conviene aclarar que en 1997 el saldo de la deuda externa bruta del sector público se redujo en 9,963.3 millones de dólares. Esta disminución provino de la amortización neta arriba mencionada por 7,715.5 millones de dólares y por una reducción de 2,247.8 millones de dólares derivada de la apreciación del dólar frente a otras divisas y de ajustes por conciliación con las entidades del sector público. Por otro lado, tomando en cuenta que los activos financieros en el exterior del sector público aumentaron en 487.3 millones de dólares en 1997, se obtiene para ese año una disminución del saldo de la deuda pública externa neta por 10,450.6 millones de dólares.
10 Para que la suma de los saldos de la cuenta corriente, cuenta de capital y del renglón de errores y omisiones resulte en la variación de la reserva internacional neta del Banco de México hay que adicionar un ajuste negativo por valuación de la reserva internacional neta del Instituto Central por 18 millones de dólares.
11 Según la definición de reservas internacionales prevista en la Ley del Banco de México.
12 Los activos internacionales netos se definen como la reserva bruta, más los créditos convenio con bancos centrales a más de seis meses, a los que se restan los pasivos con el FMI y los pasivos a menos de seis meses derivados de convenios con bancos centrales. El saldo de activos internacionales netos reportado en este informe se calcula conforme a la metodología de valuación adoptada el 20 de junio de 1997. Bajo esta metodología los pasivos del Banco de México con el FMI y las tenencias de oro de este instituto central se valúan respectivamente al tipo de cambio DEG/dólar y a la cotización del oro en dólares correspondientes a la fecha del cálculo del saldo. Anteriormente los citados pasivos y las tenencias de oro se valuaban a las cotizaciones correspondientes al 31 de diciembre de 1996.
13 La mayoría de los analistas económicos estaban anticipando al inicio de 1997 que las autoridades seguirían una política monetaria y fiscal expansionista durante ese año por motivos electorales, lo cual ciertamente no sucedió.
14 Lo mismo no se puede decir de los precios de los bienes no comerciables. Normalmente la transmisión de los choques cambiarios a estos precios es más lento que en el caso de los bienes comerciables, debido a que el efecto es primordialmente indirecto. Con frecuencia un número importante de precios de bienes no comerciables están sujetos a contratos que se revisan esporádicamente (como los arrendamientos de vivienda y los salarios). En el periodo a partir de noviembre de 1994 la transmisión de los choques cambiarios a los precios de los bienes no comerciables ha sido particularmente lenta, dado el impacto negativo sobre el empleo y salarios reales que tuvo la crisis de 1995.
15 La información de los ingresos y gastos públicos reportada en esta sección considera la misma metodología del documento que envía la SHCP a la H. Cámara de Diputados, intitulado "Informes sobre la Situación Económica, las Finanzas Públicas y la Deuda Pública".
Los datos que se reportan no son directamente comparables con los de años anteriores, en virtud de haberse revisado las cifras de ingresos, gastos y PIB, modificado el universo de entidades del sector público a raíz de las desincorporaciones realizadas, y de que, a partir de 1995, el DDF no se incluye como parte del sector público no financiero. Esto último conforme a las reformas aprobadas por el H. Congreso de la Unión al Estatuto de Gobierno del Distrito Federal, las cuales fueron publicadas en el Diario Oficial de la Federación del 26 de julio de 1994. Finalmente, para calcular cifras en términos reales, se utilizó el Índice Nacional de Precios al Consumidor como deflactor.
16 Personas que no reciben atención por parte del IMSS e ISSSTE.
17 El balance económico primario se define como la diferencia entre ingresos y gastos del sector público no financiero, excepto intereses.
18 Dicha deducción aplica únicamente para vehículos cuyo valor no rebasa un límite fijado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
19 Consiste en beneficiar a los contribuyentes con adeudos superiores a los 500 mil pesos, siempre que éstos se hubieran generado antes del 31 de mayo de 1996.
20 No incluye las transferencias estatutarias al ISSSTE por 8.4 mmp.
21 Incluyen las transferencias estatutarias al ISSSTE por 8.4 mmp.
22 Las cifras de PEMEX corresponden a la consolidación de sus organismos subsidiarios: Corporativo Exploración y Producción, Refinación, Gas y Petroquímica Básica, y Petroquímica.
23 Entre las cuales destacan las siete empresas filiales de PEMEX-Petroquímica (Camargo, Cangrejera, Cosoleacaque, Escolín, Morelos. Tula y Pajaritos) así como la entidad denominada Satélites Mexicanos, todas ellas SA de CV. Estas empresas fueron creadas con el propósito de permitir la participación del capital privado y social en sectores tradicionalmente reservados al Estado, mediante la venta de acciones de su capital social. Una vez que dicha venta se efectúe, las empresas serán excluidas del universo vigente de entidades paraestatales.
24 Incluye la reincorporación como entidad vigente de la empresa Exportadores Asociados, SA de CV.
25 Nótese que prácticamente todos los precios mencionados son determinados por el sector público o están sujetos a negociación oficial.
26 Aunque el valor de esas previsiones fue disminuyendo conforme avanzó el año.
27 Durante 1997, el Banco de México no intervino en el mercado cambiario, más que a través de los mecanismos de opciones y de subastas de dólares que se explican más adelante.
28 Para este ejercicio se consideró la tasa de los Cetes a 28 días en lugar de la TIIE, pues la serie de tiempo de la primera permite una comparación multianual más amplia.
29 Hay que recordar que la base monetaria por el lado de sus usos está conformada por los billetes y monedas en circulación y por los recursos que el sistema bancario mantiene depositados en el banco central.
30 Dicho saldo, para la gran mayoría de los días del año, fue de cero. Los escasos saldos positivos que resultaron fueron causados por errores de pronóstico de la demanda de billetes y monedas, y por lo general desaparecieron el día hábil inmediato siguiente.
31 Dicho objetivo se dio a conocer todos los días hábiles antes de que el instituto central saliera a efectuar sus operaciones de mercado abierto.
32 Los activos internacionales netos se definen como la reserva bruta, más los créditos convenio con bancos centrales a más de seis meses, a lo que se restan los pasivos con el Fondo Monetario Internacional y los pasivos a menos de seis meses derivados de convenios con bancos centrales.
33 El mecanismo de ajuste también opera cuando hay salidas de capital y depreciaciones aceleradas del tipo de cambio.
34 En principio los bancos comerciales sin liquidez, que por lo general eran los chicos, hubieran podido haber hecho lo mismo con títulos emitidos por ellos. Sin embargo, el precio de los títulos de bancos sin excedentes de liquidez (por lo general los chicos) era menor que el de los valores gubernamentales, por lo que en la mayoría de los casos la operación con los títulos bancarios no hubiera sido redituable.
35 Las medidas expuestas en los incisos 1 ) y 2) han permanecido vigentes hasta la fecha.
36 Los derivados utilizados con mayor frecuencia en el caso del peso mexicano son los futuros, los "forwards" y las opciones.
37 Integrada por funcionarios de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y del Banco de México y a cuyo cargo está la determinación de la política cambiaria del país.
38 Para estos efectos, el tipo de cambio del día hábil inmediato anterior será el que el Banco de México publique en el Diario Oficial de la Federación el día de la subasta (a menos de que el Banco de México haya vendido el día hábil inmediato anterior divisas mediante el mecanismo citado, en cuyo caso el tipo de cambio del día hábil inmediato anterior sería el que hubiera resultado de la subasta del día hábil inmediato anterior). La publicación referida se hace todos los días hábiles bancarios a fin de dar a conocer el tipo de cambio conforme al cual deban solventarse las obligaciones denominadas en moneda extranjera pagaderas dentro del territorio nacional. El referido tipo de cambio que se publica en un día determinado refleja el tipo de cambio de mercado del día hábil bancario inmediato anterior, según el muestreo que al efecto realiza el banco central.
39 La base monetaria, por el lado de sus usos, esta compuesta por los billetes y monedas en circulación y por los depósitos en cuenta corriente de las instituciones de crédito en el banco central.
40 El coeficiente de cartera vencida se obtiene de dividir la suma del capital y los intereses vencidos entre la suma del capital y los intereses devengados no pagados (vencidos y no vencidos) correspondientes a los saldos de crédito en poder de la banca. En ambos conceptos se excluye la cartera cedida a FOBAPROA así como la traspasada a los fideicomisos del programa de reestructuraciones en UDIs.
41 Las instituciones de crédito conservan la titularidad de los créditos, pero deben entregar el producto de la cobranza al citado fideicomiso
42 Cabe señalar que los créditos originadores de flujos queden registrados fuera del balance del banco, en cuentas de orden, en virtud de que económicamente el riesgo de la cartera es del fideicomiso. Los bancos dan de alta en su balance los títulos a cargo de FOBAPROA que reciben como contraprestación.
43 Se habla de adquisición de cartera por facilidad de exposición. En términos jurídicos precisos, lo que FOBAPROA adquiere, de acuerdo a lo explicado en el inciso anterior, son derechos sobre el producto de la cobranza de la cartera de que se trate, la cual es traspasada por el banco respectivo a un fideicomiso que es administrado por el propio banco.
44 Considerando el valor del IPC de fin de periodo y la inflación de diciembre-diciembre.