El presidente diputado Porfirio Muñoz Ledo: Tiene la palabra, el diputado Ricardo de la Peña, del Partido Encuentro Social.

El diputado Ricardo de la Peña Marshall: Honorable asamblea. El día de hoy conmemoramos el CVIII aniversario del inicio de la Revolución Mexicana, gesta histórica de altísima complejidad que representó la tercera transformación de nuestro país.

La continua reelección del general Porfirio Díaz, presidente cuya persona en torno y administración profunda y paulatinamente se alejaron de las necesidades de la mayoría, se volvió campo fértil para movimientos indígenas, campesinos y obreros, los que fueron reprimidos con gran violencia por las fuerzas militares.

Y esto nos recuerda un poco el final de la tercera transformación de este país. Fue en 1908, hace 110 años, que un hacendado coahuilense, Francisco I. Madero, publicara un libro titulado La sucesión presidencial en 1910, en el que criticaba el perfil dictatorial del gobierno de Díaz y llamaba a convertir a México en un Estado democrático y moderno, con elecciones libres, libertad de expresión y de asociación, entre otras, partiendo de un principio de gran sencillez, pero no simplista, que solo requería dos elementos. La libertad de sufragio y la no reelección.

Posteriormente, Madero fue encarcelado. En lo que se reelegía Díaz, escapó a San Antonio Texas, y el 5 de octubre publicó el famoso Plan de San Luis en el que llamaba a levantarse en armas el 20 de noviembre de 1910 a las 6 de la tarde, para derrocar al porfiriato y establecer elecciones libres y democráticas.

El llamado a las armas de Madero produjo diversos alzamientos en todo el país, tal como conocemos todos nuestra propia historia nacional y el triunfo del coahuilense en las elecciones de 1911, para que en febrero de 1913 fuera asesinado y la presidencia usurpada por Huerta.

De inmediato la lucha violenta por el poder duraría más de una década, y hubo tantos planes de gobierno como caudillos, mientras decenas de miles de niños, niñas –sí, nuestra juventud–, así como adultos y viejos, murieron en los frentes de batalla causándose con ello gran confusión y erosión institucional de la vida pública de México.

La Revolución ha terminado, así, con la tercera transformación de este país. Hoy es el momento de iniciar esta cuarta transformación, y hay que decir que al final de la tercera transformación de México, fue la apuesta por el Estado de derecho y las instituciones, la Constitución que nos rige y que protestamos guardar y hacer guardar, así como la opción preferencial por la justicia social, lo que detuvo la violencia.

La madurez hoy la tenemos como país. La oportunidad hoy la tenemos en nuestras manos. Estamos en el umbral de la cuarta transformación. Damos la bienvenida al llamado por el rescate de la memoria histórica y cultural de México para que, desde el análisis de los sucesos del pasado, expliquemos nuestro presente.

Recuperemos las experiencias luminosas de nuestra historia, de nuestro pueblo y de nuestra cultura misma y defendamos las conquistas legales e institucionales que nos permitieron dar cohesión al tejido social. Un México justo, con democracia y bienestar para todos es posibles. Hagámoslo nosotros. Es tanto, señor presidente, gracias.