El presidente diputado Porfirio Muñoz Ledo: Tiene la palabra María Wendy Briceño, de Morena, hasta por diez minutos.

La diputada María Wendy Briceño Zuloaga: Con el permiso de la Presidencia. “La enredadera feminista se hace de muchos nudos y de muchos lazos que se tienden imperceptiblemente para los ojos controladores del orden patriarcal”. Marcela Lagarde.

Muy buenas tardes a todos y a todas en este histórico día por la paridad de género. Saludamos de manera especial a las feministas organizadas, defensoras incansables. A las que hoy están aquí en vida y en espíritu de lucha celebrando con nosotras esta victoria por derechos políticos plenos. A las que nos han antecedido como homenaje y reconocimiento indispensable. Agradeciendo profundamente a las Mujeres en Plural, a 50+1 por su acompañamiento, empuje, solidaridad y confianza, para legislar responsablemente por la paridad en todo.

Ya lo decía Amelia Valcárcel: “al feminismo siempre se le puso un inconveniente curiosísimo desde el siglo XIX, cada vez que ha reclamado igualdad, es notable, siempre se le ha respondido con una explicación de por qué la igualdad es imposible o una explicación de por qué la igualdad todavía no existe y su condición de posibilidad ha de remitirse a un futuro incierto”.

Hoy estamos evolucionando, no solo como nación para cambiar este futuro, sino que damos un ejemplo a nivel internacional desde el ámbito legislativo. A nivel mundial somos la cuarta nación con mayor tasa de mujeres parlamentarias, rebasando incluso los porcentajes de naciones como Suecia, Noruega o Finlandia. Por ello, el reto actual de transversalizar la paridad en todos los órdenes de gobierno no es menor.

Estamos hoy, compañeros y compañeras diputadas, ante uno de los actos de resocialización política más importantes de la historia reciente.

En 1953, a partir de nuestro ejercicio de derecho al voto, el debate sobre los derechos políticos, desde una visión que incluye al género como punto de discusión, ha pasado por una serie de transformaciones en el ejercicio de la ciudadanía de las mujeres, transformaciones de tipo cotidiano. Desde comunidades, municipios, distritos y estados han tenido que adaptarse, aunque con grandes resistencias del sistema patriarcal, y aceptar a las mujeres como miembros activos, y aún más, como líderes sociales.

Pero también han surgido cambios relacionados con lo institucional de la política, es decir, con los partidos políticos, quienes, presionados en mucho por feministas organizadas a nivel nacional e internacional, tuvieron que modificar su legislación interna y dar cabida a las mujeres para que participaran en condiciones más equitativas.

Esto, no sin resistencias y algunas argucias legales para su incumplimiento, esperándolos como actos de buena fe, pero donde no se obtenían grandes resultados. Y hay que decirlo, con sentencias emblemáticas de impugnación de los procesos electorales.

Hoy reafirmamos que a las mujeres nunca se nos ha regalado ningún derecho, hemos luchado por ellos.

Con el dictamen a la minuta, con el que se reforman los artículos 2, 4, 35, 41, 52, 53, 56, 94 y 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en materia de paridad de género que hoy atendemos, avanzamos significativamente al consagrar el derecho de las mujeres a participar en todos los espacios políticos, públicos, en condiciones de paridad con los hombres.

Al aprobar esta reforma constitucional estamos dando un nuevo sentido a la política y al ejercicio efectivo del poder desde la toma de decisiones. Pues con más mujeres en el espacio público, en organismos autónomos, gabinetes municipales, cabildos, congresos, secretarías de Estado, entre otros espacios, demostramos a la ciudadanía que puede haber nuevos referentes de buenas prácticas en posiciones de poder público.

Basta de decir que no hay mujeres capaces para ocupar los cargos. Esto es solo el principio en la legislatura de la paridad de género, cumpliendo los compromisos por una agenda progresiva con los derechos. Se trata de actuar en congruencia.

Se acabaron esas condiciones del patriarcado que nos exigían las ciudadanas, servidoras públicas, candidatas y representantes populares. Legitimar nuestro actuar político personal y experiencia o méritos bajos sus reglas. Y, aun así, intentar borrarnos de la historia y el desarrollo de los pueblos, comunidades, estados y nación.

Con estas reformas constitucionales se cierran y acabamos cada vez más con esas prácticas. Un derecho cada vez por los derechos de todas.

El reto ahora es reconfigurar el orden social al interior de las instituciones y partidos, que pongan fin a acciones discriminatorias y todas aquellas violencias normalizadas en la función pública. Que la integración de la Suprema Corte de Justicia, en gabinetes y gobiernos municipales, en la integración de candidaturas y la conformación de congresos mujeres y hombres compartamos el poder viene de la mano con mayor capacidad de respuesta, con alto compromiso y una visión crítica a la conducción de nuestra sociedad.

Lo hemos repetido en distintos foros: paridad no es número, en la paridad no cabe la simulación. Constituye actuar, en consecuencia, representando y gobernando dignamente a la mitad de la población nacional, creando mejores condiciones de vida para las y los mexicanos. En especial, para las mujeres, las adolescentes y las niñas.

No es una nueva ley de cuotas donde los órganos autónomos, partidos, gobiernos, cortes argumenten con pesar que toca colocar a mujer o que no hay mujeres aspirantes para las ternas y que eso complica los procesos electivos.

Suscribimos lo que plantea Rosa Cobo: la paridad es una propuesta política discutida porque ataca al núcleo básico de la democracia patriarcal, al proponer una nueva distribución de poder entre hombres y mujeres, de manera que su objetivo sería alterar esta estructura profunda del poder.

En la historia de los derechos políticos de las mujeres cuenta mucho ser parte de la historia que se escribe, como es nuestro caso, pero no por ello, diría Eli Bartra, que el punto de vista de las mujeres sea el que impere y se vuelva ciego y sordo frente al género masculino.

Se trata de un nuevo llamado a reconstruir juntos y juntas un país distinto, más justo, más igualitario. En este sentido, la progresividad nos dirige a legislar también sobre las leyes secundarias que de estas reformas a la Carta Magna emanan, y ahí está un nuevo compromiso.

Con estas reformas se abren también nuevos paradigmas sobre la rendición de cuentas en la gestión.  Sabemos que el orden local es en el que mayores casos de discriminación y violencia política sufren las candidatas, presidentas municipales, síndicas, regidoras, funcionarias públicas de los ayuntamientos.

Y si consideramos otra variable interseccional, como es el asunto de la representatividad al que se enfrentan las compañeras de los pueblos y comunidades indígenas, el problema se torna de una dimensión más compleja. Pero hoy, reivindicando también sus caminos y trayectorias al elegir a sus representantes, también tendrá que observarse el principio de paridad.

Vamos por una nueva resignificación de la historia, la sociedad, la cultura y la política desde las mujeres y con las mujeres de los pueblos y comunidades indígenas y con todas las mujeres en nuestra amplia diversidad.

Nuestras causas no se detienen, seguimos en la lucha por garantizar que en el ejercicio de los derechos políticos no se vulnere la vida de las mujeres.

En aras de buenas prácticas parlamentarias y como garantía por la progresividad de nuestros derechos políticos, confiamos en que el siguiente paso articulado con el Senado de la República replicará en un sentido positivo lo propuesto desde esta Cámara de Diputados y diputadas en materia de violencia política de género contra las mujeres en razón de género.

En estos momentos dicha iniciativa mantiene su propio curso legislativo y del cual estamos confiadas en que todos los grupos parlamentarios cerrarán filas en este mismo sentido también en materia de violencia política de género, como es el caso de este dictamen de paridad.

Me permito agradecer a las bancadas de Morena en ambas Cámaras y reconocer a los coordinadores parlamentarios su compromiso por transformar la vida de las mujeres mexicanas, defendiendo que es posible construir con todas y todos como mayoría responsable y si bien la paridad será una realidad más tangible en todo el territorio nacional.  En Morena, predicamos con el ejemplo al tener un gabinete paritario del más alto nivel en el gobierno de México.

Finalmente, pero no por ello menos importante, reconocer el arduo trabajo de las senadoras proponentes, de todos los grupos parlamentarios en ambas Cámaras, del presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados y diputadas, de la Junta de Coordinación Política, de las organizaciones de la sociedad civil, de las pioneras en los derechos políticos, de todas aquellas que representando a otras han reivindicado paso a paso la justicia social para las mexicanas.

Por todas las mujeres a las que cumpliendo su labor en el ejercicio público se les arrebató la vida ante las resistencias sistemáticas y por los derechos de todas las que vendrán. Promovamos, capacitemos, impulsemos a nuestras compañeras, a las ciudadanas, a nuestras representadas.

Que los sueños y aspiraciones de las niñas, de las adolescentes comiencen, porque pueden ser nombradas de manera correcta, así con esa letra que tanto molesta a los puristas del lenguaje, a los defensores del statu quo, presidentas, secretarias de Estado, juezas, ministras, alcaldesas, síndicas, regidoras, coordinadoras, directoras, diputadas, senadoras y todo lo que ella quieran porque no hay límite, porque a las jóvenes, a las mujeres no se les tache de incómodas y se les violente por aspirar a lo mismo que los hombres, ser voz de los pueblos, mano decisiva de las comunidades, mentes brillantes en los proyectos de desarrollo.

Escribamos y reescribamos la historia que desde ahora las mujeres extraordinarias no sean solo aquellas referidas como la primera que ejerció en su ámbito, sino que la fuerza, el tejido, la enredadera fértil nos nutra cada vez más mujeres capaces en la arena pública y podamos dar cuenta de ello, que delegar el poder y reconocer en otras sea nuestra mayor y más importante aportación a la sociedad. Es cuanto. Enhorabuena. Felicidades y muchas gracias.

El presidente diputado Porfirio Muñoz Ledo: Tiene la palabra la diputada Rocío Villarauz Martínez.

La diputada Rocío del Pilar Villarauz Martínez: Con su venia, presidente. La paridad es un paso decidido y firme en la construcción de nuestra democracia. Se dice fácil, pero ha sido un largo camino que inició con el reconocimiento del derecho de las mujeres a ser ciudadanas, a ser políticas.

Hemos ido avanzando a través de las cuotas de género primero con el 30 de participación, luego el 40 hasta llegar al día de hoy superando resistencias y violencias, pero también en el camino hubo aliadas y aliados que fueron clave para que hoy tengamos como nación la prioridad de una democracia paritaria que nos reconoce a las mujeres como personas plenas y con derechos.

Por eso quiero reconocer a los movimientos de mujeres que desde la política, la sociedad civil y el activismo en México y en el mundo han impulsado los cambios que este siglo necesita para el progreso de las naciones. La inclusión y participación total de las mujeres en todos los ámbitos y en especial en los espacios de poder y toma de decisiones.

Debemos reconocer que la poca representación de las mujeres en el poder político no respondía a cuestiones de técnica electoral de poca capacidad de las mujeres, o de que no hay mujeres para ocupar los espacios como justifican algunos.

No. Esa ausencia femenina en los espacios de poder se debe a un problema político resultado de una larga historia de exclusión y violencia hacia las mujeres en la esfera pública y ese problema es el que hoy, compañeras y compañeros, con esta reforma de paridad, estamos derribando.

Esta reforma tiene la cualidad de ser transformadora pues se va a reflejar en todos los ámbitos de la vida en sociedad, que dará como resultado un nuevo contrato social entre mujeres y hombres, es decir un contrato de igualdad y de derechos donde el acceso al poder y las oportunidades van a equilibrarse a pasos agigantados.

Ahora ya no tenemos más poderes que simulan estar en favor de la igualdad. Hoy la cuarta transformación garantiza los derechos políticos de las mujeres pues logra la paridad de los tres poderes y niveles de gobierno, así como en los Congresos locales, la administración pública, el Poder Judicial, los organismos autónomos en entidades federativas, municipios y alcaldías.

Pero ahí no se detiene el cambio. La democracia paritaria exige un cambio cultural. No sólo es alcanzar la igualdad en el ejercicio del poder, en la toma de decisiones, en los mecanismos de participación y representación social y política. También se debe ver reflejado en las relaciones familiares, en las relaciones sociales, económicas, políticas y culturales para que contribuya a erradicar la exclusión estructural de la que las mujeres hemos sido objeto. De ahí la importancia de esta reforma no sólo vista como el logro de la igualdad para alcanzar la democracia, sino además como impartidora de justicia, pues amplía los espacios para las mujeres que históricamente nos han sido negados, racionados o arrebatados y por los que hemos pagado altos costos, incluso la vida de miles de mujeres.

Gracias a esta reforma las mujeres posicionaremos temas que anteriormente estaban fuera de la agenda pública, es decir, vamos a incorporar nuestra visión a las soluciones de problemáticas en nuestro país.

El Grupo Parlamentario de Morena votará a favor de esta reforma, así una vez más juntos y juntas estamos haciendo historia.

México será el primer país a nivel mundial que tendrá en rango constitucional la paridad y un estado que incluye a las mujeres y las reconoce con igualdad en el ámbito político, abre la puerta a la consolidación de una sociedad igualitaria por la que tanto hemos luchado y que hoy será una realidad.

Celebro porque esta reforma será aprobada seguramente por todas las fuerzas políticas aquí representadas, y también los conmino a seguir construyendo consensos para avanzar en la aprobación de otras reformas constitucionales y propuestas de ley que están en las comisiones y que tienen por objetivo garantizar el pleno ejercicio de nuestros derechos.

La paridad garantiza que ninguna mujer podrá ser discriminada o impedida para el ejercicio de sus derechos políticos. No más discriminación y violencia política contra las mujeres. Paridad en todo. Es cuanto, señor presidente. Gracias.

El presidente diputado Porfirio Muñoz Ledo: Se informa a la asamblea que con esta intervención ha terminado el plazo para la presentación de reservas.