El presidente diputado Porfirio Muñoz Ledo: Tiene la palabra el diputado Rubén Moreira Valdez, del PRI.

El diputado Rubén Ignacio Moreira Valdez: Gracias, presidente.

El presidente diputado Porfirio Muñoz Ledo: Por favor.

El diputado Rubén Ignacio Moreira Valdez: Compañeras y compañeros diputados, México vive uno de los momentos más violentos en su historia. No podemos ocultar que, salvo en regiones aisladas, la inseguridad está al alza y los delitos más terribles siguen creciendo.

Es tal la violencia que ya afecta a todas las actividades de nuestra nación. Las libertades se ven amenazadas, poblaciones enteras viven en un toque de queda impuesto por el crimen. La magnitud del mal es increíble, al grado de que en muchas regiones la democracia está en riesgo.

Candidatos asesinados, presidentes municipales y servidores públicos ultimados. Y qué decir de la libertad de prensa. Informadores y periodistas son amenazados y en muchos casos se les arrebata la vida. Es momento de hacer algo más de lo que hasta ahora hemos venido haciendo.

No solo el presidente se comprometió en su campaña electoral a conseguir la paz, lo hicimos todos, los 500 diputados que aquí nos encontramos, los senadores, gobernadores y alcaldes. Todos en algún momento de nuestra campaña o vida pública recibimos el reclamo o la exigencia de paz.

Hoy recuerdo a nuestros compañeros que, buscando servir al pueblo, aceptaron una candidatura o protestaron un cargo público. Y por su honestidad y compromiso perdieron la vida. Todos tenemos un ejemplo de esa tragedia. En todos los partidos hay víctimas del monstruo del narcotráfico.

Hace más de 12 años se disparó la inseguridad. Es ilógico pensar que esto fue de manera espontánea, es claro que por años se incubó un desorden social que se materializó en un torrente de homicidios y actos de violencia que han secuestrado a nuestras comunidades.

En los últimos años ensayamos diversas formas de enfrentar la emergencia, con la excepción de algunos estados o municipios que hoy disfrutan de la paz, el común denominador es la inseguridad.

Hemos endurecido sanciones en una espiral que nos ha llevado a tener penas que equivalen a la cadena perpetua y de nada ha servido.

Destinamos recursos en forma creciente a esta materia, y de muy poco ha servido. Cambiamos el paradigma del sistema de justicia penal, portentoso esfuerzo para transformar todo nuestro sistema judicial y no hemos conseguido lo que esperábamos.

México reclama la paz, nos la reclama a nosotros, los servidores públicos, a los que tienen mando en las fuerzas de seguridad, a los que diseñan políticas públicas, a los que tenemos la honrosa posibilidad de legislar. Se lo reclama a esta Cámara, a cada uno de nosotros, a los que dijimos: Dame tu voto y te ofrezco trabajar por el bienestar de tus hijos.

Esta Cámara recibió la iniciativa del señor presidente de la República para transformar la vieja Guardia Nacional en una nueva institución del Estado mexicano que al servicio de las políticas públicas contribuya a la paz.

Aquella Guardia Nacional, la del siglo XIX, fue diseñada para que desde los estados los mexicanos salieran en defensa de la patria en los momentos más aciagos, fue para muchos patriotas la oportunidad de servir a México en la luminosa gesta que combatió al imperio.

Hoy se trata de cambiar el paradigma, con ese nombre que significa tanto para México, vamos a crear una institución que contribuya a la paz. Después de muchas horas de análisis, consulta y debate, queremos entregarles a los mexicanos una institución de carácter civil, con doctrina  policial, disciplina y compromiso social que enfrenta el reto de traer la tranquilidad a las grandes ciudades, a los caminos, a las carreteras y a las pequeñas poblaciones.

En la conformación de la Guardia Nacional queremos reflejar la urgencia de la paz. México no puede esperar y por eso hay que echar mano de las instituciones que ya tienen una cimiente de elementos aptos para transformarse en la nueva instancia que hoy estamos discutiendo.

La Guardia Nacional que se presenta hoy a votación no es la única institución en el mundo con elementos y características como las que pretendemos otorgarle, cada nación, cada nación construye los mecanismos que considera más viables para resolver sus problemas.

Nosotros hoy le presentamos a México una nueva Guardia Nacional y lo hacemos convencidos de que la nación merece la oportunidad de la paz.

Detrás de la construcción del texto que hoy vamos a votar hay un ejercicio democrático y de apertura. El espacio de tiempo que media entre la emisión del dictamen y esta sesión se llenó con ricas y aleccionadoras audiencias de consulta. Recibimos en provechosas jornadas de trabajo a gobernadores, presidentas y presidentes municipales, secretarios de Estado y expertos en seguridad y derechos humanos.

Lo hicimos de cara a la sociedad, con las puertas abiertas y la mayor difusión posible. Es innegable que el ejercicio democrático al cual me refiero dejó provechosos frutos y una nueva propuesta legislativa.

Construimos una Guardia Nacional bajo el mando y la tutela de civiles –el texto lo deja claro–, se organiza y se coloca dentro de una dependencia civil y la responsabilidad máxima de su conducción será civil. Hay una enorme diferencia entre lo que hoy votamos y lo que fue la propuesta original.

Las y los diputados del PRI escuchamos el clamor del pueblo que exige paz, escuchamos la necesidad de las autoridades de contar con herramientas que les sirvan para actuar y escuchamos la voz de los expertos que nos ilustró en la exigencia de una institución eficaz y respetuosa de los derechos humanos.

En estos parámetros ha transitado nuestra discusión interna y la ponderación personal para emitir el voto. En el texto están muchas de nuestras palabras y está sobre todo nuestra intención de cambiar para bien la situación que hoy vive México.

En nuestro voto está el mensaje que recibimos de los ciudadanos y el compromiso para construir una patria mejor. Lo que hoy votamos es la creación de lo que queremos sea una institución exitosa del Estado mexicano, que por su éxito trascienda la temporalidad de un sexenio y a la cual se incorporen los mejores mexicanos.

Entendemos la exigencia de una discusión urgente de un tema tan importante. La prisa, la urgencia no es sólo del señor presidente y del grupo mayoritario. También es de nosotros, de nosotros que conocemos la tragedia que se vive y queremos ver un México en paz.

Me dirijo a la mayoría para decirle que tanta es la prisa que nosotros también tenemos, que les pedimos que cuanto antes iniciemos los trabajos para traer un proyecto consensuado de leyes reglamentarias.

Nosotros, los priistas, les proponemos no detener la marcha. Queremos que nos encuentren. El término del proceso de reforma constitucional de lo que hoy votamos, con los proyectos de leyes secundarias ya concluido y consensuados, listos para ser sometidos a la soberanía.

Iniciemos de inmediato el ejercicio para proyectar la Ley de la Guardia Nacional y las que reglamenten e uso legítimo de la fuerza y el Registro Nacional de Detenciones.

En nosotros cuentan con una oposición que está en su papel. A nosotros nos corresponde, en la dialéctica de los debates, señalar lo que consideremos erróneo, excesivo o no pertinente. Nos corresponde representar la voz de los que emitieron su sufragio por nuestra opción.

Partimos del hecho de que en el debate de buena fe, las mayorías distinguen las razones y los argumentos, y eso posibilita los consensos.

El Poder Legislativo, a diferencia de los otros, se conforma con la voz de todos los electores. Aquí están los partidos que tuvieron más sufragios, y también los que no fuimos triunfadores. Aquí está la voz de 56 millones de mexicanos que el pasado julio fueron a las urnas.

Mientras más diputados voten una ley, más legitimidad tiene la misma. Bajo este principio emprendamos la construcción de la arquitectura jurídica que permita operar la reforma constitucional.

Antes de concluir tengo el mandato de mis compañeras y compañeros de bancada de señalar que nosotros no regatearemos nada al esfuerzo de paz, pero también de decirles, de decirle a la nación que para lograr este anhelo se requieren, además de la Guardia Nacional, políticas públicas que reconstruyan el tejido social, promuevan el crecimiento, alienten la armonía y privilegien la coordinación y cooperación entre autoridades.

Les decimos respetuosamente al Ejecutivo federal, a los gobernadores y a los alcaldes, que si no fortalecemos a las policías estatales y municipales, no va a llegar la paz. Les decimos que necesitamos de su voluntad política para coordinarse.

En el pasado hay muchos ejemplos de disputa, riña y poca colaboración entre los órdenes de gobierno. Los resultados todos los conocemos. Le pedimos que en materia de seguridad no haya diferencias partidarias, mucho menos competencias estériles.

Cuando culmine el proceso legislativo, inicia el tiempo de ustedes, de los que ejecutan, de lo que organizan, de los que operan y los que administran. Nosotros seremos los primeros en reconocer el éxito, pero también los primeros en señalar un resultado distinto. Ejerceremos nuestra función constitucional y democrática de evaluar, criticar y proponer, porque sabemos que con ello, construimos la posibilidad del éxito.

Compañeras y compañeros diputados, la Fracción Parlamentaria del PRI, después de muchas horas de discusión, ha decidido votar en favor de esta reforma constitucional.

Lo hacemos pensando en México, en las niñas y los niños que son el futuro de la nación, en los jóvenes que queremos ver triunfantes y en las mujeres y hombres que han padecido la violencia.

Con nuestro voto, queremos construir para nuestras hijas, hijos y nietos, el país que nuestros abuelos soñaron para nosotros, uno próspero, unido, orgulloso de sus instituciones, pero sobre todo en paz y armonía. Gracias.