El presidente diputado Porfirio Muñoz Ledo: El diputado Mario Delgado Carrillo, de Morena.

El diputado Mario Delgado Carrillo: Gracias. Con su venia, presidente. Compañeras y compañeros, nada más un comentario inicial. La existencia de la adenda la justifica el acuerdo que tomó la Junta de Coordinación Política para realizar unas audiencias públicas después de que se tenía un dictamen.

Y nada más recordar ahí porque yo sé que los coordinadores parlamentarios de los grupos que protestaron la adenda tienen palabra y honor. Sabían que el convocar a un periodo extraordinario sobre un dictamen iba a generar observaciones y nunca planteamos las audiencias como simulación, sino como un proceso real, auténtico, honesto, como nunca había ocurrido en esta Cámara, para escuchar a todos e incorporar sus opiniones en este dictamen y eso es lo que estamos haciendo el día de hoy.

Nos hemos convocado el día de hoy, el Poder Legislativo, la Cámara de Diputados, para darle respuesta al mayor reclamo que tienen los mexicanos desde hace ya varios años, la espiral creciente de violencia, sangre y muerte en la que está envuelta nuestro país, no tiene precedente y mantiene en la zozobra a la gran mayoría de la población.

No podemos acostumbrarnos a la violencia, hemos perdido la dimensión humana del dolor que representan más de 200 mil muertos, cada 20 minutos, cada 20 minutos un mexicano es asesinado. El fracaso mayor de nuestra generación es que la violencia ha reducido la esperanza de vida en los hombres en nuestro país.

Por eso quiero invitarlos el día de hoy a que mantengamos un debate a la altura del reto que nos convoca, aceptemos que más allá de los colores y de gobiernos, como clase política hemos fallado para detener el fenómeno de la violencia. Dejémosle de apostar al fracaso, imaginemos que el día de hoy vamos a firmar un acuerdo por la paz, llevemos al extremo la idea de que hoy podemos alcanzar un acuerdo para terminar con la guerra e iniciar una etapa diferente para la nación y a lo largo de la historia hay varias condiciones que tienen que cumplirse para cimentar una paz duradera.

En primer lugar hacernos responsables, reconocernos, aceptar la parte de responsabilidad que a cada quien nos toca. Segundo, la reconciliación, tenemos que volver a confiar entre nosotros, tenemos que darnos la oportunidad por el bien de nuestra patria. Y tercero, hacer compromisos hacia adelante. Crear instituciones que funcionen y que den respuesta a los retos más grandes que tiene nuestro país. Representamos todos a los millones de mexicanos que claman por su tranquilidad y el resguardo de su vida y de sus bienes.

La inmovilidad cuesta vidas. El obstruccionismo por razones políticas no vale la pena porque vale más la vida de nuestros compatriotas. La indolencia, en este caso, es indolencia criminal.

Debemos aspirar, debemos ser capaces de construir una política de seguridad con carácter de Estado. Esa debe ser la respuesta en uno de los momentos más oscuros de la nación.

La propuesta del presidente de la República resulta muy valiosa porque va a fondo a diseñar en la Constitución una nueva institución policial de alcance nacional con las características, facultades, capacidades, organización, preparación y recursos necesarios para enfrentar de inmediato la crisis de inseguridad. Ante una situación extraordinaria se requiere una respuesta extraordinaria, diferente, innovadora.

Los errores del pasado no pueden inmovilizarnos hacia el futuro. No dejemos que nos ganen ni los prejuicios ni los miedos. Las lecciones están claras, utilicémoslas para no volver a caer en esos errores. Pero no hagamos de estas malas experiencias nuestra hipótesis permanente de futuro. Hagamos el mejor esfuerzo. Tomemos todas las garantías, las previsiones necesarias para que no volvamos a fallar. No tenemos tiempo, no tenemos la oportunidad de fallar.

No podemos tampoco seguir manteniendo este doble discurso con nuestras Fuerzas Armadas. Por un lado nos ponemos muy serios para hacerles un reconocimiento por su labor y servicios a la patria, y por otro lado les negamos la confianza de que 40 mil de sus elementos puedan integrar una nueva institución, una nueva policía con un nuevo mandato, una nueva preparación, responsabilidad y obligaciones, y ponemos en duda que vayan a actuar con la disciplina y lealtad que siempre han mostrado, y los tratamos como potenciales violadores de derechos humanos.

Quisiera ver, y ojalá que los gobernantes de los partidos que no comparten el dictamen de hoy, ojalá, ojalá no le pidan tan vehementemente como aquí se han opuesto, a sus gobernadores, a que no acepten la Guardia Nacional porque pondría en riesgo la seguridad de sus habitantes, de sus gobernados.

A pesar de que la Guardia Nacional se inscribe en la Constitución como una institución policial de carácter y dirección civil adscrita a la Secretaría de Seguridad Pública, hay voces que siguen poniendo en duda la lealtad y disciplina de la actuación de los militares que integrarán la Guardia Nacional.

En días pasados, en un hecho inédito, tiempos de la cuarta transformación, el general secretario de la Defensa y el almirante secretario de la Marina, en las audiencias públicas convocadas por esta Cámara, respondían, nos aclaraban, nos recordaban que el Ejército Mexicano lleva más de 100 años bajo el mando civil, con gran lealtad a la patria.

Aquí habría que decir que han tenido más lealtad a México que algunos sectores de la clase política que han tomado medidas que atentan contra la soberanía nacional.

De aprobarse esta reforma se terminaría con la simulación constitucional en la que hemos estado desde hace 12 años con el Ejército en las calles haciendo labores que no le corresponden. El Ejército se dedicará exclusivamente a lo que le mandata la Constitución.

La Guardia Civil será responsable de las tareas de seguridad pública para la salvaguarda de la vida, la libertad, la integridad y el patrimonio de las personas, la preservación de los bienes y recursos de la nación, en colaboración con las entidades federativas.

Su formación, capacitación y desempeño, será bajo doctrina policial, fundada en la disciplina –y esto lo dice el texto de la Constitución– fundada en la disciplina, respeto a los derechos humanos y perspectiva de género.

El gobierno de la República ya ha pedido oficialmente a las Naciones Unidas, que participen en la formación en materia de derechos humanos de los elementos que integrarán la Guardia Nacional.

Queremos que esta Policía Nacional, la Guardia Nacional tenga lo mejor de las Fuerzas Armadas, todos los mexicanos les reconocemos su disciplina y sus valores como la honestidad, la honradez, el patriotismo, la lealtad.

Así queremos a esta Guardia, pero con una formación diferente, una formación policial, de proximidad con la ciudadanía, de prevención del delito. El guardia, no el policía, no el militar, el guardia tendrá la disciplina militar y la preparación policial, con una preparación policial única en el país, porque deberá integrar la preparación en materia de derechos humanos y equidad de género.

Es una fórmula inédita, tendremos la oportunidad de detallarla claramente en la Ley de la Guardia a la que nos hemos obligado en un plazo de 90 días, mientras que el Ejército tiene una filosofía, una misión diferente, la de aniquilar el enemigo potencial del Estado mexicano, la Guardia Nacional, la Policía Nacional tiene como objetivo, enfrentar a ciudadanos que tienen derechos que están fuera de la ley y su objetivo es presentarlo ante el ministerio público.

Otra garantía que se tiene para garantizar la eficacia de la  Guardia y el respeto a los derechos humanos, es que por primera vez el Congreso reglamentará el uso legítimo de la fuerza y también haremos una ley para tener un registro de detenidos.

La Guardia Nacional no podrá ser, porque no lo permite la Constitución, ser un instrumento para reprimir manifestaciones, marchas o protestas sociales, además el presidente de la República se ha comprometido a nunca dar la orden de reprimir al pueblo.

Ya no queremos un país de muertos o familias enlutadas, demos un paso decisivo para derrotar a la delincuencia, construyamos esta institución a la altura de la urgencia que tiene el pueblo de México.

Quiero recordar que esta es solo una de las ocho estrategias del Plan de Paz y Seguridad que lanzó el presidente de la República. Estamos conscientes que la Guardia va a ser insuficiente para pacificar al país, necesitamos ir, como se plantea en el Plan de Paz, a las causas que han generado la violencia, como es la pobreza, la falta de oportunidades para los jóvenes, el empleo, el rescate del campo, el terminar con la impunidad y erradicar la corrupción.

Nuestro país tiene un mejor destino que la tragedia, pongámonos a la altura de la crisis y demos un paso adelante.

Nosotros no somos sus adversarios, los adversarios están allá afuera y tienen atemorizada a la población. Actuemos en consecuencia, actuemos con honestidad, terminemos la estrategia fallida de la guerra y démonos una oportunidad para la paz. Muchas gracias.

La presidenta diputada María de los Dolores Padierna Luna: Se informa a esta asamblea que con la intervención del diputado Mario Delgado Carrillo ha terminado el plazo para la presentación de reservas al presente dictamen.