El presidente diputado Porfirio Muñoz Ledo: Tiene la palabra, la diputada Olga Patricia Sosa Ruiz, del Partido Encuentro Social.

La diputada Olga Patricia Sosa Ruiz: Con su permiso, presidente. Hombre ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta, al menos no le quitarás este derecho. Dime ¿quién te ha dado el soberano poder de oprimir a mi sexo? Así lo sentencia Olan Degaugh en la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana de 1791.

En ese contexto histórico social que representó el parteaguas de la historia de la mujer, hago uso de esta tribuna no para pedir, no para rogar, no para mendigar, sino para alzar la voz y decirlo con seguridad. Estamos en una revolución, esa de la que habla Rosario Castellanos. Esa que se inició cuando se logró el reconocimiento al voto de la mujer en México.

Cuando por primera vez una mujer hizo uso de esta tribuna. Cuando la primera mujer ingresó a una carrera universitaria. Cuando tuvimos la primera alcaldesa o primera gobernadora. Cuando surgió una científica o una deportista. Cuando la mujer dijo basta y decidió enfrentar al mundo.

No en vano en el caso campo algodonero la Corte Interamericana de Derechos Humanos concluyó, a partir del reconocimiento del propio Estado mexicano, que la situación de discriminación hacia la mujer en México es estructural, que se trata de un fenómeno social, de un fenómeno cultural enraizado en las costumbres, enraizado en las mentalidades y que en los hechos de violencia hacia las mujeres están fundados en una cultura de violencia y discriminación basada en género.

Hoy estamos de cara a una reforma propia del constitucionalismo contemporáneo que obliga al Estado a promover las condiciones para que la igualdad de las personas sea real y verdaderamente efectiva, eliminando obstáculos que impidan su pleno desarrollo y efectiva participación en la vida pública de este país.

Estamos ante una reforma histórica, misma que desde hace mucho tiempo nos hemos planteado como un reto en nuestro país, y que es el de superar la añeja desigualdad que existe entre los distintos sectores sociales, iguales en derechos, pero como ya lo dijo una compañera en esta tribuna, en la realidad, con diferencias abismales en las oportunidades y condiciones para ejercer y disfrutar de los derechos mismos.

Hoy es satisfactorio leer el dictamen que tenemos en nuestras manos y poder sentir que estamos recogiendo el fruto de la lucha emprendida por muchas mujeres para alcanzar la igualdad política con los hombres.

Esta reforma significó un gran avance en la democratización del país al reconocer en todos los niveles y en todos los órganos, los derechos políticoelectorales básicos de las mujeres, quienes somos poco más de la mitad de la población total del país.

Con esta reforma constitucional se destaca la importancia y trascendencia que tiene la colaboración e intervención de las mujeres en la vida política de los pueblos, ya sea para hacer juzgadoras, secretarias de Estado, regidoras, síndicas u otros cargos en los que sin duda vendrán a mejorar la integración de los gabinetes, de los ayuntamientos, de los estados y de la federación.

Me queda claro que la particularidad de la mujer ante el compromiso social que hoy asumirá, aunado a su educación, su condición social de vida y las peculiares características que la distinguen, hacen que su participación en la vida política y pública de nuestro país, represente un factor en la moralización de la administración en sus distintos ámbitos de competencia.

Compañeras y compañeros diputados, me congratula el poder atestiguar que a la fecha mucho se ha avanzado, mucho se ha logrado. Por eso, envío desde aquí mi reconocimiento al Senado de la República y a esta, la legislatura de la paridad.

Agradezco también el ímpetu y el acompañamiento de Mujeres en Plural, gracias amigas. De Cincuenta Más Uno, y de muchas más organizaciones que de lejos hoy celebran, apoyan y festejan este logro.

Por ello, a la luz de las reformas constitucionales más significativas en materia de derechos para las mujeres, sigamos dignificando su papel en nuestro país. Tal y como lo refiere Patricia Galeana de Valadés. en su libro Universitarias latinoamericanas: liderazgo y desarrollo, por las miles de niñas que florecen libres en las escuelas públicas, donde adquieren la instrucción básica.

Por las adolescentes, que en su búsqueda rompen los esquemas y abren nuevos horizontes. Por las campesinas, que a pesar de su precariedad saben construir su mundo y sembrar sus alternativas. Por las obreras de rostro levantado y mirada firme que cada día se fabrican el vivir con dignidad.

Por las maestras precursoras docentes que abrieron el profesionalismo a miles de mujeres que hoy son universitarias. Por las periodistas que con su talento y creatividad informan al mundo, lo recrean y lo difunden.

Por las intelectuales y las artistas que coadyuvan al engrandecimiento de nuestra ciencia y nuestra cultura, por las que nos legaron historia, concepto y condiciones superiores, por las que en cualquier sitio están simplemente por ser mejores y por aquellas que esperan la oportunidad, y abro un paréntesis que gracias a esta reforma seguramente pronto llegará, por esas que esperan para demostrar su fortaleza.

Por las que habrán de venir mañana y se sumarán al eterno esfuerzo de antes y después de la lucha sin tregua de todas las mujeres. Sigamos abanderando los proyectos de todas aquellas mujeres que buscan nuevos retos, nuevas oportunidades y nuevos horizontes, porque sabemos que están listas para asumirlos.

Desde Encuentro Social, que por cierto tiene dos coordinadoras al frente, una en la Cámara de Diputados y otra en el Senado, nos sumamos a la construcción de un México incluyente, paritario y en igualdad. Todo esto es posible, hagámoslo nosotros. Paridad en todo, que vivan las mujeres de este país. Es cuanto, tengo que decir, diputado presidente.