El presidente diputado Porfirio Muñoz Ledo: Se otorgará a las y los diputados el uso de la palabra para fijar su postura, hasta 15 minutos cada uno. Tiene la palabra la diputada Lilia Villafuerte Zavala, diputada sin partido.

La diputada Lilia Villafuerte Zavala: Gracias, presidente. “La igualdad es el alma de la libertad, de hecho, no hay libertad sin ella”. Frances Wright.

Compañeras y compañeros, no se puede entender la vida y la solución de los conflictos sin la igualdad. Y mucho menos cuando su ideal no se encuentra sustentado en las leyes que rigen la civilidad y la convivencia en los seres humanos.

La lucha por la igualdad de género ha estado presente en distintos momentos de la historia y ha inspirado a personajes de todos los campos, disciplinas, profesiones y terrenos.

Es la universalidad su causa primera y su reconocimiento una necesidad del mundo de contar con nuestra aportación insustituible para construir una sociedad más justa en paridad para todas las personas.

Al respecto es necesario recordar que paridad es igualdad, que no se trata de una medida de acción afirmativa de carácter temporal y tampoco compensatoria. La paridad es un principio constitucional que tiene como finalidad la igualdad sustantiva entre el hombre y la mujer, y que nuestro país ha adoptado como parte de los compromisos adquiridos con el objeto de que los derechos políticos electorales de las y los ciudadanos se ejerzan en condiciones de igualdad.

La paridad es y debe ser una medida permanente para lograr la inclusión de mujeres en los espacios de decisión pública. Si bien la igualdad entre hombres y mujeres ante la ley ya se encuentra consagrada en nuestra Carta Magna, aún existe un gigante por vencer y es la percepción cultural y las brechas de desigualdad desde el núcleo familiar, la educación, las oportunidades de empleo y los salarios. Los espacios en el servicio público y el acceso a los medios para que la voz de las mujeres tenga el mismo alcance y difusión.

Las cifras hablan y refuerzan el discurso más allá de la retórica. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos en América latina, las mujeres ganan ente un 10 y un 30 por ciento menos por realizar las mismas tareas que los hombres.

Y en plano del servicio público las cosas no son muy distintas, donde los hombres tienen un 75 por ciento mayores posibilidades de acceder a los puestos de más responsabilidad frente a una mujer con las mismas capacidades y competencias.

De hecho, aun cuando en nuestro país y esta legislatura hemos logrado sentar un precedente importantísimo en el mundo, las mujeres solo representan un 22 por ciento de los puestos parlamentarios.

No olvidemos que hubo una época, no muy lejos de nuestros días presentes, en los que la excusa para limitarnos el acceso a la vida política del país era la falta de interés en esta por parte de nosotras las mujeres. No obstante, del 2014 a julio de 2018 comprobamos que esta afirmación solo vivía en el imaginario de los necios y temerosos con un registro de más de tres mil 500 mujeres para ocupar algún puesto de representación popular frente a solo 503 hombres registrados.

El Poder Judicial no se encuentra exento de este análisis, pues hasta hace apenas siete años aún existía una considerable desproporción entre mujeres y hombres, ya que para el caso de los cargos de juez de distrito el 76 por ciento lo ocupaban hombres y solo el 24 por ciento mujeres. Para los puestos de magistrado de circuito el 82 por ciento lo ocupaban hombres frente al solo 18 por ciento por mujeres.

Y pese a que otras cifras y sus tendencias se han ido equilibrando en algunas entidades como la nuestra en Guanajuato, sin embargo aún hay signos de resistencia por romper. Sabemos que las causas de esa renuencia han sido principalmente sociales y culturales, y que algunos organismos, medios y corporaciones aún contribuyen a acentuar estas diferencias en un afán por prolongar el control sistemático de las sociedades a partir de cortar las alas de su ser más insurrecto, perseverante y obstinado, como somos las mujeres.

Sin embargo resulta imprescindible enfatizar que no se trata de hacer un camino pavimentado de privilegios inequitativos o de simulaciones mediante las cuotas de género, sino simplemente la justa competencia donde se reconozca nuestro esfuerzo, la capacidad, el profesionalismo, la probidad y la preparación de las mujeres para ocupar los distintos puestos de trabajo o de representación.

Es por nuestra capacidad de romper paradigmas, de cuestionar dogmas arcaicos e impulsar la paz y el amor por lo justo y lo correcto que nuestro paso firme que hace vibrar el suelo, no ha dejado de incomodar los intereses de unos cuantos y su influencia sobre las masas manipulables precisamente por esa razón debemos continuar sin detenernos.

He ahí la trascendencia del dictamen que hoy discutimos. He ahí la forma en la que hoy estamos escribiendo un capítulo central en la historia de México, en el que desde nuestra labor legislativa se amplía el principio de paridad de género, reconocido en nuestra Constitución federal desde el 2014, y donde se busca la aplicación explícita como regla fundamental en la integración en todos los espacios.

Las diputadas y los diputados sin partido si bien no ostentamos color distintivo alguno, sí llevamos como bandera la convicción de que la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres es trazar el camino idóneo hacia la libertad, la justicia y el desarrollo integral de las naciones, por ello votaremos a favor de este dictamen y celebraremos su aprobación con la misma satisfacción de una conquista de gran calado por alcanzar esa igualdad.

Cierro con un bello pensamiento. Le dijeron que llorar era señal de debilidad, pero cada lágrima fue un eslabón para su fortaleza. Le dijeron que no tenía voz, pero su corazón hacía un eco más poderoso que el mismo trueno en los valles. Le dijeron que no podía sólo por ser mujer, pero su voluntad movió al universo mismo y se hizo agua y lavó los cielos. Se hizo tierra y elevó las montañas. Se hizo viento y en su pecho albergó el soplo de vida que en ella misma se renueva. En honor a mi madre. Gracias, presidente.